En 1993, el Primer Ministro israelí Itzjak Rabin y el Presidente Palestino Yasser Arafat estrecharon sus manos en el césped de la Casa Blanca, señalando el comienzo de un proceso de paz conocido como el Acuerdo de Oslo. Israel accedió a transferirles autonomía a los palestinos a cambio del cese de violencia. Sin embargo, terroristas palestinos llevaron a cabo una ola de atentados en autobuses y disparos desde el costado de las rutas durante la década del 90. En julio de 2000, el Primer Ministro Ehud Barak intentó alcanzar un acuerdo final, ofreciendo a los palestinos el 93 por ciento de los territorios –que luego subió al 99 por ciento— pero Arafat se negó. Como lo explicó después el negociador norteamericano Dennis Ross: “Arafat no pudo aceptar [la oferta]… porque cuando el conflicto termine, la causa que define a Arafat también terminará”. En cambio, los palestinos lanzaron una guerra de terror, conocida como la Al-Aqsa Intifada, que se llevó la vida de más de 1.000 israelíes y 4.000 palestinos.