En 1938, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt inició una conferencia en Evian, Francia, en la que 32 líderes mundiales discutieron el problema de los refugiados judíos. Desafortunadamente, no sirvió de mucho, ya que una nación tras otra ofreció excusas para negarse a aceptar refugiados judíos. Jaim Weizmann fue citado diciendo: “El mundo parece estar dividido en dos partes – aquellos lugares en los que los judíos no pueden vivir, y aquellos a los que no pueden entrar”. La conferencia falló incluso en adoptar una resolución condenando el trato alemán hacia los judíos. La falta de acción animó aún más a Hitler, probándole que ningún país tenía la fortaleza moral para oponerse al asalto alemán sobre la judería europea.