En 1958, Jerusalem inauguró un nuevo depósito de agua, asegurando así un suministro adecuado de agua para la ciudad santa por primera vez en sus 3.000 años de historia. La escasez de agua en Jerusalem fue siempre su debilidad en tiempos de asedio militar. En los tiempos del Rey David, se cavó un túnel desde la Ciudad Vieja hasta un valle vecino para canalizar el agua hacia el interior de la Ciudad Vieja. En los tiempos modernos, el problema se vio exacerbado en 1948, cuando el bloqueo árabe de Jerusalem dejó a sus residentes sin provisión de agua.