En 1933 Adolf Hitler fue designado canciller de Alemania. Las elecciones de noviembre de 1932 vieron a los nazis emerger como el partido más grande en el Reichstag. Los principales políticos y empresarios alemanes persuadieron al Presidente Paul von Hinderburg a designar a Hitler como canciller, como manera de estabilizar el gobierno y la economía. Hinderburg accedió de mala gana. Dos meses después, los nazis aprobaron la “Ley Habilitante”, dándole a Hitler autoridad dictatorial. Luego, el gobierno de Hitler prohibió a todos los otros partidos, y en julio de 1933, fue firmado un Concordat (acuerdo) con el Vaticano. Hitler se aseguró el apoyo popular persuadiendo a los alemanes de que era su salvador de la Depresión, de los comunistas, del Tratado de Versalles, y de los judíos. Hitler utilizaría este poder para comenzar la Segunda Guerra Mundial y supervisar el asesinato de 6 millones de judíos.