En 1977, un grupo neonazi planeó marchar en Skokie, Illinois, en un vecindario mayormente judío que era el hogar de muchos sobrevivientes del Holocausto. Se creía que la marcha iba a ser destructiva, por lo que la ciudad se rehusó a aceptarla. La American Civil Liberties Union (Unión de Libertades Civiles Norteamericana) se unió al apoyo de los nazis, y en 1978 un tribunal superior apoyó el derecho de los nazis a realizar marchas, basándose en que la exposición pública de una bandera nazi es una libertad de expresión protegida constitucionalmente. Después de ganar la batalla en la corte, los nazis decidieron marchar en el parque Marquette de Chicago. En 1987, fue abierto un monumento del Holocausto y un museo en Skokie. En la noche de su dedicación, el monumento fue profanado con esvásticas.