Geertruida, conocida como Truus, nació en el pintoresco pueblo holandés de Alkmaar en 1896. Su familia tenía una tradición de ayudar a los demás: después de la Primera Guerra Mundial, sus padres albergaron y educaron a algunos niños austríacos que habían quedado huérfanos. Poco después de casarse con Joop Wijsmuller en 1923, Truus siguió adelante con su tradición familiar, dedicándose a trabajos de caridad. Lamentablemente, Truus y Joop nunca pudieron tener hijos. Pero Truus salvó la vida de cientos de niños judíos.

Cuando los nazis llegaron al poder en Alemania en 1933 y el antisemitismo se incrementó en toda Europa, Truus se preocupó por el odio dirigido contra los judíos. Aunque ella no era judía, estaba indignada por el intenso antisemitismo. En 1933 comenzaron a llegar a Holanda una cantidad de refugiados judíos desde la Alemania nazi, y un grupo de judíos y no judíos locales establecieron el Comite voor Joodsche Vluchtelingen (Comité para los intereses judíos) para ayudar a estos refugiados a establecerse. Truus participó en este grupo y trabajó para ayudar a los judíos alemanes a integrarse a la vida en los Países Bajos.

Ella organizó un Kindertransport, un transporte de niños para sacar de Alemania a niños judíos y llevarlos a salvo a los Países Bajos. Una vez que los niños llegaron, Truus se ocupó activamente por su bienestar, asegurándose que esos niños traumatizados tuvieran una infancia lo más normal que fuera posible.

Los niños que salvó Truus Wijsmuller, Bergen aan Zee, Holanda 1939 (Cortesía de Arthur Adler)

Entre los niños que salvó Truus se encontraban un jovencito de 12 años llamado Arthur Adler y su hermana Melly. Truus arregló que él y los otros niños judíos vivieran en diversas casas de refugio y que los niños mayores recibieran entrenamiento vocacional. Eventualmente, Truus transfirió a Arthur y a Melly a Burgerweeshuis, el orfanato municipal de Ámsterdam, donde ella había logrado albergar a muchos niños judíos. "La señora Wijsmuller venía todos los días al orfanato con un comité de mujeres judías. Sólo después supe que ella era una de las personas encargadas de orquestar nuestro rescate", contó años después Arthur.

Él también recordó que Truus arregló que los niños judíos que ella había llevado a Holanda tuvieran regularmente clases de natación. Ella incluso invitó a Arthur y a algunos otros niños a celebrar las cenas de Shabat que ella y Joop organizaban para los niños en su hogar. "Aunque ella no era judía, Wijsmuller tenía conciencia de las tradiciones judías. Ella se aseguraba que (los niños judíos que había salvado) fueran a la sinagoga y se ocupó de que mi padre tuviera su bar mitzvá cuando cumplió trece años", explicó la hija de Arthur, Sheryl Abbey, en un documental sobre la vida de Truus.

Cuando Arthur cumplió trece años en marzo de 1939, Truus arregló para que celebrara su bar mitzvá en la sinagoga española-portuguesa en Ámsterdam y le compró una Biblia hebrea para la ocasión. Posteriormente logró reservar para él y para Melly pasajes en un barco a los Estados Unidos, donde habían logrado escapar sus padres y otros de sus hermanos.

En 1938, con el antisemitismo llegando a niveles inimaginables, Truus supo que tenía que hacer algo más para ayudar a escapar a los judíos de Alemania y planeó algo sumamente audaz. Con su elevada posición social y sus conexiones, Truus obtuvo una audiencia con Adolf Eichmann, uno de los arquitectos del Holocausto nazi. Ella viajó a encontrarse con Eichmann en Viena y le pidió permiso para sacar judíos del país, particularmente niños, y llevarlos a Inglaterra. Eichmann le respondió con un desafío: él le daría permiso para sacar a 600 niños judíos si ella lograba planificar y completar todo su viaje esa misma semana. Eichmann incluso consultó si la oferta era aceptable para Hitler, quien aprobó su desafío.

Las hermanas Scheinowitz, que fueron rescatadas por Truus Wijsmuller durante el Holocausto, en una foto de 1942 (Cortesía de Pamela Sturhoofd)

Esta puede haber sido la forma sádica que encontró Eichmann de rechazar el pedido de Truus, pero ella consideró que su oferta era una grandiosa oportunidad. Truus trabajó incansablemente para planificar el éxodo de 600 niños, recolectando niños de familias judías, completando cantidades de formularios y posiblemente sobornando a los oficiales nazis. En cinco días logró sacar de Viena a 600 niños judíos y llevarlos a Inglaterra en un kindertrasport organizado de forma ultra rápida.

