Margit (Gitta) Mallasz nació en 1907 en Ljubljana, Yugoeslavia, lo que hoy es Slovenia, en una familia de clase alta. Su padre era un oficial en el ejército húngaro y su madre era austríaca. A los 15 años, Gitta se mudó a Budapest, donde se ocnvirtió en campeona de natación. Sus mejores amigas, Lili Straus, una profesora de deportes, y Hanna Dallos, una diseñadora gráfica, eran judías. Cuando Hanna se casó con Joseph Kreutzer, abrieron un estudio de arte gráfico y le pidieron a Gitta, que también tenía talento para el arte gráfico, que trabajara con ellos.

Gitta y su hermano en 1914

Cuando el antisemitismo se volvió más fuerte en Budapest, Gitta se convirtió en la directora oficial del estudio de Hanna y Joseph. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial la pareja se mudó a una pequeña casa en las afueras de Budapest, y fueron cuidadosos de mantener un perfil bajo. En marzo de 1944, cuando los alemanes invadieron Hungría, sus amigos cerraron el estudio y regresaron a Budapest. Dos meses más tarde, después de que se creara el gueto judío, Joseph Kreutzer fue arrestado y nunca lo volvieron a ver.

Entonces una de las amigas de Gitta le presentó al padre Pal Kilinda, un valiente sacerdote que albergaba a mujeres judías en un taller que producía uniformes militares. Cuando el padre Klinda le pidió a Gitta que se hiciera cargo del taller, ella aceptó con la condición de que sus amigas Hanna y Lili también pudieran trabajar allí.

Como el taller contribuía con el esfuerzo de guerra alemán, estaba legalmente permitido emplear a judíos con la condición de que estuvieran registrados y autorizados. El padre Klinda y Gitta desafiaron las regulaciones y dieron albergue sin autorización a muchos hijos de las trabajadoras judías.

Hanna y Joseph, Gitta y Lili

En octubre de 1944, la Cruz Flechada, una organización fascista, tomó el control del gobierno húngaro y comenzó un brutal reino de terror para los judíos de Budapest. Miles fueron torturados, abusados y asesinados en los últimos seis meses de la guerra y sus propiedades fueron rodabas o destruidas. Durante este difícil período, el diplomático sueco Raoul Wallenberg salvó a miles de judíos de Budapest usando la protección de pasaportes suecos. Otros diplomáticos extranjeros tales como Giorgio Perlasca, Carl Lutz y George Mandel-Mantello también organizaron documentos falsos y casas de seguridad en Budapest. Sin embargo, pese a estos valientes esfuerzos, sólo 200.000 judíos (alrededor del 25%) lograron sobrevivir el Holocausto.

La situación en el taller de Gitta se volvió más peligroso porque la milicia de la Cruz Flechada buscaba a los judíos por toda la ciudad. Entonces un grupo de hombres de la SS se mudó a una mansión justo al lado del taller. En noviembre de 1944 hombres de la Cruz Flechada, dirigidos por el padre Andras Kun, un virulento antisemita, irrumpieron en el taller. El malvado padre Kun quería destruir a los judíos que habían sido salvados por el padre Klinda. Argumentando que el taller no contaba con un permiso, Kun insistió que Gitta debía entregarle una lista de los nombres de las trabajadoras judías. Él la amenazó con dispararle si ella se negaba a hacerlo.

Gitta comprendió que algunas de las mujeres judías habían logrado escaparse y le proveyó a Kun una lista más pequeña de nombres. Las mujeres restantes fueron atrapadas, pero afortunadamente uno de los trabajadores notificó al padre Klinda y él logró salvarlas y llevarlas de regreso al taller.

Después de esta prueba aterradora, Gitta convenció a un soldado alemán para que le diera un documento certificando que el taller estaba bajo el auspicio legal de la SS. Ella incluso tuvo el coraje de quejarse con los hombres de la SS en la mansión vecina de que la Cruz Flechada acosaba a su taller.

A pesar de sus valientes esfuerzos, los hombres de la Cruz Flechada regresaron un mes más tarde. Gitta llamó a los hombres de la SS y comenzaron a negociar con los intrusos de la Cruz Flechada. Eso le dio a la mayoría de las mujeres suficiente tiempo para escaparse por un agujero de la pared que Gitta había arreglado antes por si llegaban a necesitarlo.

Gracias a la visión de Gitta, lograron escapar 100 mujeres y niños. Trágicamente, 16 fueron capturadas, entre ellas sus amigas Hanna y Lili, y las llevaron al campo de concentración de Ravensbruck.

Eva Langley-Danos fue la única sobreviviente de esas 16 mujeres. Al regresar de Ravensbruck, ella escribió un relato de lo que le había ocurrido. Este relato, además de los testimonios de las mujeres y de los niños que se refugiaban en el taller y lograron escaparse, permitieron posteriormente que la historia fuera verificada.

Después de la guerra, cada sacerdote recibió lo que se merecía. El padre Klinda fue honrado por Yad Vashem y Kun fue ejecutado.

Gitta permaneció en la Hungría comunista de postguerra para ayudar a sus padres que habían perdido todo y a otros miembros de su familia, a pesar de sentirse sofocada bajo la opresión soviética.

Quince años más tarde, después de que sus padres fallecieran y de que sus sobrinos llegaran a ser adultos, Gitta "eligió la libertad" y huyó al otro lado de la Cortina de Hierro, a Francia, en 1960

Entonces su vida cambió por completo. Resumió su carrera como artista gráfica y se casó por primera vez a los 53 años.

Aunque guardaba duelo por la pérdida de sus amigas cercanas, Gitta todavía tenía un bien tangible que se llevó de Budapest. Este tesoro consistía en varios cuadernos con transcripciones de las instrucciones que Hanna aseguraba que un ángel le dio a comienzos de la guerra. Después de muchos años, Gitta decidió traducir esos cuadernos espirituales del húngaro al francés y publicarlos como un libro. La respuesta del ángel se convirtió en un best séller y fue traducido a muchos idiomas. Gitta siempre rechazó la idea de que ella era la autora del libro e insistió: "Yo simplemente fui la escriba de los ángeles".

Sin embargo, para cientos de mujeres y niños judíos de Budapest, Gitta fue el ángel valiente que les salvó la vida.

Gitta pasó sus últimos años tranquilamente en la campiña francesa escribiendo sus libros y falleció el 25 de mayo de 1992 a los 85 años. En el 2011 Gitta Mallasz fue reconocida por Yad Vashem como una Justa de las Naciones