En 1583 un converso al judaísmo llamado Joseph Sanalbo fue quemado en la estaca en Roma. En la segunda mitad del siglo 16, los judíos fueron objeto de graves persecuciones patrocinadas por la Iglesia: los Papas Julio III y Clemente VIII condenaron al Talmud y a otros escritos hebreos como “obscenos”, “blasfemos” y “abominables” – y ordenaron que fueran todos confiscados y quemados.