Esta semana, antes de que el decimotercer batallón de la Brigada Golani saliera de la Franja de Gaza, el capitán David Sarel se levantó como siempre a las 4 de la mañana para otro día insanamente intenso. A las 9:30 encontraron un artefacto explosivo en las proximidades de la cerca fronteriza; a las 11 vieron una embarcación sospechosa no lejos de la costa y eso fue sólo el comienzo.

El lunes, más de cinco años después de que su hermano, el mayor Benaiá Sarel fuera asesinado en el Viernes Negro en la Operación Margen Protector, David se preparó para partir a la zona más peligrosa y volátil de Israel.

“Todavía no terminé mi cuenta con Gaza. Esta fue una misión muy difícil en todos los aspectos, tanto en términos de militares como en lo personal. Esta es la frontera más ardiente en lo que respecta a medidas de seguridad y en misiones diarias. No sé si puedo decir que con esto cerré el círculo, pero tuve el privilegio de regresar al lugar donde mataron a mi hermano. Eso me dio mucha fuerza y me recordó que no me quebré, que mi familia no se quebró. Seguimos adelante”.

¿Cómo se vive con esa realidad? ¿Acaso cada día miras hacia Gaza y dices: “Aquí es donde mataron a mi hermano”?

“No exactamente, porque la mayor parte del día no pienso sino que funciono como una máquina bien aceitada. Pero hay momentos, a la noche o a la mañana, en el centro de comando o al patrullar, cuando de repente lo extraño”.

David Sarel llevaba sólo 12 días en el ejército cuando le informaron que habían matado a su hermano. Benaiá lo había llamado esa mañana, pero David no pudo contestarle. Más tarde, fue él quien abrió la puerta al delegado del ejército que llevó la noticia que cambiaría su vida.

El mayor Benaiá Sarel, quien cayó en la Franja de Gaza el 1 de agosto del 2014

“En retrospectiva, es fácil pensar qué hubiera hecho diferente, pero eso ocurre con cada decisión que uno toma”, afirma David.

“No lamento el camino que seguí, pero sí el hecho de haber reprimido tanto tiempo lo que estaba experimentando. Pasé algo muy difícil y elegí retornar a mi rutina demasiado rápido y seguir adelante de la forma habitual. En dos semanas ya había regresado a mi entrenamiento básico con la brigada Golani, sin ningún favoritismo. Como todos los demás. En el momento eso me ayudó mucho a mantenerme centrado, pero ahora, al mirar hacia atrás, comprendo que en el presente enfrento muchas cosas que debería haber trabajado en ese momento, y ahora las heridas son más profundas”.

Durante los últimos cinco años, David pasó un gran proceso. Terminó exitosamente su entrenamiento como oficial, sirvió como comandante de la escuela de comando Golani, y luego como comandante de reconocimiento de la compañía. Durante los últimos meses, estuvo a cargo de los soldados de combate cerca de Zikim, al norte de la franja de Gaza, a unos pocos kilómetros de Ashkelón. El lunes, él y sus soldados partieron para un entrenamiento especial y luego están destinados a otra zona muy tensa, el Monte Dov, en el norte.

David tiene muchos elogios para su tropa: “Hay valientes que protegen al pueblo de Israel”, dice con orgullo.

“Estos son soldados que sacrifican sus vidas por el pueblo, personas muy especiales con un sentido muy fuerte de misión y devoción, que enfrentan esta realidad con una fuerte base de valores y espíritu de combate. Es sorprendente observar a mi compañía y comprender que todos tienen un objetivo común: proteger al pueblo de Israel”.

Sarel posa para una foto con algunos de sus soldados: “Son hombres valientes que protegen al pueblo de Israel”

El padre de David sólo lo visitó una vez en la frontera de Gaza.

“Mi padre estuvo aquí. Pero vi que le resultó muy difícil”, afirma David.

¿Cómo respondieron tus padres cuando les dijiste que ibas a Gaza?

“Mis padres son héroes y partidarios de dejar de lado sus sentimientos personales y hacer lo que se debe hacer. Yo siento que lo que elegí hacer les resulta difícil en general, por el precio que ya han pagado. Ellos lo sienten cada día. Pero al mismo tiempo, estoy seguro que eso también les da mucha fuerza”.

Que vivas hasta los 120 años, pero si yo estuviera en el lugar de tu familia, automáticamente pensaría en la familia de Miriam Peretz, que perdió a dos hijos en la batalla. ¿Acaso eso no da susto?

“No. Yo creo que cada persona tiene un rol en el mundo. Da susto manejar, salir a la calle o incluso sólo estar en el país… Además, puedo decir que si alguna vez me piden entrar en una situación en la que tuviera que sacrificar mi vida, lo haría”.

¿Sientes que tu historia hizo que tu servicio fuera diferente? ¿Un poco más significativo?

“No pienso que yo sea diferente a otras personas y el hecho de que mi hermano fuera asesinado no vuelve mi sangre más azul ni me da ningún privilegio. Hay muchas personas que entienden la importancia y el valor de la devoción, y todos los que sirven bajo mi mando o a mi alrededor son así. De hecho, no todos han pagado un precio tan alto. Yo estoy motivado tanto por valores como por ideología, que es la razón principal por la que estoy aquí. Pero no se trata sólo de valores. Uno tiene que ser bueno en lo que hace. Yo no estoy aquí con una postura de ‘pobrecito’ o de constante sufrimiento. Lo hago por amor, no por un deseo de venganza o porque alguien me obligue. La venganza es un instinto muy animal, y no es lo que me motiva. Yo haré todo lo que esté a mi alcance para defender a Israel”.

David dice que él deseó servir en Gaza: “Necesitaba darle un cierre”. Él es muy honesto y no oculta a veces le resultó difícil que su hermano haya sido asesinado a unos pocos kilómetros del lugar en donde él sirvió.

“La pérdida es muy dolorosa. Por un lado se abre un agujero, pero por otro lado, con el tiempo en ese agujero crecen pequeños brotes que suavizan la pérdida, como si curaran la herida. Admito que en cierta medida estoy en un estado de negación respecto a lo que ocurrió, porque si me focalizara en eso, no sería capaz de hacer lo que hago. Por eso canalizo el dolor, la angustia, la pérdida en acción”.

¿Alguna vez te quiebras?

“Sí, varias veces al día, pero son pequeñas caídas y sé que cada una de ellas también trae una elevación espiritual. Todo el tiempo me recuerdo a mí mismo por qué eso es importante. Cuando miro a mi derecha y a mi izquierda y veo soldados y comandantes; cuando miro hacia atrás y veo al pueblo de Israel apoyándonos, cuando observo a mi familia y a mi esposa, mi hogar y este país, entonces ya no tengo más preguntas”.

David es muy franco sobre sus sentimientos y no oculta nada. Ni siquiera lo que es difícil escuchar. Él considera que eso es seguir adelante con el legado y los valores de Benaiá.

“Él fue una leyenda en su vida y en su muerte, y a cualquier lado que voy y digo mi apellido, siempre alguien me dice dónde lo conoció cuando estaba vivo. Eso entibia el corazón y su recuerdo me guía a un lugar de acción.

“Si puedo llegar a una o dos personas, darles algo y provocar que hagan algo significativo, de la forma en que lo hacía Benaiá, entonces habré hecho lo que tenía que hacer, incluso si eso exige mucho esfuerzo y fuerza espiritual".


Este artículo apareció originalmente en Israel Hayom