Truus permaneció en Viena y siguió asistiendo a los judíos de Europa central a llevar a sus hijos a salvo a Inglaterra. Judíos desesperados se ponían en contacto con Truus desde lugares tan alejados como Frankfurt, Hamburgo, Berlín, Praga, Danzig, Königsberg y Breslau, suplicándole que sacara a sus hijos de Europa. Durante varios meses, Truus logró enviar grupos de niños a un refugio seguro. Truus enviaba grupos de 150 niños judíos en trenes que se dirigían al puerto holandés de Hoek van Holland, cerca de Rotterdam, donde embarcaban rumbo a Inglaterra. Trabajando con estos grupos relativamente pequeños, Truus logró enviar a puerto seguro a unos 500 niños judíos cada semana. Ella continuó trasportando niños judíos incluso después de que comenzara la guerra el 1 de setiembre de 1939.

El último bote holandés de Truus zarpó el 14 de mayo de 1940, el día que Holanda se rindió ante los nazis. Ese día, ella evacuó a cientos de judíos que habían encontrado una relativa seguridad al ocultarse en Holanda. Truus visitó el orfanato Burgerweeshuis y les dijo a los 74 niños judíos que vivían allí que debían huir. También visitó por toda la ciudad las casas de refugio en las que había refugiados judíos. Uno por uno, ella subió a esos niños judíos aterrorizados a cinco autobuses que se dirigieron a la costa, donde había arreglado que subieran a bordo del SS Bodegraven, el último barco holandés que zarpó en tiempos de paz con destino a Gran Bretaña.

El equipo de fútbol de niños judíos salvados por Truus Wijsmuller, Bergen aan Zee, Holanda, 1939. Arthur Adler se encuentra de pie en el extremo derecho. (Cortesía de Arthur Adler)

Una de las niñas que salvó Truus fue Sophie Scheinowitz. Años más tarde, cuando tenía 87 años, la señora Scheinowitz recordó la primera vez que vio a Truus. La Sra. Scheinowitz huyó a los Países Bajos con su familia. Cuando las tropas alemanas llegaron a los Países Bajos el 3 de mayo de 1940, su madre la llevó a la estación de trenes de Ámsterdam, desesperada por enviar a su hija a salvo al otro lado del mar. "Cuando estábamos en la estación, llegó un tren con niños y una señora con un sombrero. Siempre recordé su sombrero. Ella le dijo a mi madre: 'Presta atención, mañana volveré con un transporte de niños. Tienes que estar aquí con tus hijos y yo los llevaré".

Truus podría haber huido con los niños en el SS Bodegraven, pero se quedó en Holanda para seguir ayudando a los judíos a huir. Ella transfirió su atención a los judíos de las naciones bálticas y de Polonia y los acompañó en rutas secretas a Francia. Truus guio a cientos de judíos por Europa ocupada y España, hasta el puerto francés de Marsella, donde arregló para ellos pasajes en barcos que iban a Palestina. Esto era sumamente peligroso. Para evitar ser detectada, Truus y sus compañeros de la resistencia nunca llevaban grupos de más de 35 personas. Truus también llevó alimentos, documentos falsificados y suministros médicos a los campos de internación en Gur y St. Cyprien en la zona no ocupada de Francia, donde estaban detenidos los luchadores de la resistencia francesa.

En 1941 la Cruz Roja identificó a Truus como una luchadora de la resistencia. Le prohibieron la entrada a Francia y poco después fue arrestada e interrogada por la Gestapo. Aunque la Gestapo la liberó, esa experiencia le hizo comprender que su vida corría grave peligro y dejó de acompañar a los judíos que huían. Pero Truus continuó trabajando con una iglesia holandesa enviando comida a los prisioneros en el campo de concentración holandés Westerbork, a las prisiones en Ámsterdam y a los campos de concentración Bergen Belsen y Theresienstadt.

Truus Wijsmuller, honrada en Yad Vashem, Jerusalem, 13 de abril 1967 (Yad Vashem)

El último acto de heroísmo de Truus en la época de la guerra tuvo lugar en 1944 cuando recibió una nota horrenda. La comida que ella había enviado a un grupo de 50 huérfanos judíos en Westerbork ya no hacía falta, porque esos niños iban a ser enviados a Auschwitz para asesinarlos. Truss viajó de inmediato a Westerbork, donde insistió ante los guardias nazis que en verdad los niños eran "arios" y no judíos. Su plan tuvo éxito y en vez de enviarlos a Auschwitz los enviaron a Bergen Belsen y luego a Theresienstadt, donde recibieron un trato relativamente benigno como no judíos. Todos esos 50 niños sobrevivieron y regresaron a los Países Bajos después de la guerra. Cuando llegaron al pueblo holandés de Maastricht, Truus fue la primera persona que los recibió en la estación.

Truus salvó la vida de más de 10.000 judíos durante los oscuros días del Holocausto. El 18 de octubre de 1966 fue reconocida por Yad Vashem como uno de los 'Justos de las Naciones'. Geertruida Wijsmuller falleció en Ámsterdam en 1978. Su legado nunca fue olvidado. En los días difíciles actuales, su heroísmo y determinación por hacer lo correcto deben seguir inspirándonos.