Albania, el único país europeo con mayoría musulmana, fue también la única nación del continente que después del Holocausto contaba con una población judía mayor que la que tenía antes.

Yad Vashem, el Museo del Holocausto de Israel, reconoció a 75 gentiles justos albanos. Si tenemos en cuenta el pequeño tamaño de Albania y la diminuta comunidad judía del país antes de la guerra (200 personas), este número es inmenso. Durante la Segunda Guerra Mundial un judío de Albania tuvo una probabilidad por lo menos diez veces mayor de ser rescatado que en centros con poblaciones judías mayores, como Lituania o Polonia. Los albanos también salvaron a cientos de refugiados judíos que llegaron al país desde Alemania, Austria, Grecia y otros lugares.

Una fuente de esta increíble valentía en Albania fue el complejo código de honor que gobierna a gran parte de la sociedad albana incluso en la actualidad. Kanún es un antiguo sistema de alianzas y venganza que llevó a espantosos y sangrientos feudos y violencia. Pero las luchas son sólo entre hombres; la costumbre albana establece que las mujeres y los niños no pueden ser lastimados. El profesor Eliézer Papo, historiador de la Universidad Ben Gurión de Israel, explica que cuando los albanos vieron que los nazis mataban a mujeres y niños se horrorizaron. "Que hombres maten a otros hombres forma parte de la vida en la tradición albana, pero atacar a las mujeres es una monstruosidad inenarrable".

29 de octubre de 1944, refugiados judíos protegidos por los albanos posan para una foto luego de la liberación del país. Foto: Refik Veseli.

Otro aspecto único de esta ley tribal albana es el código "Besa", que ordena la protección de los huéspedes. Cuando los albanos que seguían el “Besa” sintieron que los judíos eran sus huéspedes, a menudo estuvieron dispuestos a hacer cualquier cosa para protegerlos, incluso arriesgar sus vidas y las de sus familia.

Ayudar a los judíos era muy peligroso. "Los alemanes gobernaban (en Albania) y en cada árbol y en cada poste eléctrico colgaban partisanos, muchos de ellos habían sido ahorcados con el objetivo de asustar a las personas para que no ocultaran a partisanos y judíos", recuerda Arón Aladjem, quien pudo salvarse junto con su familia gracias a los albanos que arriesgaron sus vidas y abrieron sus hogares a los judíos.

En 1943 Arón Aladjem tenía 10 años. Él y sus padres, Nisim y Sara, huyeron de Bulgaria a Albania. Los atraparon cinco policías albanos que trabajaban para las fuerzas de ocupación. Pero en vez de entregar a la familia a las autoridades de la ocupación, los policías albanos llevaron a los aterrorizados judíos a albanos locales que los ocultaron.

Durante años, esta y otras historias sobre el heroísmo de los albanos permanecieron en secreto. Durante los largos años de la dictadura comunista, muchos albanos consideraron que era peligroso hablar sobre las actividades de su familia durante la guerra. En la actualidad, cada vez salen a la luz más detalles sobre albanos que rescataron a judíos.

Vesel y Fátima Veseli, junto con sus tres hijos Hamid, Refik y Xhemal, relataron su propia historia respecto a cómo ayudaron a refugiados judíos. Antes de la guerra, la familia tenía por lo menos dos empleados judíos, ambos refugiados de Yugoslavia. Iosef ben Iosef trabajaba para Hamid en su tienda de ropas y Moshé Mandil trabajaba para Refik en su estudio fotográfico. "Con la ocupación alemana en 1943, ambas familias judías se mudaron a nuestra casa en Kruje", contaron Hamid y Xhemal Veseli.

Hamid y Xhemal Veseli. Fotógrafo: Norman H. Gershman.

Los hermanos explicaron cómo tuvieron lugar los rescates. "Xhemal caminó con los padres durante día y noche, 36 horas en total, hasta la casa de nuestra familia. Los vestimos como la gente del pueblo", recuerdan los Veseli. "Dos días después transportamos a los niños hasta Kruje. Durante el día ocultábamos a los adultos en una cueva en las montañas, cerca de nuestra aldea. Los niños jugaban con otros niños en la aldea. Todo el barrio sabía que ayudábamos a los judíos. También había otras familias que hacían lo mismo. Una vez los alemanes buscaron casa por casa para encontrar un arma perdida. Nunca la encontraron y ejecutaron al soldado que la extravió". Los Veseli dieron refugio a las dos familias judías durante nueve meses, hasta el final de la guerra. Ellos permanecieron en contacto con la familia Mandil, que posteriormente se mudó a Israel.

Al igual que muchos albanos, los Veseli explican sus actos en base al fuerte código de honor de Albania, que exige ser hospitalario con los necesitados. "Los albanos abrimos cuatro veces nuestras puertas", dicen los hermanos. "Primero a los griegos, durante la hambruna de la Primera Guerra Mundial; luego a los soldados italianos que quedaron varados en nuestro país tras su rendición a los Aliados, después a los judíos durante la ocupación alemana y más recientemente a los refugiados albanos de Kosovo que huían de los serbios. Sólo los judíos manifestaron su gratitud".

