En 1556, 24 judíos fueron calcinados en una hoguera en Italia, por orden del papa Pablo IV. Estos judíos eran “conversos” – judíos portugueses que habían sido forzados a convertirse al cristianismo, pero que continuaron practicando su judaísmo en secreto. Durante las Inquisiciones diseñadas para descubrir “conversos”, se estima que 32.000 judíos fueron quemados en la hoguera.