En 1205, el Papa Inocente III publicó una doctrina oficial de la iglesia: “Los judíos están condenados a eterna maldición por la crucifixión de Jesús”. Este cargo de deicidio fue la base para mucho antisemitismo durante la Edad Media. No fue sino hasta 1963, con el Segundo Consejo del Vaticano, que esta doctrina fue modificada.