En 1840, el presidente norteamericano Martin Van Buren protestó por la calumnia de la sangre de Damasco, en la que los judíos sirios fueron acusados de matar a dos hombres y utilizar la sangre para hacer matzá de Pesaj. El padre Tomás de Damasco (y su asistente musulmán) habían desaparecido, incitando una calumnia sobre sangre que llevó al arresto y a la tortura de 13 judíos. Siguieron más arrestos y atrocidades, culminando con el secuestro de 63 niños judíos (apremiándolos a “revelar” en donde estaba escondida la sangre), y con ataques de pandillas en las comunidades judías de todo Medio Oriente. En Inglaterra, los líderes judíos Montefiore y Rothschild buscaron la intervención del gobierno. En Estados Unidos, Van Buren les ordenó a los diplomáticos norteamericanos en Turquía y en Egipto que presentaran una queja oficial, mientras miles de judíos protestaban en seis ciudades americanas – históricamente la primera acción colectiva de judíos norteamericanos en representación de sus hermanos de ultramar. Cediendo ante la presión, los oficiales sirios accedieron a liberar a los judíos que habían sobrevivido a las numerosas rondas de tortura. La historia nunca desapareció completamente, y en 1986 el Ministro de Defensa sirio Mustafá Tlass publicó un libro La Matzá de Sión, reviviendo esta calumnia en contra de los judíos.