En 1667 los judíos de Roma corrieron la humillante “Carrera de Carnaval” por última vez. Cada año, durante el carnaval anual de Roma, judíos escasamente vestidos eran forzados a correr por la calle principal, mientras los espectadores se mofaban de ellos, les arrojaban basura y les proporcionaban duros golpes (el evento a menudo probó ser fatal). Para más indignidad, los judíos eran forzados a contribuir financieramente con la operación del carnaval. Durante este tiempo, los judíos estaban confinados a vivir en el gueto romano, un cuarto amurallado con tres portones que eran cerrados por la noche. Los judíos eran objeto de otras degradaciones, incluyendo tener que asistir a sermones católicos obligatorios en Shabat. Fuera del gueto, los judíos debían utilizar ropa amarilla identificativa.