Lama Al-Manar, 36, no recuerda qué puso en el pequeño bolso que cargó al subir a la ambulancia de la Media Luna Roja, además de los documentos médicos. Ella no recuerda las últimas palabras que le dijo su esposo, que viajaba con ella, antes de separarse en el cruce Erez. Ella no sabe si él los acompañó con la mirada mientras ella caminaba hacia el puesto fronterizo y pasó de la Franja de Gaza hacia Israel, donde la esperaba una ambulancia del Maguen David Adom.

Desde el momento en que ella salió esa tarde del hospital Shifa, hasta que llegó al Centro Médico Sheba en Tel Hashomer unas cinco horas más tarde, los ojos de Lama nunca se despegaron de la incubadora en la que iba su hijo, Abdula, de dos meses y medio, cuyo pequeño cuerpo necesitaba recibir oxígeno.

Ella tampoco hubiera recordado qué día era si no le hubieran explicado qué afortunada fue. Era el lunes 10 de mayo del 2021, el día en el que comenzó la Operación Guardián de las Murallas contra la infraestructura de Hamás en Gaza. La ambulancia que la llevó a ella y a su hijo a Israel fue la última que pudo pasar por el cruce Erez antes de que estuviera cerrado durante 13 días.

En su hogar la esperan tres hijos. Hace dos años, Lama dio a luz a un bebé sin vida. Cuando quedó embarazada por quinta vez, estaba ansiosa por llevar a su nuevo bebé para alegrar el hogar. Pero Abdula nació dos meses antes de tiempo con un complicado defecto cardíaco. Lama y su esposo comprendieron que deberían luchar por su vida.

"Yo estaba asustada. Su estado no era bueno. Perdió peso y su respiración y otros parámetros disminuyeron, Recé a Dios para que lo curara. Para que luchara por su pequeña vida. Un médico en el Hospital Shifa recomendó que lo enviáramos a Israel para que recibiera tratamiento. Mi esposo se conectó con la organización Shevet Ajim para que nos ayudaran a llevarlo allí", cuenta Lama.

Es la tarde del jueves, el décimo primer día de la campaña de Gaza. La radio informó que había un alerta de misiles en Ashkelón, y luego informaron que hubo un impacto directo en un edificio residencial. Llegamos a la estructura del estacionamiento adjunta a la sala de partos del Centro Médico Sheba, que está al lado del Hospital Infantil Edmond y Lily Safra. La Unidad de Terapia Intensiva Pediátrica fue trasladada allí el quinto día de los combates por temor a los impactos de los cohetes.

Bajamos un piso. Después de caminar por los pasillos grises decorados con tanques de oxígeno, encontramos un cartel colorido con el dibujo de un sol y de un cometa: Unidad de Terapia Intensiva Pediátrica Protegida". La realidad se queda afuera.

Los tres niños de Gaza sufren de complicados defectos cardíacos y los tres se encuentran en una etapa aguda.

En la estructura del estacionamiento, que la semana previa estaba repleta de automóviles, hay 40 camas pequeñas. Cada una ocupa dos lugares del estacionamiento, y en cada una hay un pequeño bebé conectado a equipamiento médico. Muy cerca hay una estación de tratamiento, una computadora y un sillón para adultos.

Las camas están separadas por cortinas floreadas que cuelgan de los caños de metal que rodean el techo del garaje. Nadie cierra las cortinas. También hay colgadas pantallas que están conectadas a los monitores y llenan el espacio con su sonido estremecedor.

En el centro de la improvisada unidad hay un carro de diálisis y otro carro con equipo para drenaje torácico. A veces se oye el llanto de un bebé. Es débil, comienza y se detiene rápidamente.

Sobre la cama número 26 el letrero dice: "Abdula Al-Manar. Fecha de nacimiento: 26 de febrero, 2021. Peso: 1,600". Lama está sentada en una silla y observa a Shani, la enfermera, sacar el pañal de Abdula, lo que deja a la vista una gran incisión que llega desde su pecho hasta su vientre. Shani cambia las vendas, le coloca crema, agrega medicina a la bolsa de líquido intravenoso conectado a su pequeña mano, y lo cubre suavemente.

En la cama vecina está Rana, de tres meses, recuperándose de su tercera cirugía cardíaca, la cual tuvo lugar dos días antes. En la cama a su izquierda está Yazen, de un mes, a quien le hicieron un cateterismo.

El Dr. Eviatar Hubara, 43, uno de los médicos de la unidad, va de cama en cama. La noche previa durmió tres horas debido al número de casos que debía atender.

