En 1912, el RMS Titanic se hundió después de chocar contra un iceberg en el Atlántico Norte. El Titanic era el barco a vapor más grande y lujoso del mundo en ese momento, albergando a más de 2.000 pasajeros. Los organizadores se jactaban de que este era “el barco que ni Dios podría hundir”. El hundimiento redundó en la muerte de más de 1,500 personas, siendo uno de los peores desastres marítimos de tiempos de paz en la historia, y por lejos el más famoso. Aquí hay un peculiar ángulo judío: Mientras el barco comenzó a hundirse, y los pasajeros luchaban por uno de los pocos lugares en un bote salvavidas, Lea Aks llevó a su bebé Frank a la cubierta, tratando de ponerse en la fila para ser rescatada. En el caos, un hombre agarró al bebé de Lea y lo tiró por la borda a un bote salvavidas. Lea estaba histérica por haber perdido a su precioso bebé, y ella también se las ingenió para llegar hasta un bote salvavidas y fue salvada. Dos días después, vio a una mujer sosteniendo a un niño, ¡su bebé Frank! Sobrevino un argumento y la otra mujer se negó a abandonar al bebé, afirmando que era suyo. Lea dijo: “Puedo probar que es mi hijo, está circuncidado”. El bebé Frank fue debidamente reunido con su madre, y vivió hasta 1991.