En 346 AEC, una delegación de judíos babilonios llegó a Jerusalem para preguntarle al profeta Zacarías si el ayuno de Tishá B’Av debía ser discontinuado (Zacarías Cap. 7). Tishá B’Av es una conmemoración de la destrucción del Templo, y en ese momento, el Segundo Templo acababa de ser construido. La respuesta, como está registrado en el Talmud, es que si Israel continúa bajo control extranjero, el ayuno continúa – aún si el Templo está construido. Pero si el Templo está construido e Israel se gobierna a sí mismo, entonces el día de ayuno se convierte en un día de celebración. En este caso, dado que el Segundo Templo fue eventualmente destruido (también en Tishá B’Av, 420 años después), es conmemorado hasta el día de hoy como un día nacional de duelo para el judaísmo.