De izquierda a derecha: Raida, Lama y Samira en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos del hospital infantil Safra en Tel HaHSomer. (Kfir Ziv)

"Los tres niños de Gaza sufren de complicados defectos cardíacos", explica el Dr. Hubara. "Ellos llegaron aquí muy graves, entre otras razones debido al tiempo que llevó desde el momento en que el problema fue diagnosticado en Gaza hasta que se pudo coordinar el traspaso a nuestro hospital y se recibieron todos los permisos, eso sin considerar el cambio de ambulancia en Erez y el tortuoso camino. En este momento, los tres están en una etapa aguda. Todavía no llegamos a la etapa de rehabilitación, la cual comenzará aquí y continuará en Gaza".

El Dr. Hubara se detiene al lado de la cama de Abdula y lo observa con cariño. "Abdula nació prematuramente y en Gaza lo diagnosticaron incorrectamente. Los médicos… efectuaron una cirugía equivocada cuando tenía dos meses. Una semana después de la operación comenzó a desmejorar y una semana más tarde llegó a nosotros. En las primeras horas necesitamos estabilizarlo y mantener firme su presión sanguínea con medicamentos.

"Comenzamos a buscar cuál era el problema. Hicimos una resonancia magnética y otros estudios. Antes de cada paso, le explicamos a su madre lo que íbamos a hacer. Ella confió en nosotros desde el comienzo. Después de estabilizarlo, descubrimos que el verdadero problema que padecía era una estenosis de la válvula aórtica. En Gaza intentaron cerrar el ductus, pero por error cerraron una de las arterias principales.

"En la insana realidad israelí, nosotros tenemos que protegernos de los misiles que arrojan desde Gaza junto con los bebés que llegan de allí".

"Hubo una sirena cuando me encontraba en la unidad, antes de mudarnos a la estructura del estacionamiento. Todas las madres, judías y árabes, levantaron a sus bebés (a los que no estaban conectados a máquinas), y corrieron a un espacio seguro. Yo grité: 'Tenemos tiempo, 90 segundos, vayan despacio para no caerse con los niños'. Todos nos reunimos en el espacio seguro. Miembros del equipo y pacientes, judíos y árabes, todos juntos. No puedo borrar de mi mente la estremecedora imagen de las madres corriendo con sus bebés", relata el Dr. Hubara.

Abdula, Rana y Yazen, así como otros 12 bebés israelíes, están conectados a equipamiento respiratorio y quedaron desprotegidos durante las alertas de misiles.

No todas las madres pudieron llevar a sus bebés a un espacio seguro. Abdula, Rana y Yazen, así como otros 12 bebés israelíes, están conectados a equipamiento respiratorio y quedaron desprotegidos durante las alertas de misiles. Por eso la administración del hospital decidió trasladar a todo el departamento del sexto piso al garaje subterráneo. Aquí ni siquiera se pueden oír las sirenas.

Entramos con Lama, Raida y Samira a la sala de personal. La habitación tiene un gran refrigerador repleto de helados donados a los niños y al personal que los cuida. Cada tanto, un padre o un miembro del personal entra y saca un helado.

Hace un año, cuando la pandemia de COVID asolaba al país, en la misma estructura del estacionamiento se abrió una unidad de COVID para asistir a la masa de pacientes que superaba la capacidad de los hospitales. Ese evento parece ya historia antigua, y lo único que queda son las cartas de agradecimiento pegadas en las puertas. Pareciera que este es el último lugar del país en donde la gente sigue siendo cuidadosa en el uso de las mascarillas y las usan debidamente.

Las tres mujeres de Gaza sienten vergüenza. No están acostumbradas a ser entrevistadas. Las tres visten abayas, vestidos largos que incluyen una cobertura para la cabeza, además de hijabs y mascarillas quirúrgicas. Desde que llegaron a Israel han dormido aquí, en la unidad, en los sillones reclinables al lado de las camas de sus hijos. También reciben comida. Una vez cada tanto, se permiten a sí mismas subir y ducharse. Ninguna de ellas habla otro idioma fuera de árabe, salvo unas pocas palabras en hebreo o en inglés. Moshé Ravid, 26, un estudiante de enfermería de Yafo y voluntario de la organización Shevet Ajim actúa como traductor.

Raida (Umm Ahmad), 48, es de Khan Younis. Ella es la abuela de Rana. Es ama de casa y madre de seis hijos.

"Mi nuera, la madre de Rana, vino con ella en febrero, dos semanas después de que nació. Dos semanas más tarde estaba muy cansada y no se sentía bien. Como tiene en la casa otro niño de 4 años, me llamó y me pidió que viniera en su lugar. Ella regresó a Gaza y yo vine. Ya hace tres meses que estoy aquí. Esta es la primera vez que estoy en Israel".

P: ¿Tuvo miedo?

