En 1654, Jacob Barsimson se convirtió en el primer judío en asentarse en Nueva Ámsterdam (Nueva York), y unos pocos meses después llegó un grupo de 23 judíos desde Brasil. Al principio, el gobernador Peter Stuyvesant les negó a los judíos el derecho a involucrarse en el comercio, poseer propiedades, servir en el ejército, y conducir servicios públicos religiosos. Barsimson, un judío observante, presentó una apelación a la Dutch West India Company, y tuvo éxito en conseguir derechos igualitarios para los judíos. En un incidente, Barsimson fue convocado a la corte en Shabat y se rehusó audazmente a presentarse. En una decisión histórica que extendió los límites de la libertad religiosa, la corte no lo consideró culpable. El orgullo judío de Barsimson y su espíritu pionero allanó el camino para generaciones de inmigrantes judíos.