Leslie Kleinman, sobreviviente del Holocausto, llegó a las puertas de Auschwitz el día que cumplía 15 años y nunca volvió a ver a los miembros de su familia.

Leslie fue testigo de horrores indescriptibles y, desde entonces, adoptó la misión de enseñar a los jóvenes sus traumáticas experiencias con la esperanza de que la historia nunca se repita.

Leslie tenía sólo 14 años cuando lo enviaron al campo de concentración de Auschwitz.

Mientras estuvo en el campo de concentración y en las marchas de la muerte, Leslie, de origen rumano, vio a prisioneros hambrientos comiendo cadáveres humanos, vio cómo un guardia nazi le arrancó las piernas a un bebé y cómo un judío que trabajaba a su lado fue fusilado simplemente por enderezar la espalda.

Durante una entrevista con el Rabino Naftali Schiff, los ojos de Leslie se llenaron de lágrimas al recordar a su familia.

Pero a pesar del horror de Auschwitz, al intentar educar a quienes desconocen el terror de la guerra, su mensaje es de amor.

Origen humilde

Leslie nació en la aldea de Ambud, cerca de Satu Mare en el norte de Rumania, que fue invadida por soldados húngaros en 1940.

El primer día de escuela de Leslie: (atrás, de izquierda a derecha) su hermana bebé Sara, su madre Rajel y su padre Martin, (al medio) sus hermanas Greta y Linda, (al frente) Leslie, Francis y Hermann.

Leslie era el segundo de los ocho hijos de un Rabino y tuvo una infancia muy pobre.

Después de la invasión húngara, los judíos fueron forzados a vestir la Estrella de David, pero fuera de eso la vida de Leslie continuó con absoluta normalidad.

Todo esto cambió en 1944, el día después de Pésaj, cuando la policía arrestó a su padre, Martin, y lo avergonzaron cortándole su sagrada barba.

Con los ojos llenos de lágrimas, Leslie recuerda: "La policía local vino a buscar a mi padre, y lo primero que hicieron fue cortar su barba. Mi madre lloraba".

"Ella le dijo a mi padre: 'No creo que vuelva a verte'. Mi padre dijo: 'No te preocupes, Dios me va a traer de vuelta'.

Pero mi madre no lo creyó, y tenía razón. Nunca volvimos a ver a mi padre.

"Ellos le mintieron, le dijeron que lo llevarían a Rusia para cavar trincheras. Mi padre tenía sólo 33 años y pensó que, dado que podía trabajar, regresaría.

El padre de Leslie, Martin (atrás, al centro a la derecha), era un rabino. Leslie (sentado adelante, el cuarto desde la de derecha), es una de las tres personas que aparecen en esta foto y que sobrevivieron al Holocausto.

"Al menos pude despedirme, él me dio una bendición. Siempre fui grande y fuerte, y él creyó que yo sobreviviría y daría continuidad al apellido".

Leslie en ese momento tenía 14 años. "Dos semanas más tarde, la policía vino a buscarnos. Después me enteré que mi padre jamás fue a Rusia. Lo llevaron directamente a Auschwitz-Birkenau, y allí lo asesinaron".

Leslie y Miriam, su segunda esposa, con el Primer Ministro David Cameron, en el 2014.

Un largo viaje a Auschwitz

La familia de Leslie, junto a otros 18.000 judíos, fue trasladada a un gueto, donde vivieron alrededor de un mes.

Cuando llegaron los trenes de carga, el 18 de mayo, les dijeron que los llevarían a Alemania, y debieron subir amontonados a los vagones, con sólo un balde como letrina para las necesidades de 110 personas.

Leslie contó: "Recuerdo que un hombre gritó: 'Este tren no va a Alemania, va hacia el este'. Él sabía.

"Los llantos eran increíbles. Nos detuvimos al lado de una iglesia católica y se quejaron de que los judíos lloraban tan fuerte que no podían seguir su servicio.

"En unas pocas horas el balde ya estaba lleno y el hedor era insoportable. No había privacidad, ya no éramos humanos. Las mujeres y los hombres estaban juntos y se desvestían para ir al baño. Las imágenes todavía me vienen a la mente de vez en cuando".

Leslie llegó a las puertas de Auschwitz el 29 de mayo de 1944, el día que cumplía 15 años. Habían salido del gueto 11 días antes.

"Nos detuvimos durante algunos días. Estábamos hambrientos, necesitábamos salir e ir al baño, pero llegaban demasiados trenes al mismo tiempo. Era la mayor estación de trenes del mundo y aun así no era suficientemente grande. En 1944 hubo en Auschwitz un millón de judíos".

Hacia las cámaras de gas

Cuando finalmente los nazis abrieron las puertas del tren, empujaron a los prisioneros hacia el campo de concentración.

"Vi una nube de personas, una nube oscura cubría todo el lugar. Comenzamos a marchar y ellos dijeron: 'Van a tomar una ducha'. Todos se alegraron, les creyeron.

"Teníamos un olor espantoso, estábamos mugrientos. Darse una ducha era una bendición. Lo que no sabían era que en ese edificio no había agua".

El Dr. Josef Mengele es conocido como el Ángel de la Muerte, pero asombrosamente él fue quien salvó la vida de Leslie.

Leslie asegura que al hablar de sus experiencias su intención es predicar amor, no odio.

Tristemente, no puede decirse lo mismo de su familia. Excepto Greta, su hermana mayor, todos fueron asesinados ese día. Sus hermanos menores tenían sólo 2 y 4 años.