"No, ¿por qué debía tener miedo? Mi esposo trabajó en Bat Yam durante 20 años. Cada día él viajaba de Gaza a Bat yam, hasta la retirada de Israel en el 2005. Después encontró trabajo en Gaza. Él me dijo que en Israel hay gente buena, que aquí todos te tratan bien".

Lama, 36, la madre de Abdula, viste un abaya marrón decorado con una brillante estrella plateada. Su teléfono inteligente tiene un protector rosado. Ella trabaja en un laboratorio, y su esposo es un productor en la televisión palestina en Gaza. En casa tiene otros dos hijos de 11 y 6 años, y una hija de 3 años y medio.

"Mi madre tuvo cáncer. Ella viajó a Israel para recibir tratamiento y se recuperó", dice Lama. "Ella me dijo que aquí todo estaba bien. Cuando la condición de Abdula empeoró, el médico recomendó que viniéramos a Israel. Mi esposo se conectó con Shevet Ajim. Ahora él y mi madre cuidan a los otros tres niños en casa".

P: ¿Qué cuentan a sus familias sobre lo que ocurre aquí?

Lama: "Ellos se preocupan por nosotros y nosotros nos preocupamos por ellos. Cuando llaman para saber cómo estamos, les digo: 'Al Hamdullah', para que no tengan miedo ni se preocupen. Cuando yo llamo para saber cómo están, me dicen lo mismo. Hablamos del niño, cómo come, cuanto come, cuánto duerme.

Les digo que aquí los médicos son buenos, que nos tratan bien, que responden a todas nuestras preguntas.

"Les digo que aquí los médicos son buenos, que nos tratan bien, que responden a todas nuestras preguntas. Les digo que la comida es excelente, que las mujeres tienen ropa linda, sobre sus peinados. A mí me gusta la moda en Israel, y las pechugas de pollo asadas y la ensalada que sirven en el hospital".

Raida: "El equipo médico sólo piensa en los niños: si su condición mejoró, qué comen, cómo duermen. Nosotras estamos sentadas al lado de sus camas, no sabemos qué pasará de un momento a otro, si llegarán a mejorar".

P: ¿Ellos les envían fotos de los ataques en Gaza?

"Me envían fotos de los dulces especiales del Ramadán", responde Raida con una sonrisa.

Samira, 62, es la abuela de Yazen, que tiene sólo un mes de vida. "Yo tengo nueve hijos ya grandes, y mi hijo tiene cuatro hijos además de Yazen. Su madre necesita cuidarlos, así que me pidieron que yo acompañara al bebé. En casa, cuando hablamos de Israel, sólo hablamos del tratamiento médico que queremos recibir aquí".

Moshé, el traductor, les dice en árabe que no tengan miedo, que pueden hablar libremente. Las tres responden a la vez: "No tenemos miedo. Hablamos honestamente. Todos quieren la paz. Queremos que todo esté bien".

Samira: "Inshalá, las cosas se van a calmar. Nosotras no tenemos nada que ver con la política".

P: ¿Qué hacen cuando la gente de Gaza dispara misiles a esta área?

Raida: "Lo que hace todo el mundo. Las enfermeras nos llevan a un lugar seguro. Los bebés se quedan en la unidad, conectados a los respiradores. Yo estaba preocupada por ellos, porque se quedan solos, pero todos nos calmaron y dijeron que iban a estar bien".

Lama: "Tratamos de hablar con otras personas en la zona segura, sin entendernos mutuamente. Todos quieren saber cómo está el hijo de los demás. El otro lamenta lo que le ocurre a mi hijo y yo lamento lo que le ocurre a su hijo".

P: ¿Sus familias tuvieron que salir de las casas por los ataques aéreos?

Raida: "No, todos están en sus propias casas".

P: ¿Hay algún miembro de sus familias involucrado en la lucha?

Las tres responden negativamente sacudiendo la cabeza. "En Gaza no todos se enlistan en el ejército", dice Raida. "Mi esposo trabajó en Israel. La mitad de Gaza trabajaba en Israel. Deberían haber visto a los trabajadores que venían de Gaza".

Samira: "Mi padre y mi esposo trabajaban en Israel".

P: ¿Cuándo regresan a casa?

Los ojos de Raida se llenan de lágrimas. "El pecho de Rana sigue abierto desde la última cirugía. Yo estoy aquí sentada contigo y riendo, pero mi corazón llora. Cada uno de mis pensamientos es respecto al bebé. Esa es nuestra situación".

Lama: "Hoy, el Dr. Evytar dijo que Abdula tiene una infección en el pulmón derecho, que estaba sano. Hasta ahora tenía una infección en el pulmón izquierdo. Espero que todo se solucione. Yo regresaré a Gaza cuando él esté mejor, pero no sé cuándo será".

