El 22 de junio de 1941 fue un día terrible en la historia judía. Las fuerzas nazis invadieron Vilna, la capital de Lituania, que durante siglos había sido uno de los centros de estudio y vida judía y contaba con famosas academias de estudios judíos y una vibrante comunidad de más de 70.000 judíos.

Los nazis arrasaron la ciudad y atraparon a tantos hombres judíos como pudieron, arrancándolos de sus hogares. Los hombres judíos fueron asesinados y arrojaron sus cuerpos a una fosa masiva en el pueblo vecino, Ponary. Eventualmente, la fosa común en Ponary contuvo los cuerpos de 100.000 judíos asesinados. “Todos los caminos llevaban a Ponary, desde Ponary no salía ninguno. Mi padre desapareció y con él desapareció toda la luz”, escribió Szmerke Kaczerginski, el gran poeta idish de Vilna, después del ataque inicial de los nazis a los judíos de Vilna.

Una familia judía se salvó de la matanza de ese día: los Levín. Jaim levín era un comerciante local que tenía un negocio de comida gourmet. Él también era un judío apasionado con una extensa red de amigos. Al comienzo, Jaim apenas podía creer que las tropas alemanas fueran a hacerle daño a él o a otros judíos. “Mi padre creía mucho en todo lo que fuera alemán”, relató posteriormente su hijo Benjamín. “Él pensó que todo se acabaría muy pronto”. Pese a su creencia respecto a que los alemanes no podían ser tan brutales como había escuchado, alguien le informó a Jaim que las fuerzas nazis iban a atacar a los judíos de Vilna.

Durante los días previos a la invasión nazi a Vilna, Shmuel huyó de Vilna con su esposa y sus dos hijos adolescentes, Shmuel de 16 años y Benjamín de14, y encontraron refugio en un pueblo cercano, Mihailishuk. Allí, la familia Levín hizo todo lo que estuvo a su alcance para ayudar a la resistencia. Jaim incluso gastó los pocos ahorros de su familia para comprar armas para las fuerzas antinazis locales.

“Los vengadores”, el grupo partisano dirigido por Aba Kovner. Benjamín Levín está arrodillado al frente (con una gorra), apuntando su arma.

Con el transcurso de los meses, Mihailishuk ya no era seguro para los judíos y la familia regresó a Vilna. Para entonces los judíos de Vilna ya estaban confinados a un apiñado gueto con terribles condiciones sanitarias. El espectro de las deportaciones nazis a los campos de exterminio amenazaba a los judíos cada día.

Periódicamente las tropas nazis atrapaban judíos y los enviaban fuera del gueto. Aunque los judíos de Vilna no sabían exactamente qué destino les esperaba, estaba claro que nunca había regresado ningún judío que hubiera sido deportado por los nazis. Los Levín y otros judíos se escondían durante esas redadas, rezando para no ser atrapados por los nazis ese día. Posteriormente, Benjamín recordó que en una de esas ocasiones estaba en un escondite con otros judíos cuando el llanto de un bebé amenazó con delatarlos a todos. Él observó horrorizado cómo el padre del bebé colocaba su abrigo sobre el rostro del bebé para atenuar sus gritos. “Creo que mataron al bebé”, dijo. “Vi muchas cosas. Vi a personas nobles convertirse en animales, y a personas muy simples volverse nobles. Mi madre me advirtió que llegarían cosas mucho peores”.

Los Levín comprendieron que no podrían sobrevivir mucho tiempo si permanecían en el gueto, por lo que en 1943 Jaim una vez más planeó un escape. Con todos sus amigos y contactos fuera del gueto, la familia Levín logró huir, aunque la mayoría de los judíos no pudieron hacerlo. Jaim alentó a sus hijos a escapar y unirse a las unidades secretas de partisanos que luchaban contra los nazis en los bosques en las afueras de Vilna. También Jaim y su esposa huyeron y buscaron refugio con simpatizantes lituanos en un área muy boscosa. Trágicamente, unas semanas más tarde sólo Benjamín, el miembro más joven de la familia, seguía con vida. Shmuel, su hermano mayor, fue asesinado por las tropas nazis casi inmediatamente después de unrise a los partisanos. Los padres de Benjamín fueron asesinados por un colaborador lituano cuando se escondían en una casa en el bosque. Benjamín estaba completamente solo.

En 1943, con sólo dieciséis años, Benjamín se veía pequeño para su edad, lo que lo volvía especialmente valioso para los partisanos que podían enviarlo en misiones para espiar a las tropas nazis. Eventualmente Benjamín luchó con un grupo compuesto de judíos locales que se habían escapado de la máquina asesina nazi. Este grupo de judíos increíblemente valientes se llamó a sí mismo “los vengadores” y lucharon ferozmente contra los nazis. Años más tarde, Benjamín describió las dificultades que este grupo de “niños judíos de la ciudad” tuvo para establecer su temible unidad de combate en el bosque. “En primer lugar, comenzamos a buscar una base. Buscamos una base en los pantanos… Era muy peligroso. Podías apoyar el pie y nunca volver a salir. Tuvimos que aprender al respecto”. Pese a las dificultades, el grupo logró crear uno de los grupos de resistencia más temidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Benjamín ayudó a “los vengadores” a sabotear equipos nazis y líneas de telégrafo, a seguir los movimientos de los soldados y a hacer todo lo posible para detener o frenar las deportaciones de judíos desde el gueto de Vilna hacia los campos de exterminio. Estallaron puentes, robaron municiones nazis y asaltaron sus suministros siempre que les resultaba posible. Era una vida agotadora y en constante peligro. Benjamín se alimentaba de hongos y bayas que encontraba en los bosques y bebía agua de estanques sucios. El temor a la muerte siempre estaba presente. Posteriormente Benjamín recordó un “huracán de balas” de los nazis que pasaron sobre su cabeza. Dijo que sólo sobrevivió por su baja estatura.

Cuando los soldados soviéticos liberaron Vilna y las áreas aledañas en el verano de 1944, “los vengadores” los ayudaron. El grupo era tan temido que setenta años después de la Segunda Guerra Mundial en Lituania todavía había pendiente una orden de arresto contra Benjamín Levín.

Después de la guerra, Benjamín fue arrestado por la policía soviética y lo enviaron a un gulag en Siberia por ayudar a los judíos que habían sobrevivido el Holocausto a emigrar a Palestina. Eventualmente lo liberaron y se fue a vivir a Israel.

En Israel, Benjamín se casó con una húngara sobreviviente del Holocausto llamada Sara, que había arriesgado su vida para salvar judíos en su nuevo hogar en la Tierra de Israel. Cuando las tropas británicas impidieron que los barcos ilegales llevaran a los refugiados judíos al territorio del Mandato de Palestina, Sara ayudó a rescatar a los judíos que saltaban al océano llevándolos hasta la costa. En Israel, Benjamín se unió al Irgún, una fuerza judía que luchaba contra el ejército británico y abogaba por la independencia israelí. Él y Sara tuvieron dos hijos.

En los años 60 dejaron Israel y se fueron a vivir a Nueva York. Benjamín había usado tantos alias y documentos falsos durante sus años de lucha que olvidó su verdadera fecha de nacimiento. En cambio, él celebraba su cumpleaños cada año en Pésaj, la festividad judía de la libertad.

Benjamín Levín falleció de coronavirus el 13 de abril del 2020, a los 93 años. Su valentía y su legado ayudando a los judíos continúa vivo e inspira a las nuevas generaciones.