En 1802, el rabino Jaím de Volozhin (una aldea de Lituania) emitió un edicto para establecer una nueva Ieshivá. La Ieshivá de Volozhin eventualmente se convirtió en el centro de la erudición en Torá en Europa, albergando a decenas de miles de estudiantes que se convirtieron en los líderes del mundo judío. La Ieshivá fue perseguida despiadadamente por el gobierno zarista, y en 1892 la cerraron. Sin embargo, en un sentido más profundo, Volozhin sobrevivió: la mayoría de los miles de estudiantes de Ieshivot de hoy en día siguen el modelo de Volozhin. El pueblo judío fue inmensamente enriquecido, porque como lo dijo Jaím Najman Bialik una vez, una Ieshivá es “la fábrica creativa del pueblo judío”.