Hay historias que deben relatarse. A medida que el holocausto se vuelve un hecho cada vez más lejano, hoy es más imperativo que nunca registrar la historia, asegurarnos de resguardar los testimonios de aquellos que fueron testigos presenciales de los horrores del holocausto.

Durante los últimos años hubo varios libros sobre el holocausto que se convirtieron en bestsellers. Uno de los más celebrados en el último tiempo es Bajo un cielo escarlata, de Mark Sullivan, sobre el cual se está produciendo un largometraje televisivo interpretado por el héroe del hombre araña, Tom Holland. El libro fue un éxito absoluto, llegó a la cúspide de las listas de Amazon y fue traducido a diez idiomas. En él se cuenta la historia de un héroe italiano que ayudó a judíos a salvarse del holocausto. Si bien es un libro de ficción, incorpora algunos componentes de la vida real y refleja el verdadero heroísmo de cientos de italianos que arriesgaron sus vidas para ayudar a los judíos.

Mark Sullivan oyó hablar por primera vez del hombre, cuya historia sirve como base para su héroe de ficción, en el año 2006. Alguien mencionó que en Italia había un hombre de 79 años que decía haber ayudado a rescatar judíos. Fascinado, Sullivan llamó por teléfono a ese hombre, Pino Lella, en Milán. “Entiendo que usted es un héroe anónimo”, le dijo Sullivan.

Mark Sullivan, a la izquierda, y Giuseppe “Pino” Lella

“No soy un héroe, Más bien soy un cobarde”, le respondió Lella.

Sullivan viajó a Italia para entrevistar a Lella y trabajaron juntos durante 10 años hasta completar el libro. Al principio Sullivan quería escribir sobre las hazañas de Lella en una obra que no fuera de ficción, pero no pudo hacerlo porque había muy pocos testigos que pudieran corroborar los actos de Lella y encontró pocos registros oficiales sobre los relatos. En cambio, escribió un libro ficticio que se nutre de muchas de las historias que Lella le contó. Sullivan estima que el “90%” de las aventuras de su libro son verdaderas.

El Lella de la novela de ficción trabaja para la resistencia italiana y ayuda a decenas de judíos a cruzar los Alpes para llegar a la seguridad de Suiza. También se une al ejército alemán y se convierte en chofer de un oficial nazi de alto rango, mientras actúa como espía para los partisanos. En el libro, Lella se esfuerza para esconder a refugiados judíos, entre ellos una jovencita enferma a quien rescata de un vagón de ganado que llevaba judíos a los campos de exterminio. La novela registra historias de gran heroísmo.

Increíblemente, los eventos de la vida real a menudo fueron igualmente dramáticos, porque héroes italianos de la vida real trabajaron para salvar judíos. Alrededor del 80% de la población judía de Italia sobrevivió al holocausto, en parte gracias a los esfuerzos de los partisanos italianos y simpatizantes que arriesgaron sus vidas para ayudar y esconder judíos. He aquí tres increíbles ejemplos verídicos de héroes italianos que ayudaron a salvar judíos y cuyas acciones pueden quitar brillo a cualquier relato ficticio.

Gino Bartali: renombrado atleta y héroe secreto

Gino fue el mayor atleta de Italia: ganó dos veces el Giro d’Italia, la mayor carrera ciclística de Italia, y también triunfó en el Tour de France en 1938. Pero cuando Gino Bartali, un italiano católico de la región de Toscana, regresó a su hogar del Tour de France como el mayor héroe italiano, se negó rotundamente a dedicar su victoria al líder fascista de Italia, Benito Mussolini. Mussolini poco antes había quitado la ciudadanía italiana a los judíos y les prohibía trabajar en el gobierno y en muchas otras profesiones. Bartali no estaba de acuerdo con el racismo de Mussolini, y recibió represalias por desairar a il Duce, como era conocido el líder italiano. Le negaron la posibilidad de competir y fue considerado ‘persona non grata’ por su postura antifascista.

