La Dra. Adelaide Hautval era una psiquiatra que vivía en Vichy, un área controlada al sur de Francia. En abril de 1942 le informaron que había fallecido su madre, quien vivía en París, en ese momento ocupada por los nazis. Para poder asistir al funeral, ella pidió un pase para poder cruzar la línea de demarcación.

A pesar de que rechazaron su pedido, de todos modos Adelaide intentó pasar la frontera. Allí la arrestaron y la llevaron a la estación de trenes de Bourges para investigar su identificación. Mientras esperaba en la plataforma, Adelaide vio cómo los alemanes maltrataban a una familia judía. Ella les habló calmadamente en alemán y les dijo que dejaran tranquila a esa familia.

—¿No ve que sólo son judíos? —le preguntó el alemán.

—¿Y eso qué tiene que ver? Son personas como todos los demás, déjelos tranquilos —insistió Adelaide con valentía. Su respuesta la llevó a la prisión de Bourges, donde fue testigo de peores crueldades contra los judíos.

“Trajeron a nuestra celda a una mujer judía y vi que tenía una estrella amarilla cosida en su chaqueta. Para llamar la atención de la Gestapo, prendí sobre mi ropa un pedazo de papel”, explicó Adelaide. Allí decía: “Amiga de los judíos”. Siempre que podía, ella defendía con coraje a sus amigos.

Cuando la interrogaron, los alemanes le ofrecieron un trato:

—Niegue lo que dijo sobre los judíos y la liberaremos.

—¿Cómo puedo decir otra cosa? Los judíos son iguales al resto de las personas —insistió Adelaide.

—¿Los sigue defendiendo? ¡Entonces compartirá su destino! —le informaron con crueldad los alemanes. Debido a la negación de Hautval a cambiar su actitud, la Gestapo la obligó a coser sobre su abrigo una estrella de David junto con una franja de tela donde decía: “Una amiga de los judíos”.

La Dra Hautval fue enviada al campo de concentración Birkenau junto con otras prisioneras francesas. Ella era hija de un pastor, una protestante devota, y estaba con 500 mujeres judías que la llamaban “la santa”. Utilizando sus conocimientos médicos, Adelaide trató a las prisioneras judías que tenían tifus y las aisló en una parte separada del campo para evitar el contagio. Al no reportar la enfermedad de las prisioneras las salvó de ser enviadas a las cámaras de gases. Ella trató a los pacientes judíos con absoluta dedicación. Sus actos de bondad eran una rareza en medio de ese infierno terrenal.

Ella les decía: “Aquí todos estamos bajo sentencia de muerte. Debemos comportarnos como seres humanos mientras sigamos vivos”.

El Bloque 10

En abril de 1943, Adelaide fue enviada al Bloque 10 del campo principal, Auschwitz, donde realizaban experimentos sádicos que incluían la esterilización de las mujeres inyectándoles productos cáusticos. Se suponía que ella debía ayudar con los “experimentos médicos” que los médicos alemanes efectuaban sobre las prisioneras judías sin ninguna anestesia. Con enorme coraje, ella desafió a los criminales experimentadores, negándose a entrar a la sala de operaciones o de asistir a los cirujanos. Cuando la enviaron nuevamente a Birkenau, Adelaide se preguntó qué fue lo que la salvó de ser ejecutada, porque los SS eran famosos por su brutalidad.

Cuando finalmente descubrió que efectivamente habían dado una orden para ejecutarla, se sintió atormentada por la idea de que otra prisionera pudiera haberla sustituido.

De regreso en Birkenau, Adelaide continuó tratando a las pacientes enfermos de tifus, salvándolas de las cámaras de gases. Pero en noviembre de 1943, también ella se contagió de tifus. Estuvo tan enferma que durante varios meses no pudo volver a trabajar.

En agosto de 1944 la transfirieron a Ravensbrück y después la enviaron como médica al campo Watenstett, una fábrica de amuniciones.

Tras la liberación de Ravensbrück en abril de 1945, ella continuó tratando a los enfermos que estaban demasiado enfermos para ser transportados.

Adelaide fue repatriada sólo en junio de 1945, con los últimos pacientes franceses. Como ella no formó parte de ninguna red ni organización de resistencia, le costó obtener un documento como deportado de la resistencia.

Después de la guerra, pese a que su salud se había deteriorado a causa del tifus y la desnutrición, Adelaide volvió a su práctica médica en Francia. En diciembre de 1945 le otorgaron la Legión de Honor por su dedicación a sus compañeras prisioneras en la brutalidad de los campos de concentración. En 1946 escribió un breve libro llamado “Medicina y crimen contra la humanidad”, que finalmente fue publicado 44 años más tarde.

El juicio a León Uris

En mayo de 1964 el Dr. Vladislav Dering, un ginecólogo polaco que en ese momento vivía en gran Bretaña, presentó en Londres una demanda de difamación contra el novelista norteamericano León Uris. Él acusó al autor de “Éxodo” de difamación porque Uris argumentó que el médico había participado en el Bloque 10 en experimentos criminales con los prisioneros judíos.

La Dra. Adelaide Hautval fue convocada como testigo. Al subir al estrado, ella declaró: “Sí, el Dr. Dering efectuó experimentos por lo menos en 400 judíos”.

Ante las preguntas de la defensa, Adelaide explicó cómo reaccionó ella durante su encarcelamiento en el Bloque 10:

“Yo tuve que servir como asistente del Dr. Wirths, un alemán con ojos grises azulados. Él me dijo que también debería asistir al profesor Clauberg, un civil bajo y calvo, que usaba un sombrero y botas tirolesas. Yo estaba preocupada porque era algo en lo que no quería participar. Al notar mi reticencia, él me preguntó cuál era mi opinión sobre la esterilización. Era una oportunidad única. Yo pienso que una pregunta directa merece una respuesta directa. Le dije: ‘Me opongo por completo’.

“Me volvieron a preguntar: ‘¿Acaso no ve que estas personas (los judíos) son muy diferentes a usted?’. ‘No, pero eso no me impide decir que en este campo hay muchas personas diferentes a mí’”.

Después de este testimonio, uno de los jueces ingleses proclamó: “Aquí tenemos a una de las mujeres más valientes e impresionantes que alguna vez se hayan presentado ante una corte de este país, una mujer con un fuerte carácter y una personalidad extraordinaria”.

La Dra. Adelaide Hautval al ser honrada por los israelíes en Yad Vashem en 1965

En 1965, la Dra. Adelaide Hautval recibió en Yad VAshem el título de “Justos de las Naciones” y viajó a Israel para recibir su medalla. Su actitud positiva hacia el pueblo judío seguía siendo tan fuerte como siempre:

“El retorno del pueblo de Israel a su propio país es un logro que no sólo les concierne a ellos, sino a todo el mundo… Israel siempre tuvo un rol gestativo, fermentativo, debido a lo cual fue odiado o respetado. Su misión en el mundo continúa. Que Israel se mantenga fiel al mismo. Toda la historia del pueblo judío demuestra la primacía de las fuerzas espirituales. Por lo tanto, sus emprendimientos sólo pueden tener éxito”, afirmó.

En octubre de 1988, al descubrir que tenía signos de la enfermedad de Parkinson, lamentablemente la Dra. Hautval decidió poner fin a su vida. En su honor, el hospital en donde trabajaba pasó a llamarse Adelaide Hautval Villiers-le-Bel.