En 1483, Tomás de Torquemada fue designado como “Gran Inquisidor de la Inquisición Española”. Los judíos de España habían sido forzados a convertirse al cristianismo, y la Inquisición estaba diseñada para descubrir a quienes continuaban la práctica de su judaísmo en secreto (llamados Conversos o Marranos). Aquellos que no confesaban eran quemados en la estaca, lo que confesaban eran estrangulados primero. Torquemada creía que mientras los judíos permanecieran en España, podrían influenciar a las decenas de miles de judíos que se habían convertido al cristianismo. Fue bajo su recomendación que el remanente de la comunidad judía –200.000 personas— fue expulsado de España en 1492. Un estimado de 32.000 fueron quemados en la estaca, y el nombre de Torquemada se convirtió en un símbolo de crueldad y fanatismo en nombre de la religión. La orden de expulsión no fue derogada por el gobierno de España hasta 1968.