En 1943 la Alemania nazi ocupó el norte y el centro de Italia y comenzó a acorralar a los judíos y a enviarlos a campos de concentración. El arzobispo Elia Dalla Costa, cardenal de Florencia, le envió a Bartali un mensaje ultra secreto. El arzobispo formaba parte de una red clandestina que ofrecía protección a los judíos de Italia. ¿Acaso Bartali deseaba unirse a la red, arriesgarse a ser torturado y poner en peligro su vida para ayudar a los judíos? Bartali no lo dudó, se unió a la red y comenzó a trabajar para salvar a tantos judíos como fuera posible.

La fama de Bartali como ciclista le brindaba una cubierta perfecta. Rápidamente le hicieron una bicicleta especial que tenía espacios vacíos dentro del marco y del manubrio donde podía ocultar documentos secretos. Bartali comenzó a viajar con su bicicleta especial por todo el país llevando documentos súper secretos. Cuando lo cuestionaron, explicó que “estaba entrenando”. En verdad llevaba documentos falsos que imprimía la red en su imprenta clandestina, para dar nuevas identidades a los judíos y ayudarlos a escapar de Italia. Era una tarea sumamente arriesgada: Bartali fue arrestado en Florencia e interrogado por el jefe de la policía secreta fascista. En un momento vivió oculto en el pueblo de Citta Di Castello en Umbria, porque las fuerzas nazis lo buscaban para interrogarlo sobre sus sospechosos viajes por todo el país.

Además de sus servicios de mensajería, Bartali también desafió el peligro al ocultar a su amigo judío Giacomo Goldenberg y a su familia en un departamento que le pertenecía en Florencia. “Él nos facilitó un escondite a pesar de saber que los nazis mataban a todos los que ocultaban judíos”, dijo Giorgio Goldenberg, el hijo de Giacomo. “No sólo arriesgaba su vida sino también la de toda su familia. Gino Bartali salvó mi vida y la vida de mi familia. Eso es claro, porque si no nos hubiera dado refugio, simplemente no teníamos otro lugar adonde ir”.

Bartali nunca habló sobre su heroísmo durante la guerra. Su remarcable historia sólo salió a la luz tras su fallecimiento en el año 2000. Fue reconocido por Yad Vashem como un ‘Justo de las naciones’ en el 2013.

Prof. Giovanni Borromeo: ocultar a cientos de judío a plena vista

Cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, el distinguido profesor y físico, Dr. Giovanni Borromeo, era el director del reconocido Hospital Fatebenefratelli en Roma. Él era un católico devoto, padre de niños pequeños y héroe militar de la Primera Guerra Mundial. Aunque podía perder todo por ayudar a los judíos, cuando el Dr. Vittorio Emanuele, un empleado del hospital, le dijo que estaba trabajando bajo un nombre falso y que en verdad era judío, el Dr. Borromeo le aseguró al atemorizado médico judío que su secreto estaba seguro.

El hospital Fatebenefratelli estaba del otro lado de la calle del gueto judío de Roma, en donde los nazis obligaron a vivir a los judíos de la ciudad después de invadir Italia en septiembre de 1943. En secreto, los doctores Borromeo y Sacerdoti comenzaron a transferir judíos al hospital, en especial después del 16 de octubre de 1943, cuando comenzaron los arrestos masivos de judíos. Aproximadamente dos docenas de judíos entraron al hospital y el Dr. Borromeo tenía una explicación perfecta: sufrían de una enfermedad misteriosa y sumamente contagiosa, una nueva epidemia, “la enfermedad K”.

Los síntomas de la enfermedad K eran terribles ataques de tos que parecían intensificarse cada vez que los nazis entraban al hospital a buscar judíos. Aterrorizados de llegar a infectarse, los nazis partían y dejaban en paz a los pacientes judíos que sufrían la enfermedad K. Algunos alemanes se preguntaron si la temida enfermedad de la que hablaba el Dr. Borromeo era la enfermedad de Koch o de Kreps, que son enfermedades reales. En verdad, la enfermedad K del Dr. Borromeo fue llamada así por el temido general Albert Kesserling, quien luchó contra el ejército italiano en el norte de África y supervisó la masacre de las tropas Aliadas en Italia.