Refek Veseli fue el primer albano reconocido por Yad Vashem en 1987 como un Justo de las Naciones. Uno de los niños que él salvó, Gavra Mandil, creció en Israel y en 1987 pidió personalmente al presidente autocrático de Albania de ese momento que les permitiera a los Veseli viajar a Israel para asistir a la ceremonia. Sorprendentemente, el presidente albano aceptó y Refek y su esposa obtuvieron permiso para viajar a Jerusalem. En 2004, después de que saliera a la luz más información, Yad Vashem reconoció a Hamid y Xhemal Veseli como Justos de las Naciones.

Otra familia albana que estuvo dispuesta a arriesgar su vida para salvar judíos fue la familia Hoxha, que albergó a Arón Aladjem y a sus padres después de que la policía albana los arrestara y los entregara a habitantes locales que simpatizaban con ellos en vez de entregarlos a las autoridades de la ocupación.

Nuro Hoxha era un maestro musulmán religioso. A pesar de que se acercaba una gran festividad musulmana, él cerró su pastelería en uno de los momentos más rentables del año y recibió en su hogar a los Aladjem, dejando para ellos un dormitorio. Sazan, el hijo mayor de Nuro, describió esa época: "Recuerdo esos tiempos terribles en que los nazis entraron a Vlore (su ciudad), y los judíos se ocultaron. Yo tenía diez años de edad".

Sazan Hoxha con una foto de su padre, Nuro Hoxha. Fotógrafo: Norman H. Gershman.

"Mi padre protegió a cuatro familias judías. Todos ellos eran sus amigos. Recuerdo que mi padre les dijo: 'Ahora somos una familia. No sufrirán ningún daño. Mis hijos y yo los defenderemos del peligro a costa de nuestras vidas'. Ocultamos a las familias en búnkeres subterráneos que salían de nuestra gran casa. Había tres generaciones de las familias de Ilia Sollomoni y Mojsi Negrin (dos de las familias judías que ayudaron), en total 12 personas. Hubo otros cuyos nombres no recuerdo. Mi trabajo era llevarles comida a las familias que estaban en los búnkeres y comprar lo que ellas necesitaban. Todos los habitantes de Vlore eran antifascistas y todos sabían que muchas familias ayudábamos a los judíos".

Nuro Hoxha fue reconocido como un Justo de las Naciones en 1992. Su hijo, Rexhep Hoxha, cree que es crucial que se recuerden los actos de su padre. "Mi abuelo era un clérigo musulmán. Él abandonó su casa e hizo lugar para esa familia judía. No hay mejor muestra de tolerancia". En el 2000 Rexhep tuvo su propio gesto de amistad al devolver a los descendientes de la familia Aladjem en Israel tres libros de rezos judíos que sus antepasados habían dejado en su casa.

Niños judíos refugiados celebran una fiesta de cumpleaños en Kajava, Albania, en 1943. Foto: Mosa Mandil.

La promesa de “Besa” era tan dominante en Albania que algunos judíos ni siquiera tuvieron que ocultarse, confiando en que sus vecinos albanos jamás los entregarían. Un judío albano, Rafael Jakoel, relató el momento en que los soldados alemanes entraron en Albania en 1943. Rafael y su cuñado se encontraron con el intendente de Vlora, su ciudad natal. El intendente les dijo: "Mientras estén aquí, no tienen de qué preocuparse; pero los alemanes son alemanes, por lo que es mejor que vayan a la capital".

Rafael y su cuñado viajaron a Tirana, la capital de Albania, y se encontraron con Xhafer Deva, el ministro de interior del gobierno fascista albano, que colaboraba con los nazis. El ministro Deva les mostró una lista de judíos que las autoridades alemanas habían ordenado detener. El ministro nunca entregó la lista a los alemanes.

A otros miembros de la familia Jakoel los ayudó el vice-intendente de Vlora. Los niños Jakoel jugaban con sus hijos y simulaban ser también sus hijos. Después de la guerra, al igual que muchos judíos albanos, Rafael Jakoel se mudó a Israel.

Los historiadores e investigadores continúan documentando las asombrosas historias de los musulmanes albanos que ayudaron y brindaron refugio a los judíos. En las palabras de Yad Vashem: "Los albanos se esforzaron mucho para brindar ayuda. Incluso compitieron entre ellos por el privilegio de salvar judíos. Esos actos se originaron en la compasión, la bondad y el deseo de ayudar a los necesitados, incluso a los de otra fe u origen".

Hoy crecen 75 árboles en Jerusalem; cada uno en recuerdo de un valiente héroe albano que fue denominado un Justo de las Naciones.