En 1945 en Bergen-Belsen, Amram Deutsch de 19 años arriesgó su vida cada mañana para colocarse tefilín y recitar el Shemá debajo de su barraca antes de la revisión matutina.

Como sabía que de todos modos su vida corría peligro, decidió que valía la pena arriesgarse para cumplir con esa mitzvá. “No podía creer que tenía esa oportunidad, aunque comprendía que podía llevarme a la muerte. Fuimos muy afortunados de que no nos descubrieran”.

Cómo llegó a los tefilín en un campo de concentración es parte de la sorprendente historia de sobrevivencia de Deutsch en el infierno.

Los prisioneros dormían apretujados como sardinas en literas. Para soportar el frío del invierno se amontonaban como si fueran un solo cuerpo para compartir el calor. Uno de sus compañeros de litera le susurró: “Amram, te voy a contar un secreto. Debajo de la barraca hay tefilín. Tenemos dos minutos para decir el Shemá y devolver los tefilín”.

Los kapos revisaban el equipaje y se llevaban los objetos valiosos como tefilín, libros de plegarias, oro y relojes.

Antes de la guerra, el kapo que supervisaba a los prisioneros había sido un amigo de la familia del compañero de litera de Amram. Gracias a esa conexión, su compañero tenía acceso a los tefilín.

¿Cómo había logrado el kapo tener tefilín en un campo de concentración? De acuerdo con la explicación de Deutsch, cuando llegaban los trenes cargados de judíos, los kapos podían revisar el equipaje y llevarse los objetos valiosos, tales como tefilín, libros de plegarias, oro y relojes, las cosas que ellos querían esconder. Un lugar maravilloso para ocultar objetos era el área de cuarentena, que estaba repleta de enfermedades.

El kapo, que también se colocaba los tefilín debajo de la barraca, le dijo a los jóvenes que siguieran su ejemplo para que nadie los atrapara rezando. Amram y su compañero de litera se levantaban cuando todos los demás seguían durmiendo y fingían ir al baño. “Primero salía mi compañero, yo le daba tres o cuatro minutos. Entonces cuando él regresaba yo salía para ponerme los tefilín”, cuenta Deutsch.

Amram Deutsch y su familia. Amram está abajo, en el borde derecho.

Con típica eficiencia alemana, en Bergen-Belsen todo era medido en minutos. Los prisioneros nunca se desvestían ni se quitaban los zapatos para ir a la cama. Al despertarse por la mañana tenían dos minutos para ir al baño antes de que pasaran lista y salieran a trabajar.

El campo de concentración súper poblado era una fosa de prisioneros muertos o moribundos que sufrían de hambre y enfermedades como fiebre tifoidea. “Uno tiene que entender lo que es salir literalmente del infierno para poder hablar de esto”, le dijo a AishLatino.com el sobreviviente de 93 años que ahora vive en Los Ángeles.

La ocupación alemana

Deutsch es primo de Elie Wiesel y era el séptimo de 11 hermanos de una familia religiosa en Sighet, Transilvania, en ese momento parte de Rumania. En 1939 tenía 14 años y todavía no había entendido que el mundo estaba “en llamas”. Su familia y sus vecinos vivían en relativo aislamiento, sin radio, teléfono ni electricidad.

Las casas judías fueron tapiadas, Nos llevaron al gueto.

“Hitler ocupó Transilvania al día siguiente de Pésaj, en abril de 1944. Hasta ese momento no tenía la menor idea de que estaban matando a los judíos”, afirma Deutsch. “Todos los hombres capaces de trabajar tuvieron que dejar sus hogares, sin saber por qué. Así fue como nos enteramos de que los alemanes nos habían ocupado”.

“No teníamos idea que unos pocos días más tarde toda la familia había partido al gueto. Cinco semanas más tarde nos ordenaron regresar a casa. Vimos que todas las casas judías habían sido tapiadas. Nos llevaron al gueto, donde la gente lloraba. No tenían comida, los maltrataban”.

En mayo, los alemanes evacuaron a los judíos del gueto y los transportaron en un tren en el que sólo había lugar para estar parados. Deutsch estima que había alrededor de 130 adultos y niños dentro de ese vagón de ganado sin ventanas.

La familia de Jack, el hijo de Amram

Los ancianos se desmayaban. Los bebés morían asfixiados por el olor.

Los desorientados pasajeros no tuvieron comida ni agua durante cuatro días y medio. Sólo había dos grandes baldes que servían como baño. Los ancianos se desmayaban, Los bebés morían asfixiados por el olor. El espantoso recuerdo persigue a Deutsch hasta la actualidad. “Cada vez que escucho un llanto, me retuerzo por dentro”.

La oscuridad de ese viaje, en el cual no sabían si era de día o de noche, era un presagio de lo que vendría a continuación.

Vivir en la oscuridad

El tren se detuvo en Auschwitz, donde una luz brillante cegó a los recién llegados. Nadie les había dicho adónde iban ni por qué. Vivían en la oscuridad, sin saber lo que les iba a pasar. Se preguntaron qué eran esas chimeneas que vieron. ¿Quizás fábricas? Todos los que estaban en el tren se dispersaron y desaparecieron, sin tener la oportunidad de despedirse.

