En 165 AEC, los macabeos derrotaron al ejército griego y reinauguraron el Santo Templo de Jerusalem. Ellos encontraron un solo frasco de aceite puro (suficiente para un día) y encendieron la Menorá, que milagrosamente estuvo encendida por ocho días. También en este día –1100 años antes— Moisés y el pueblo judío completaron la construcción del Tabernáculo, el santuario portátil que los acompañó durante los 40 años de vagar por el desierto. Sin embargo, el Tabernáculo fue inaugurado tres meses más tarde; la tradición dice que el 25 de kislev fue, por así decir, “compensado” siglos después – cuando ocurrió el milagro de Janucá y el Templo fue reinaugurado. Hoy en día, los judíos de todo el mundo encienden la menorá de Janucá para conmemorar el milagro del aceite, y para conmemorar su mensaje que continúa iluminando nuestras vidas hasta el día de hoy.