"Marchaba con mi familia. Cuando me acercaba al Dr. Mengele, a unos 4 metros de él, un judío polaco me separó y me preguntó mi edad.

"Él me dijo: 'Ahora tienes 17'. Él salvó mi vida porque yo era fornido, una persona muy sana. Ya medía casi 1,80 m. Entonces el Dr. Mengele dijo: 'Él es un buen trabajador, va a trabajar' y me salteó.

"Después de eso nunca volví a verlos (a mi familia). Estaba solo en el mundo. Nunca me despedí (de mi madre). Pero la vi algunas veces en mis sueños y allí le dije adiós".

Incluso cuando descubrió la espantosa verdad sobre las cámaras de gas, Leslie se aferró a la esperanza de volver a ver a Greta, que era dos años mayor que él.

Antes de que lo enviaran a trabajar, Leslie recibió el número 8203, que irónicamente en hebreo significa "amor" o "Dios".

"Los nazis no sabían que me dieron amor. Pero Dios lo sabía, Dios quería que yo tuviera este número".

El bebé desgarrado mortalmente

Mientras trabajaba, Leslie vio algunas de las escenas más espeluznantes. "Vi que llegó un camión repleto con 600 niños pequeños, bebés. Ellos lloraban y yo sabía que irían directamente hacia las cámaras de gas, hacia su muerte.

"Uno de los niños cayó del camión. Yo estaba a unos 25 o 30 metros de allí. El guardia detuvo el vehículo, levantó al niño y le arrancó ambas piernas. Fue lo más sangriento que he visto en mi vida.

"Yo trabajaba en las vías del tren. La temperatura era de 25 grados bajo cero, y sólo estaba vestido con un pijama, no tenía guantes y mis manos se pegaban al metal".

Fusilado mientras trabajaba

Esa está lejos de ser la única historia que quedó en su mente.

"Un día trabajaba a mi lado un hombre de Holanda. Él se paró para estirar su espalda, eso fue todo lo que hizo, y el guardia le disparó. El guardia era húngaro, por lo que yo le pregunté: '¿Por qué le disparaste?'

"Me respondió: 'Está aquí para trabajar, no para estirar la espalda'. Yo pensé que no podía decirle nada más, debía callarme porque de lo contrario me mataría.

"Tres semanas después estuve muy enfermo, creí que me estaba muriendo. Estuve en el baño durante 20 minutos. Cuando volví, el mismo guardia me gritó: 'Estuviste 20 minutos en el baño. No debes tardar tanto tiempo, ven aquí'.

"Me ordenó que me bajara el pantalón y me dio 30 latigazos. En lugar de enojarme con él, le agradecí a Dios que sólo me hubiera dado latigazos. Podría haberme matado. No estaba molesto con él, incluso después de las cosas terribles que él había hecho. Uno tiene que calmarse".

Jóvenes judíos muestran sus números de identificación tatuados. El número de Leslie era 8203, que él cree que significa 'amor'.

La Marcha de la Muerte

Después de casi ocho meses en Auschwitz, el 18 de enero de 1945, Leslie partió en una marcha de la muerte hacia Alemania, deberían caminar 800 kilómetros por el bosque.

"No nos dieron nada de comida. Nada. Nos estábamos muriendo de hambre y muchas personas, prisioneros de Auschwitz, comían cadáveres. Yo no pude hacerlo. Comía el césped y bebía la nieve. Eso me mantuvo vivo. Gracias a Dios nunca tuve ningún problema. Otras personas trataron de comer césped y murieron de diarrea".

"La temperatura era de 20 ó 25 grados bajo cero. Yo no tenía guantes ni abrigo, sólo un pijama, una manta en la mano y un par de zuecos. Cada tantos minutos le disparaban a alguien. Si no podías caminar, te disparaban. De 5.000 personas, con suerte quedaron 200".

Con los ojos llenos de lágrimas, Leslie agregó: "Dios me estaba cuidando. Nunca me di por vencido porque pensaba que era el único que quedaba de mi familia, y de ninguna manera iba a dejar que mi familia muriera en vano. Pensé que no me iban a matar, que aún me quedaba mucho por vivir".

Finalmente, los soldados norteamericanos liberaron a Leslie en abril, cuando llegaron en medio de la noche a una aldea agrícola y los nazis desaparecieron sin previo aviso.

"Miré a mi alrededor y no quedaba nadie. No sabía qué hacer, en ese momento tenía sólo 15 años. Decidí saltar a una trinchera y esperar allí a ver qué pasaba. Mientras esperaba, se me acercó un muchacho con una ametralladora. Me preguntó si era judío y me dijo: 'Shalom, yo también soy judío'.

"Ambos comenzamos a llorar. En ese momento yo pesaba menos de 20kg. Me llevó a un hospital del ejército y de allí me enviaron a un convento".

Una última tragedia

Después de recuperar sus fuerzas Leslie viajó a Praga, en donde se encontró con el primo de su padre y le preguntó si sabía algo de Greta.

Trágicamente, se enteró que Greta murió de fiebre tifoidea en una marcha de la muerte a Bergen-Belsen, dos días después de la liberación.

"Comencé a llorar por ella. No lo podía creer, tenía sólo 17 años.

"Fui liberado el 23 de abril. En el convento dijeron que ese fue 'el segundo cumpleaños de Leslie'. Me dijeron: 'Cuando te trajeron estabas medio muerto, demasiado enfermo. Te devolvimos a la vida'".


Este artículo apareció originalmente en “The Sun”. La entrevista a Leslie fue organizada por J-Roots, una organización sin fines de lucro que lleva a judíos en viajes a lugares de importancia histórica, como Auschwitz.