Al segundo día, Deutsch y otros comenzaron a formular preguntas sobre su destino. Supo que sus padres y su hermana habían sido asesinados en la cámara de gas. Al día siguiente vio a su hermano Sruli, de 16 años, pero apenas lo reconoció porque a todos les habían cortado el cabello. Sruli desapareció dos días más tarde.

“Cada día veíamos personas muertas alrededor de las cercas. Ellas no querían seguir viviendo. Los alemanes nos dijeron que no había forma de salir de Aushwitz, salvo por las cinco chimeneas”.

Amram con sus amigos cercanos, el senador Joseph y Hadassa Lieberman

Después de nueve días de esperar saber qué estaba haciendo allí, Deutsch fue enviado al campo de trabajos forzados Buna-Monowitz, otra rama de Auschwitz. Durante seis meses trabajó como peluquero, cortando el cabello de los prisioneros para tratar de controlar el problema de los piojos en el campo. Eso le permitió obtener raciones adicionales de sopa y pan que lo ayudaron a sobrevivir.

“Yo ya había cortado el cabello cuando tenía nueve años. Mi madre me pidió que le cortara el cabello a mi hermano con unas tijeras. Así fue como me convertí en un peluquero profesional”.

Mientras tanto, las tropas rusas luchaban contra los alemanes. En enero de 1945 los alemanes evacuaron a sus prisioneros, obligándolos a caminar en la marcha de la muerte desde Buna durante tres días con una temperatura debajo de cero.

Ellos llegaron a Sachsenhausen-Oranienburg, un campo de concentración al norte de Berlín. Desde allí, los alemanes seleccionaron a los más fuertes para transportarlos durante dos días en trenes abiertos. Deutsch recuerda: “Sobrevivimos comiendo nieve”. Vestidos sólo con sus delgados uniformes, la mitad de los prisioneros se congelaron en el tren.

Decidimos acostarnos en las barracas, entre los cadáveres. Así fue como sobrevivimos.

Los prisioneros fueron enviados de regreso a Bergen-Belsen. “Cuando entramos después de dos días y medio en un tren abierto, comprendimos que allí no había una sola persona con vida. Por eso lo llamaban campo de muerte. Los sobrevivientes trabajamos levantando a la gente del piso.

“No había nadie en las torres. El campo estaba cerrado. Decidimos acostarnos en las barracas, entre los cadáveres. Así fue como sobrevivimos”.

Un cadáver vivo de 30 kilos

Los Aliados liberaron Bergen-Belsen el 12 de abril de 1945. Deutsch pesaba sólo 30 kilos y estaba semiconsciente.

Los soldados británicos lo enviaron a un hospital católico en el pueblo vecino de Celle, donde estuvo durante cuatro meses y medio. Las monjas quitaron y quemaron su ropa infestada de piojos. La suciedad se había pegado a su cuerpo y llevó varias semanas poder limpiarla, sumergiéndose en una bañadera con agua tibia.

Deutsch dice: “Durante un año no pudimos ducharnos. Cuando llovía, nos sacudíamos un poco los piojos de nuestro cuerpo. La gente no entiende lo que fue vivir durante la Segunda Guerra Mundial. Algunos no teníamos zapatos. Nos envolvíamos los pies con trapos”.

Amram en la actualidad

Lentamente Amram se fue fortaleciendo. Después de cuatro meses y medio salió del hospital sin saber adónde ir, así que regresó a Bergen-Belsen porque había descubierto que su prima lejana Lili estaba en el campo de mujeres. Allí permaneció en las barracas militares. El 1 de enero de 1946 Amram y Lili se casaron y todos los que estaban en el campo fueron sus invitados.

Su hija Mindy nació en un campo de refugiados en donde la familia permaneció hasta que emigraron a los Estados Unidos en 1949. Deutsch trabajó en varias panaderías de Nueva York y Los Ángeles y se jubiló en 1990.

Él es el gabai de la Congregación Beit Naftalí de Los Ángeles desde 1991. Cada mañana se levanta temprano para abrir la sinagoga a tiempo para el rezo.

Amram tiene dos hijos, ocho nietos y 17 bisnietos. Dos o tres veces por semana habla en el Museo de la Tolerancia. “Valoro lo que puedo hacer y agradezco la posibilidad de inspirar a mucha gente cuando oyen mi historia. Sobreviví con un poco de suerte y por no darme nunca por vencido. Dios me ayudó a ser un testigo para el mundo de lo que realmente ocurrió en la Segunda Guerra Mundial. La generación actual no lo debe olvidar”.

Cada año, Deutsch espera con ansias la celebración de Purim con los miembros de la sinagoga y sus hijos. Él traza un paralelo entre Hamán y Hitler. Ambos murieron (uno colgado y el otro por suicidio) antes de poder "borrar a los judíos de la faz de la tierra".

“Hitler no tuvo éxito. Yo viví más que él. Él ya no existe y los judíos seguimos aquí”.