En 1348, en medio de la devastadora Plaga Negra que eventualmente mataría a 25 millones de europeos, un oficial del gobierno en Suiza anuncio que los judíos (bajo tortura) confesaron haber envenenado los manantiales del valle del Rin, como parte de una conspiración judía internacional. El reporte fue prontamente aceptado por los nobles que resentían a los judíos como competidores económicos y a quienes les debían por préstamos. Así comenzó un “año de terror” que atestiguó la destrucción de la mayoría de las comunidades judías en la región, y miles de judíos fueron quemados vivos.