En 1944, los nazis comenzaron a deportar a los judíos de Hungría a los campos de concentración. Esta sería una de las tragedias finales del Holocausto, en la que 400.000 judíos húngaros serían llevados a las cámaras de gas en unas cuantas semanas. Adicionalmente, decenas de miles de judíos murieron en marchas desde Budapest a Austria debido a falta de alimento, agua u otras provisiones, y otros fueron asesinados a tiros y tirados al Río Danubio. Durante este tiempo, Raúl Wallenberg, un diplomático sueco asentado en Budapest, remitió miles de documentos de identidad suecos para proteger a los judíos de la deportación; se le acredita haber salvado decenas de miles de vidas.