El director del hospital, el Dr. Itai Pésaj dice que el centro trata cada año alrededor de 500 niños de Gaza y otros 2.700 niños de la Autoridad Palestina. "Son niños que tienen desde una semana de vida hasta 18 años. Algunos de los niños llegan a través de la organización Shevet Ajim, y otros a través de nuestro propio coordinador".

"Durante la última operación militar, nuestros colegas médicos en Gaza se conectaron con nosotros respecto a los niños en condición grave y luchamos para traerlos a Israel en medio de la operación. Desafortunadamente, no logramos hacerlo y eso es muy triste. Me alegra que estemos regresando a lo normal", dijo el Dr. Pésaj.

"No vemos ninguna diferencia entre un niño que viene de Gaza, de Nablus o de Tiberias. Nuestro tratamiento se enfoca a las necesidades del niño, incluyendo sus necesidades emocionales y sus tareas escolares en la escuela que funciona en el hospital. Hace un año, llegó de Gaza un niño de 9 años con cáncer. Él no sabía leer ni escribir. El mes pasado él regresó a Gaza, después de un año de hospitalización, sano y sabiendo leer y escribir en hebreo, árabe e incluso en inglés", contó el Dr. Pésaj.

P: ¿Cómo responden los pacientes durante los enfrentamientos con Gaza?

"Una familia llegó de Gaza dos días antes de que comenzara la operación y diagnosticamos a su hijo con una rara enfermedad, una enfermedad con la cual sólo hay siete niños en Israel. De causalidad, a dos habitaciones de distancia había una familia jaredí con un niño que fue diagnosticado con la misma enfermedad hace dos meses. Mientras caían los misiles, la madre jaredí insistió en encontrarse con la madre de Gaza y enseñarle todo lo que ella sabía sobre la enfermedad y cómo tratarla.

El enfermero principal de la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos, Boris Fizdel, al lado de la cama de la pequeña Rana (Kfir Ziv)

"Aquí hay un destino compartido. Ellos sienten que luchan contra algo más grande que los misiles. Para mejorar, un paciente tiene que sentirse seguro, y eso es lo que nosotros hacemos. Un hospital es un hogar para sus pacientes.

"Me alegra decir que las tensiones externas no se entremezclan en el trabajo. No hubo tensión entre el equipo y los pacientes. Antes que nada está el bienestar del paciente. Incluso en las reuniones de la administración, todos dejan de lado sus propias perspectivas políticas y logramos proveer una respuesta medica de calidad y proteger la seguridad del equipo y de los pacientes", afirma el Dr. Pésaj.

Los fondos para los tratamientos de los niños de Gaza vienen principalmente de donantes, la mayoría cristianos norteamericanos y algunos israelíes.

"Salvar la vida del niño es todo un mundo", dice Jonathan Miles, fundador de Shevet Ajim. Miles llegó a Israel desde los Estados Unidos en la década de 1990 como periodista, y comenzó a trabajar como voluntario con el grupo Amigos Cristianos de Israel.

"Nosotros recibimos a los inmigrantes rusos que llegaron a Israel. Queríamos que ellos entendieran que el pueblo judío tiene amigos en el mundo. Un día, una madre de Ucrania que tenía un hijo cuya vida corría peligro, me suplicó que la ayudara. Yo comencé a recaudar dinero para ayudarlos. Wizo ayudó mucho, así como otras personas, tanto judíos como cristianos.

"Después, oí que había bebés enfermos en Gaza, y en 1994 fundé la organización. Nosotros traemos al estado de Israel a niños de estados musulmanes para que puedan recibir tratamiento".

Amar Shami, 32, quien coordina la transferencia de niños de Gaza a Israel para Shevet Ajim, vive en Jerusalem.

"Las familias que regresan a Gaza les cuentan a otros sobre el tratamiento en Israel. Una madre le cuenta a otra. Cuando el niño tiene un problema, se comunican conmigo. A veces los médicos se comunican directamente".

P: ¿Qué pasa por su mente cuando está ocupado proveyendo tratamiento y afuera vuelan los misiles?

"Dentro del hospital, nos desconectamos. Sólo queremos ayudarlos. Cuando sales, comprendes que la realidad es diferente. Nosotros esperamos que cuando las familias regresen a Gaza, entenderán y serán nuestros emisarios, diciendo cosas buenas sobre Israel".

La noche que entró en efecto el cese al fuego entre Israel y Hamás, el corazón de Rana dejó de latir, a pesar de todos los esfuerzos de los médicos. Su abuela, Raida, salió del hospital llorando. La llevaron a un departamento de Shevet Ajim en Yafo. Cuando abrió el cruce Erez, ella regresó a Gaza con el ataúd de Rana.

Una versión más larga de este articulo apareció originalmente en "Israel HaYom".