En 1881, una ola de pogromos barrió 166 ciudades del sur de Rusia, después de que los judíos fueron culpados por el asesinato del Zar Alejandro II. En esos pogromos fueron destruidas las casas de miles de judíos, y miles de judíos fueron asesinados y heridos. El nuevo Zar, Alejandro III, culpó a los judíos por las revueltas y decretó una serie de duras restricciones en contra de la comunidad judía. Con el despertar de esos pogromos unos dos millones de judíos huyeron de Rusia, muchos de ellos asentándose en Estados Unidos.