En el año hebreo 2448 (1312 AEC), Moisés envió a 12 hombres –uno de cada tribu— a explorar la Tierra de Israel. Su misión parecía inofensiva: idear una estrategia para combatir a los canaanitas y asentar a 3 millones de judíos en la nueva tierra. En Israel, Dios les mostró a los espías signos alentadores de que la tierra era abundante y rica –por ejemplo, racimos de uvas tan enormes que se necesitaban ocho hombres para transportarlos (Números 13:23). Dios también se aseguró de que los espías se encontraran con las ciudades canaanitas fuertemente fortificadas –lo que en realidad era un signo de la debilidad canaanita, dado que quienes son realmente poderosos no necesitan esconderse detrás de muros. Sin embargo, después de 40 días, los espías volvieron y recomendaron no entrar a la tierra. Los judíos aceptaron el reporte, y como consecuencia Dios dijo: Porque no quieren entrar a la tierra, todos los israelitas morirán en los próximos 40 años en el desierto, y sólo sus hijos entrarán a la tierra. Los espías entregaron su informe negativo en Tishá B’Av (el 9 del mes de Av). Cientos de años después, la destrucción del Primer Templo ocurrió en Tishá B’Av, y 500 años después de eso, el Segundo Templo también fue destruido en Tishá B’Av. Hoy en día, Tishá B’Av es observado como un día nacional de duelo para el pueblo judío.