Imagina llegar a rezar al Muro Occidental y descubrir que le pintaron un grafiti con aerosol rojo.

Esto fue lo que ocurrió el Shabat pasado. Vándalos escribieron con aerosol sobre las antiguas piedras de lo que se conoce como el Kótel HaKatán (el Muro Pequeño), una versión menos conocida del icónico Muro Occidental. El grafiti en árabe decía: “Muerte a los judíos”.

Dos mujeres adolescentes musulmanas fueron arrestadas en conexión con este ataque de odio.

Esta no es la primera vez que ocurre semejante abominación. En el año 2004, los residentes del barrio judío llegaron a rezar y se horrorizaron al encontrar excrementos al lado del Kótel y un grafiti rojo sobre el Kótel HaKatán que decía en árabe “Allahu Akbar” (Alá es grande).

Los 57 metros del Muro Occidental que la gente ve son sólo una pequeña parte del muro occidental de contención que construyó Herodes alrededor del Monte del Templo. De hecho, el Muro Occidental mide 488 metros de largo. Hay unos pocos metros más que son visibles en el Jardín Arqueológico Ofel, a la derecha de la plaza. El resto del muro que sigue hacia el lado izquierdo de la plaza en su gran mayoría está oculto bajo los edificios del barrio musulmán. Para ver esta parte del muro es necesario hacer el recorrido de los Túneles del Muro Occidental. Hay otra pequeña sección del Muro que es visible. Esta se encuentra en una callejuela, en lo más profundo del barrio musulmán.

El Kótel HaKatán se encuentra aproximadamente a 200 metros al sur de la plaza del Muro Occidental y al lado de la Puerta de Hierro (Shaar HaBarzel) y es el segundo lugar más cercano al Kódesh HaKodashim, fuera del Monte del Templo. El lugar más cercano se encuentra dentro de los túneles del Muro Occidental. El Kótel HaKatán tiene 20 metros de largo y 4 metros de ancho. Hay lugar para aproximadamente 50 personas.

A través del tiempo, incluso después de la Guerra de los Seis Días, los musulmanes arrojaron basura y desperdicios a la plaza del Kótel HaKatán. La zona no cuenta con letreros que señalen cómo llegar, a pesar de que su santidad no es menor que la del famoso Muro Occidental.

El Kótel HaKatán recibió atención pública en 1972 cuando el trabajo en el túnel del Muro Occidental comprometió gravemente la seguridad estructural de una de las casas árabes cerca de la Puerta de Hierro, que es una de las entradas al Monte del Templo. Un ingeniero civil, bajo las directivas del intendente de la ciudad, intentó salvar al edificio. Los obreros perforaron cuatro agujeros en el muro adyacente (el Kótel HaKatán) para proveer barras de apoyo para la casa. El inocente error provocó un gran escándalo. El Gran Rabino de ese momento, Rav Itzjak Nisim, organizó en protesta un servicio de plegarias en el sitio. El Rabino del Muro Occidental, Rav Iehudá Getz, recolectó fragmentos de la piedra y los guardó para protegerlos. El ingeniero se vio obligado a construir un soporte que no se apoyara sobre el Kótel HaKatán.

A través de los años también hubo incidentes entre quienes van a rezar y los musulmanes que residen en el patio. Pero finalmente se preservó el orden y los judíos van de visita y a rezar durante todo el año, en especial en Shabat y en las festividades.

Debido a la naturaleza sensible del lugar, la policía no permite ningún tipo de cambios físicos en la zona, tales como colocar bancos fijos, bibliotecas, etc. En consecuencia, la gente debe cargar el equipamiento para cada servicio de plegarias y cuando terminan deben llevarse todo nuevamente. Esto forma parte del status quo del lugar. A pesar de los repetidos intentos de varios grupos, el gobierno no declaró al sitio un “lugar sagrado”, y por eso está bajo la supervisión de la policía y no del Rabino del Kótel.

En una ocasión, la policía preservó el status quo al evitar que los fieles judíos instalaran un lavabo para el lavado ritual de las manos. Hace muchos años, el Wakf (la asociación religiosa musulmana) sospechó que los fieles judíos planeaban entrar al Monte del Templo a través del Kótel HaKatán. La policía tuvo que separar a los dos grupos enfrentados.

Hace algunos años escuché hablar de este lugar especial, y finalmente un día alguien me llevó allí. Fue increíble ver una parte del Muro Occidental que la mayoría de la gente ni siquiera sabe que existe. Mi esposo estuvo allí por primera vez en 1975. Él me dijo: “Me molestó que no podíamos rezar en voz alta y que no había ninguna silla”.

Aliza Hochstead visitó el lugar muchas veces. En una ocasión ella llevó al sitio a su padre que no es religioso. Aliza me dijo que algo se estremeció en el alma de su padre cuando estuvo allí. “En ese lugar se encendió una chispa. Allí hay algo que le habló a una persona completamente laica”. Su padre falleció en el 2002 y ella decidió efectuar un servicio en su recuerdo en el Kotel HaKatán.

La próxima vez que vengas a Jerusalem, no dejes de visitar el Kótel HaKatán.