En 163 AEC, dos años después del milagro de Janucá, el rey sirio Antíoco V le concedió libertad religiosa y autonomía política a los judíos de Israel. Esto revirtió un decreto anterior de su padre, el rey Antíoco IV, que prohibía el estudio de Torá, la observancia de Shabat y la circuncisión. Este evento fue conmemorado por muchos años como una festividad judía.