En abril de 1943, en el momento más intenso de la "Solución Final", rodeados por el sonido de tanques y disparos, los últimos judíos que quedaban en el Gueto de Varsovia se reunieron en los búnkers para vivir sus últimas horas como judíos orgullosos, leyendo la Hagadá de Pésaj. En las horas siguientes, ellos pasaron a la historia como una de las expresiones más icónicas de la historia de la resistencia.

Para el puñado de judíos que sobrevivieron a la carnicería final de los nazis en Varsovia (que en una época fue uno de los principales centros de vida judía), ese Séder quedó grabado en sus memorias más que cualquier otro, como un testamento de la poderosa convocatoria de Pésaj para conectarse con la familia, la historia, la tradición y la esperanza.

La capital judía de Europa

Durante la ocupación nazi de Varsovia, que comenzó en octubre de 1939, cada Pésaj la comunidad judía hizo todo lo que estuvo a su alcance para celebrar la festividad. Incluso después de ser obligados a entrar al gueto que representaba sólo un 2,5% de la ciudad, sometidos al hambre y las enfermedades, durante las semanas previas a Pésaj el contrabando que entraba al gueto consistía principalmente en productos no leudados. Se establecieron varias fábricas de matzá, para asegurar que la comunidad (que en el momento de mayor población llegó a casi medio millón de personas), pudiera comer el "pan de la libertad" en la noche del Séder. A pesar del hambre, el tifus y la disentería, la vida judía en el gueto continuaba.

Distribuyendo matzá en el Gueto de Varsovia.

El Pésaj de abril de 1943 sería el último para los judíos del Gueto de Varsovia, aunque para ese momento, la comunidad ya casi no era reconocible. Casi un año antes Adam Czierniakow, el director del Judenrat, el concejo judío nombrado por los nazis, se había suicidado tras enterarse de los planes de los nazis. Él dejó una nota a su esposa diciendo que “no sería el verdugo de los hijos de Israel”. Desde entonces los nazis comenzaron un aterrador programa de “liquidación”, deportando cada día entre 5.000 y 6.000 judíos al campo de exterminio de Treblinka, donde eran asesinados una hora después de su arribo.

El 18 de enero de 1943, los nazis trataron de llevarse otros 8.000 judíos, pero esta vez los miembros de la recientemente formada resistencia dispararon a los guardias de la SS y los nazis reconsideraron sus planes. Ellos reforzaron su presencia militar y postergaron la liquidación del gueto para Pésaj, que caería tres meses más tarde.

“Eso fue lo que sentimos en nuestros corazones”

El 18 de abril de 1943, cuando llegó la noticia de que los alemanes habían enviado a Varsovia un ejército dispuesto a vaciar el gueto, los miembros del movimiento de resistencia entraron en alerta. Mientras en los tejados había judíos que seguían cada movimiento del enemigo, en el gueto, los judíos estaban ocupados con la historia del Éxodo de Egipto como un símbolo de su propia lucha por dignidad, orgullo y esperanza.

Ese Pésaj, Roma Frey tenía 24 años. Roma recordó que ella y su familia se esforzaron para preparar el sótano lo mejor posible para la festividad: “Pusimos las velas sobre la mesa y un mantel blanco. La mesa la armamos con una tabla de madera apoyada sobre algunas cosas”.

Una fábrica secreta de matzá

Roma sobrevivió al Holocausto y después de la guerra vivió en Melbourne, Australia. “Nosotros reconocimos ante Dios y ante nosotros mismos que deseábamos cumplir las tradiciones. Eso fue lo que sentimos en nuestros corazones; recordamos a nuestros antepasados, los momentos difíciles, la esclavitud y nuestra esclavitud, donde apenas teníamos la esperanza de sobrevivir sólo un día o una noche más”.

La noche del Séder con Rav Meisel

Como las familias se habían visto diezmadas por las deportaciones, los judíos que quedaban se reunieron, confiando en aquellos que sabían la Hagadá de memoria para que los guiaran. Muchos fueron a la casa del venerado Rav Eliezer Itzjak Meisel, quien había dejado su hogar en Lodz junto con sus seguidores años antes de la invasión nazi. En Varsovia, Rav Meisel de inmediato se dedicó a mantener la vida religiosa en medio de las dificultades. En su sótano se reunieron muchos de los judíos activos en la resistencia para celebrar el Séder de Pésaj.

Tuvia Borzykowski tenía 29 años en ese momento. Él recordó: “Nadie durmió esa noche. La luna estaba llena y la noche estaba iluminada de forma inusual”. Junto con otros combatientes, él participó en el Séder de Rav Meisel

Tuvia Borzykowski

“En medio de la destrucción, la mesa en el medio de la habitación se veía incongruente, con vasos repletos de vino, la familia sentada alrededor y el rabino leyendo la Hagadá”. A lo largo de la noche, pese al sonido cada vez más fuerte del fuego enemigo, Tuvia y los otros combatientes se mantuvieron firmes, concentrados en el relato de la redención del pueblo judío de Egipto. Él recordó: “La lectura del rabino fue acompañada por explosiones y el resonar de las ametralladoras. Los rostros de la familia se iluminaban con la luz roja de los edificios que ardían alrededor”.