El hospital Fatebenefratelli

Familias judías enteras hallaron refugio en el hospital, entre ellos la familia Tedesco, que posteriormente le contó al mundo sobre el heroísmo y la bondad del Dr. Borromeo. Claudio y Luciana Tedesco, sus padres y su abuela se refugiaron dentro de las murallas del hospital. En mayo de 1944, los alemanes allanaron el hospital. Los Tedesco recuerdan que los médicos les dijeron que debían toser con fuerza cada vez que los nazis se acercaban. Lamentablemente, los nazis arrestaron a seis judíos polacos que se escondieron en un balcón del hospital, pero el resto de los “pacientes” judíos se salvaron.

En el año 2004, Yad Vashem reconoció al Dr. Giovanni Borromeo como un ‘Justo de las naciones’ por haber salvado a decenas de judíos.

María Agnese Tribbioli: la madre superiora que salvó judíos

Cuando comenzó la guerra, María Agnese Tribbioli era la madre superiora del convento Firenze en la calle Ferragli en Florencia. Junto con una red de otros líderes católicos, en especial su amigo el cardenal Elia Della Costa, la madre María decidió actuar cuando los judíos y otros italianos comenzaron a ser deportados. Ella decidió usar su convento para albergar judíos y disidentes políticos y se conectó con otros oficiales católicos para planear e implementar una red de casas seguras en toda Italia.

La madre María Agnese sabía que sus actividades podían tener terribles consecuencias si los nazis llegaban a descubrir que en su convento ocultaban judíos. Ella nunca reveló a las otras monjas la identidad de sus huéspedes, sólo los llamaba “refugiados sin hogar” y explicó que precisaban hospitalidad y ayuda. En el convento se escondieron varias familias judías. El convento tenía un jardín de infantes al que asistían algunos de los niños judíos.

Años más tarde, Cesare-David Sacerdoti, un judío ortodoxo que se escondió en el convento con su madre y su hermano (el padre se escondió en otro lugar en la ciudad) dio testimonio respecto al coraje y la bondad de la madre superiora. Él recuerda que le acarició suavemente la cabeza cuando estaba en el jardín de infantes, lo miró con bondad y no dijo nada. Cuando las monjas se quejaron con la madre María Agnese de que Cesare-David se negaba a persignarse, ella simplemente les dijo que lo dejaran tranquilo y les explicó que eso se debía al trauma de abandonar su hogar e ir a la escuela en el convento.

El padre de Cesare-David pudo visitar el convento varias veces para saber cómo estaban su esposa y sus hijos. Por lo menos en una ocasión los nazis irrumpieron en el convento para buscar judíos, pero la madre María Agnese logró convencerlos para que se marcharan, asegurándoles que si registraban su convento profanarían su santidad.

El 27 de noviembre de 1943, los nazis entraron por la fuerza a un convento cercano y descubrieron que allí había muchas mujeres judías con sus hijos. La madre María Agnese temió que su convento fuera el próximo en ser investigado. Les ordenó a todas las monjas permanecer encerradas en sus habitaciones y coordinó con otros oficiales católicos para encontrar nuevas casas de refugio para los judíos que ayudaba.

En el año 2009, Yad Vashem reconoció a María Agnese Tribbioli como una ‘Justa de las naciones’.

Pino Lello concluye Bajo un cielo escarlata asegurando que se siente orgulloso de sus actividades durante la guerra, y declara: “Debemos tener fe en Dios… y en un futuro mejor”. La novela describe increíble valentía y ofrece un relato bastante realista del coraje italiano. Gracias al accionar real de estos y de otros cientos de héroes italianos, miles de judíos italianos sobrevivieron el Holocausto. Sus inspiradoras historias no deben caer en el olvido.