A finales de los años 30, un grupo de oficiales americanos de alto rango y Manuel Quezon, el presidente recién elegido de Filipinas, se reunían después de cenar para jugar al póker y beber whiskey. El grupo incluía a Dwight D. Einsenhower, entonces teniente coronel del ejército de los Estados Unidos, Paul V. McNutt, el Alto Comisionado (embajador) de los Estados Unidos en Filipinas, y Phillip, Alex, Morris and Herbert Frieder, empresarios judíos de Cincinnati que eran hermanos y tenían en Filipinas una gran empresa de producción de cigarros de bajo costo para el mercado norteamericano.

Era una época emocionante en las Filipinas. Después de convertirse en colonia estadounidense en 1898, las Filipinas se transformaron en un Commonwealth en 1935 con un plan de transición a la independencia en diez años. Manuel Quezon, nativo de Filipinas, fue elegido presidente y gobernó la nación isleña con Paul McNutt, el Alto Comisionado de los Estados Unidos en Filipinas. Los dos eran buenos amigos y sus juegos de póker eran oportunidades para discutir las noticias importantes del día.

Un tema que surgía regularmente era el antisemitismo de Alemania, las severas leyes y la retórica en contra de los judíos. Morris, Phillip, Alex y Herbert Frieder estaban particularmente preocupados. Ellos eran judíos y a medida que el destino de sus hermanos judíos en Europa se volvía más precario, ellos querían hacer algo, cualquier cosa, para ayudar.

El presidente Manuel L. Quezon (izquierda) en discusiones de alto riesgo con el diplomático estadounidense Paul V. McNutt, 1938.

Los hermanos Frieder fueron una presencia en las Filipinas durante muchos años, desde que su padre Samuel comenzó a construir una fábrica de cigarros en Manila a principios de 1920. Su compañía, Fabrica de Cigarros Helena, era capaz de producir cada año hasta 250 millones de puros “dos por un níquel”, bajo las marcas Tiona y El Toro. Los cuatro hermanos Frieder se turnaban para pasar períodos de dos años en Manila supervisando las operaciones. Cuando no estaban en las Filipinas, los cuatro hermanos y sus familias vivían cerca el uno del otro en una unida comunidad judía en Cincinnati, Ohio.

En 1937 llegó a Manila un pequeño grupo de 28 refugiados judíos alemanes. Ellos escaparon de Alemania hacia Shanghái, una ciudad a la cual era relativamente fácil que los judíos pudieran escaparan en esa época. Cuando estalló allí la batalla entre tropas chinas y japonesas, Alemania evacuó a varios de sus ciudadanos por barco a Manila. Aunque los judíos eran cada vez más odiados y perseguidos en Alemania, el barco llevó a esos judíos desesperados a la ciudad capital de Filipinas. El Embajador McNutt era un defensor apasionado de los judíos. El exgobernador de Indiana (1935-1937), se enteró del sufrimiento de los judíos alemanes a través de su amigo Jacob Weiss, un miembro del partido demócrata de Indiana. McNutt habló en contra de Hitler y apoyó la meta judía de establecer una patria judía en la tierra de Israel. Cuando los 28 refugiados judíos llegaron de Shanghái, McNutt dejó de lado los requerimientos de visa y les permitió asentarse en Filipinas.

McNutt también alentó a la diminuta comunidad judía de Manila a formar un comité para ayudar a los refugiados a establecerse. Alex y Phillip ayudaron a formar un Comité de Refugiados Judíos en Manila, liderado por Phillip. Una vez que ayudaron a los 28 judíos a asentarse en el Commonwealth, los hermanos Frieder comprendieron que tenían los recursos para ayudar a muchos más. Mientras jugaban a las cartas, plantearon la idea de traer más judíos a las Filipinas. Pronto encontraron aliados en algunas de las figuras de más alto perfil en la política de Filipinas, incluyendo al presidente Quezon y a Dwight D. Eisenhower, quien estaba en Filipinas como asistente del General Douglas MacArthur. Con sus buenas conexiones, los hermanos Frieder “estaban en una posición estratégica, por así decirlo”, recordó Frank Ephraim, uno de los refugiados judíos que los hermanos Frieder ayudaron a salvar, quien más tarde escribió sobre sus experiencias.

Séder de Pésaj en 1925, foto cortesía de la Asociación de Historia Judía Norteamericana.

En 1938, el Embajador McNutt tuvo una conversación privada con Phillip Frieder. Allí le confió que si la comunidad judía en Manila podía garantizar mantener económicamente a refugiados judíos, entonces el gobierno filipino les otorgaría visas. Phillip, sus hermanos y el resto del Comité de Refugiados se pusieron a trabajar, ideando un plan para reclutar a judíos que vinieran a las Filipinas.