“Ahora es un buen momento para morir”, dijo Rav Meisel impulsado por sentimientos de orgullo, coraje y fe al bendecir a cada uno de los combatientes que llegaban a transmitir un informe de la situación. Rav Meisel falleció esa misma noche en las llamas del gueto. Tenía 60 años. Tuvia Borzykowski sobrevivió la guerra y ayudó a establecer el Kibutz de los combatientes del Gueto, cerca de Acco. Él es uno de los tantos combatientes que dio testimonio del Séder de Pésaj en el que participaron al comienzo de la rebelión.

“Nunca perdí un Séder”

Itzjak Milchberg nació en Varsovia y fue el líder de un grupo de jóvenes judíos que se hicieron pasar como no judíos fuera de las murallas del Gueto, vendiendo cigarrillos en el mercado negro para lograr sobrevivir. En la víspera de Pésaj de 1943 él tenía sólo 12 años, pero su sabiduría superaba con creces su edad. Itzjak vio cómo le disparaban a su padre. Su madre y sus dos hermanas habían sido deportadas y el único miembro de la familia que le quedaba era un tío llamado Fievel, que seguía en el gueto.

Itzjak Milchberg a los 13 años, un año después del levantamiento.

Cuando llegaron los rumores de que los nazis planeaban sus últimas deportaciones, él regresó al gueto para estar con su tío en Pésaj. “Nunca perdí un Séder. Estaba en mi sangre”, dijo.

Rodeado por el retumbar de los disparos, Itzjak entró al búnker de su tío, iluminado con velas, donde había unas 60 personas. “El edificio se sacudía. La gente lloraba”, contó. Su tío Feivel le dijo en idish: "Ir vet firn di Seder mit mir" – 'Tú conducirás conmigo el Séder'. Sin embargo, algunos estaban demasiado nerviosos como para pensar en el Séder. Él recuerda que había gente que lloraba: Dios nos sacó de Egipto. Nadie nos mató allí. Pero aquí nos están asesinando”.

Feivel acercó a su sobrino y le dijo al oído: “Es posible que mueras hoy, pero si mueres, morirás como un judío. Y si vivimos, ciertamente viviremos como judíos”. Y agregó: “Si vives, le contarás esto a tus hijos y a tus nietos”.

El Séder comenzó. Feivel Milchberg había logrado conseguir matzá. “No sé cómo había conseguido matzá”, dijo Itzjak. Sin embargo no había hierbas amargas. “Ya había suficiente amargura”, agregó.

Junto con su tío, Itzjak recitó la Hagadá de memoria y pronto la mayoría de los que estaban en el búnker se les unieron. “Dijimos casi todas las plegarias de memoria. El Séder duró hasta muy tarde”.

Itzjak salió del gueto en las primeras horas de la mañana a través del sistema de alcantarillas, arriesgando su vida tal como lo había hecho para llegar al gueto. Durante los días siguientes se dedicó a contrabandear armas a través de las alcantarillas para llevarlas a los combatientes judíos, hasta que lo atraparon al sexto día del levantamiento. Más tarde saltó del tren que lo llevaba hacia Treblinka y sobrevivió al Holocausto gracias a una familia católica de Varsovia. Después de la guerra se fue a Canadá, formó una familia y cumplió la promesa que le hizo a su tío de contarles a sus hijos y nietos sobre esa noche del Séder que condujo en 1943.

El levantamiento

Como prometieron los nazis, una enorme unidad de las SS entró al gueto con la intención de deportar a los judíos que quedaban. Pero se encontraron con una feroz ofensiva por parte de la resistencia judía y un aluvión de cocteles Molotov, granadas y disparos. Con renovada fuerza y orgullo, esta nueva fuerza de combate judía mató a 13 nazis, hirió a muchos más y los asustó lo suficiente como para que salieran del gueto. Ellos resistieron durante casi un mes mientras los alemanes trabajaron minuciosamente incendiando cada edificio del gueto. En la lucha y las llamas murieron 13.000 judíos y otros miles fueron arrestados y deportados hacia el oriente.

Los últimos judíos salen del gueto tras el levantamiento

El levantamiento del Gueto de Varsovia siempre será recordado como la máxima expresión de resistencia física en la Segunda Guerra Mundial, que inspiró a los movimientos clandestinos y a las unidades partisanas en toda la Europa ocupada por los nazis. Espiritualmente, el servicio del Séder que tuvo lugar esa noche debajo de las calles en llamas, puede seguir inspirando a generaciones de judíos que se niegan a darse por vencidos incluso en los momentos más difíciles.