En 1942, la Reina Isabel y el Rey Fernando de España firmaron un decreto expulsando a todos los judíos que rehusaran convertirse al cristianismo. Tomás de Torquemada prestó servicio como “Gran Inquisidor”, encargado de descubrir a los que continuaban practicando el judaísmo en secreto (llamados Conversos o Marranos –“cerdos”). En la consecuente Inquisición, un estimado de 32.000 judíos fueron quemados en la hoguera en elaboradas ceremonias públicas, y otros 200.000 fueron expulsados de España. En ese momento, los judíos tenían muchos cargos prominentes en España; el Rabino Don Itzjak Abarbanel, quien ocupaba el cargo de ministro de finanzas, según se afirma le ofreció a la Reina Isabel la astronómica suma de 600.000 coronas para revocar el edicto. Abarbanel no pudo evitar la expulsión y fue exiliado junto con su pueblo.