En 1798 pandillas intentaron incendiar el gueto judío de Roma, pero las lluvias apagaron el incendio. Posteriormente el día fue designado como festividad por los judíos romanos. El gueto romano había existido desde 1555, cuando el Papa segregó a los judíos en un cuarto amurallado con tres portones que se cerraban por la noche. Los judíos también estaban sujetos a varias restricciones y degradaciones, incluyendo tener que asistir a sermones católicos obligatorios en Shabat. Durante el carnaval anual de Roma, se obligaba a judíos con escasa vestimenta a correr por la calle principal, mientras los espectadores se mofaban de ellos, les arrojaban basura y les proporcionaban duros golpes (el evento a menudo probó ser fatal). Las condiciones higiénicas dentro del gueto eran terribles, y habían constantes inundaciones producto del desborde del Río Tíber. Fuera del gueto, los judíos debían usar ropa identificativa amarilla. Cuando las fuerzas de Napoleón ocuparon Roma, el gueto fue legalmente abolido en 1808, y la ciudad de Roma tiró abajo las paredes del gueto en 1888.