Armaron una lista de 14 profesiones, incluyendo médicos, ingenieros, especialistas técnicos y rabinos. El primer grupo de judíos alemanes llegó a Filipinas en octubre de 1938. Un grupo de más de cien personas que recibieron visas y trabajos.

Para entonces, Phillip Frieder se preparaba para regresar a los Estados Unidos y Alex Frieder estaba a punto de llegar a Manila para tomar su turno administrando el negocio familiar. Alex adoptó un enfoque diferente y trabajó para encontrar trabajos y arreglar visas incluso para algunos judíos que no entraban en la lista de ocupaciones aprobadas. Un judío alemán por quien Phillip intervino personalmente fue Egon Juliusberger, quien llegó a Manila con su hijo Ernst. El llevó a su familia a visitar al Embajador McNutt, quien dio el altamente irregular paso de concederles visas. (Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y comenzaron las luchas en Filipinas, Ernst fue capturado y torturado por los japoneses, pero eventualmente se enroló y sirvió en el ejército de los Estados Unidos).

Herb Frieder (centro) con hojas de tabaco, 1940.

El presidente de Filipinas, Manuel Quezon, estaba involucrado personalmente en el trabajo de rescate. Él tramó un plan, en coordinación con el Congreso de Filipinas, para llevar a 10.000 judíos a Filipinas y asentarlos en la isla sureña de Mindanao. El presidente Quezon y sus amigos, incluyendo a los hermanos Frieder, McNutt y Eisenhower “tenían una visión común del mundo, ellos eran hombres que entendían lo que estaba ocurriendo en Europa”, explicó Russ Hodge, coproductora de un documental con Bárbara Sasser, la nieta de Alex Frieder, titulado “Rescate en Filipinas”. Ellos entendieron el destino que aguardaba a los judíos europeos. Incluso cuando Estados Unidos rechazó a los refugiados judíos e impuso un estricto sistema de cuota, los amigos que jugaban al póker en Filipinas siguieron planeando y pensando cómo salvar más vidas.

Paul McNutt trabajó para emitir visas, mientras que los hermanos Frieder reclutaban judíos de Europa y trabajaban para encontrarles trabajo cuando llegaban a Filipinas. El presidente Quezon brindó todo su apoyo, mientras que Dwight D. Eisenhower garantizó el tácito apoyo del ejército estadounidense, el cual protegía a la nación isleña.

De regreso en los Estados Unidos, Phillip Frieder siguió trabajando para salvar judíos alemanes, cooperando con el Comité jJudío Norteamericano de Distribución Conjunta para juntar más dinero para establecer a los refugiados judíos. Él y sus hermanos también negociaron con los dueños de un rancho en Filipinas para ver si podían comprar tierra en la cual asentar a los judíos. Lamentablemente, sus planes no tuvieron la oportunidad de concretarse.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial hizo que fuera virtualmente imposible para los judíos salir de Europa y viajar a Filipinas. Después del ataque de Japón a Pearl Harbor en 1941, Estados Unidos entró a la guerra. Entonces terminaron todos los planes de llevar refugiados a Filipinas. Para entonces, 1.200 judíos habían viajado desde Alemania a Filipinas y encontraron allí una relativa seguridad. Trágicamente, posteriormente las Filipinas vieron intensificarse la lucha. El país sufrió muchas pérdidas. Hubo muchos muertos, incluyendo a algunos de los judíos que habían llegado desde Alemania. La fábrica de puros de los Frieder fue destruida. Manuel Quezon falleció en 1944. Paul McNutt dejó Filipinas en 1939 para liderar la Agencia de Seguridad Federal del presidente Roosvelt. Los Frieder le ofrecieron a Dwight D. Eisenhower trabajar a tiempo completo en el reasentamiento de los refugiados judíos en las Filipinas. Él no acepto la propuesta y posteriormente se convirtió en Comandante en Jefe de las fuerzas aliadas en Europa.

Los Frieder y el presidente Quezon en la inauguración del salón Marikina (1940)

Durante años, las noticias sobre los audaces planes para salvar judíos, ideados en las sesiones nocturnas de póker en Manila, fueron desconocidas. “Ninguno de los descendientes de los rescatadores sabía al respecto”, explicó Peggy Ellis. Su abuelo y sus tíos abuelos nunca mencionaron sus actividades en la guerra, a pesar de que la familia era muy unida y pasaban mucho tiempo junta, tanto en Cincinnati y también en Deal, Nueva Jersey, en donde toda la familia Frieder pasaba junta cada verano.

Peggy habló con la hija del presidente Quezon, quien dijo que cuando ella era muy pequeña su padre pudo haber mencionado algo sobre el rescate de judíos europeos, pero ella era demasiado joven para apreciar los detalles. Al parecer, sólo Dwight Einsenhower le contó a alguien sobre el plan de rescate: su nieta Susan le contó a Peggy que a su padre, John, le habían contado la historia. “El gran misterio es por qué mi abuelo y ninguno de sus hermanos mencionaron alguna palabra al respecto”, se pregunta Peggy. Ella piensa que quizás sintieron que estaban haciendo lo que cualquier persona decente hubiera hecho: ayudar a sus hermanos judíos en un momento de necesidad. “Ellos no hacían nada buscando adulación. Creo que probablemente hicieron lo que pudieron y no sintieron que hicieron algo que otro no hubiera hecho de haber estado en la misma posición”.

Los descendientes de los hermanos Frieder supieron de su trabajo de rescate en el año 2003, cuando Frank Ephraim escribió sobre el rescate de su familia en su memoria “Escape from Manila: From Nazi Tyranny to Japanese Terror”. Su libro aportó uno de los únicos relatos de primera fuente de esa osada ruta de rescate. Intrigados, el Centro del Holocausto Nancy y David Wolf organizó un evento alrededor del libro y logró encontrar a muchos de los hijos y nietos de Manuel Quezon, de Paul McNutt, de Dwight D. Eisenhower y de los hermanos Frieder (muchos de ellos aún vivían en Cincinnati).

Barbara Sasser, la nieta de Alex Frieder, recuerda la increíble reunión. “El presidente Quezon era católico, McNutt era protestante, los Frieder eran judíos, Eisenhower fue criado como cuáquero. Personas de orígenes y religiones muy diferentes pudieron trabajar juntas para alcanzar ese logro humanitario”.

Ella también entendió que el programa de rescate filipino era prácticamente desconocido. Poco tiempo antes había salido la película “La lista de Schindler”, sobre el empresario checo que salvó a 1.200 judíos empleándolos en su fábrica como esclavos. “Me dije a mi misma: este esfuerzo salvó una cantidad de vidas similar a Schindler”, recuerda Bárbara. Ella comprendió que “la mayoría de las personas en el mundo saben sobre la lista de Schindler por la película, no por un libro”. Entonces se embarcó en un ambicioso proyecto investigando el rescate de 1.200 judíos por parte de su familia. A pesar de que no tenía experiencia cinematográfica, se interiorizó sobre la realización de documentales, contrató colaboradores y eventualmente creó el documental del 2013 “Rescate en Filipinas”. La película relató algunas de las increíbles historias de judíos que escaparon de una muerte segura gracias a este poco conocido programa de rescate.

La prima de Barbara, Peggy Ellis, señala que dar a conocer el papel que su familia y la nación de Filipinas tuvieron al salvar a varios cientos de judíos, también pudo ayudar a otras personas en la actualidad.

En noviembre del 2013, Bárbara y Peggy presentaron “Rescate en Filipinas” en la ONU en Nueva York. Esa noche, el tifón Haiyan golpeó Filipinas, causando daños catastróficos. Al día siguiente, Barbara llamó al JDC (Comité judío norteamericano de distribución conjunta) en Nueva York, tal como su tío abuelo hizo dos generaciones antes, cuando quiso ayudar a los refugiados judíos. Barbara explicó que quería organizar un fondo de ayuda para las víctimas del tifón en Filipinas. “Cinco días después, cuando mostramos “Rescue in Phillipines” en el Congreso, ya habíamos recaudado $130.000 dólares con el JDC”, cuenta Peggy orgullosa. (Ella también comenta que otras organizaciones judías de beneficencia en la región de Nueva York recaudaron más de un millón de dólares para ayudar con el trabajo de rescate después del tifón).

Descubrir el rol de su familia en salvar 1.200 refugiados judíos cambió la forma en que Barbara Sasser ve a su familia y cómo vive su propia vida, encendiendo su conexión con el judaísmo.

“El juego de Quezon” (Quezon's Game), una película dirigida por Matthew E. Rosen, cuenta esta dramática historia, educando e inspirando a una nueva generación al enseñar sobre el rescate de 1.200 judíos europeos, gracias a un grupo de compañeros de póker idealistas y los audaces planes que diseñaron en el curso de sus juegos nocturnos.

“La película captura una coyuntura histórica fascinante”, comentó el New York Times. “El verdadero desafío que enfrentó Quezon no fue sacar a los refugiados de Alemania, sino persuadir a los Estados Unidos para que les concedieran visas en Filipinas”. Finalmente, la historia de los judíos que recibieron refugio en Filipinas será más conocida y recibirá el reconocimiento que tanto merece.