Hay muchos tipos de vacaciones familiares, como por ejemplo en la playa, un crucero o acampar en las montañas. Mi familia ya había tomado todas esas opciones anteriormente, pero en esta ocasión, habíamos decidido hacer algo distinto. Eso fue porque el año 2011 no había sido un año normal para nosotros; en enero, mi madre había fallecido súbitamente, dejándonos sorprendidos y enojados. ¿Por qué Dios se llevaría a mi madre? ¿Por qué no nos daría ninguna advertencia? ¿Qué prueba hay de que Él realmente nos cuida y de que hay una razón para Sus acciones?

Esas son algunas de las muchas preguntas que teníamos, pero no obtuvimos suficientes respuestas de nuestros rabinos locales. Durante todo el año, mi familia hizo muchas acciones en el nombre de mi madre. Dijimos kadish todos los días, hicimos donaciones a varias organizaciones en Israel y en nuestra nativa Sudáfrica, e incluso organizamos varios eventos comunitarios judíos. Esas son sólo algunas de las cosas que hicimos en su memoria, como una manera de elevar su alma.

A menos que obtuviéramos respuestas, nunca podríamos estar en paz con la muerte de mi madre.

Sin embargo, nunca estuvimos completamente convencidos de que lo que estábamos haciendo realmente beneficiaría a mi madre - lo único que realmente lograba era consolarnos ligeramente. Mi familia siempre había sido una familia judía tradicionalista, pero no religiosa. Asistimos a la escuela judía; cuando éramos niños mi madre acostumbraba llevarnos a la cama, darnos un beso de buenas noches y recitar el Shemá para nosotros. Teníamos una cena de Shabat todos los viernes a la noche, durante el Seder de Pesaj 30 personas se reunían en nuestra mesa, y para cortar el ayuno de Iom Kipur recibíamos al menos 50 personas.

Pero cuando mi mamá falleció de forma tan súbita, nos surgieron muchas preguntas sobre nuestra fe. Decidimos como familia que a menos que obtuviéramos respuestas, nunca podríamos estar en paz con la muerte de mi madre. Y que incluso podríamos terminar distanciándonos del judaísmo.

Nos sentamos juntos – mi padre, mi hermano, mi hermana y yo - y decidimos que el mejor lugar para conseguir respuestas a nuestras preguntas era Israel. Nos comprometimos a pasar dos semanas juntos en Jerusalem, investigando los fundamentos de la creencia judía. Nuestro objetivo era obtener claridad – volver ya sea como creyentes o como no creyentes, pero dejar de vivir en la duda.

Entonces hicimos una breve lista de las preguntas claves que queríamos responder:

  • ¿Hay un Dios?
  • ¿Tiene la Torá un origen Divino?
  • Si las dos respuestas anteriores son ciertas, ¿está Dios involucrado en nuestras vidas?
  • ¿Por qué se llevó a mi madre?
  • ¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena?
  • ¿Está el alma de mi madre en paz?

Buscando un lugar para sumergirnos en estas preguntas, hablamos con muchas instituciones educacionales en Jerusalem y nos dimos cuenta que, sorprendentemente, ninguna podía satisfacer las necesidades de nuestra familia.

Fue ahí cuando alguien me sugirió que contactase a Aish Jerusalem. Yo no sabía que Aish tenía centros educacionales; había visto el sitio online algunas veces cuando vivía en Londres, pero pensé que eso era todo lo que era Aish – un sitio web.

Sumergiéndonos en Jerusalem

Desde el momento en que contacté a Aish Jerusalem explicando la razón y los objetivos de nuestro viaje, fueron tan serviciales y pertinentes como se puede ser. Aish hizo un programa de dos semanas a medida para nosotros – estudiando desde las 10 a.m. hasta las 4 p.m., de lunes a jueves. Unas pocas semanas antes de llegar, recibimos un bosquejo de nuestra agenda de estudios que nos envió Michael Mann, del Centro Ejecutivo de Estudios de Aish (ELC). Michael es un verdadero caballero, y un genio organizador que resultó ser esencial para nuestro viaje.

Pasamos nuestro tiempo estudiando en una habitación con vista directa hacia el Muro Occidental.

Llegar al Aish Center es una experiencia increíble en sí misma, porque el edificio es moderno y está hermosamente renovado, por no mencionar que está ubicado directamente frente al Muro Occidental. Pasamos la mayoría de nuestro tiempo estudiando en una sala de conferencias del ELC que tiene ventanas con vista al Muro Occidental. Durante los recreos íbamos a la terraza que tiene una espectacular vista panorámica del Monte del Templo. El edificio de siete pisos tiene uno al nivel de la explanada del Muro, con acceso directo a la misma. Increíble.

Aish demostró ser el lugar perfecto para profundizar en nuestro entendimiento de Dios y del judaísmo. Las sesiones no eran forzosas o basadas en dogmas. Los desafiamos en todo momento, haciendo una pregunta tras otra. Comenzábamos la mañana con Rav Neckameyer tratando temas de Dios y ciencia, luego con el proceso metódico de Rav Resnick revelando las 7 Maravillas de la Historia Judía, seguido por Rav Jaim Yagoda, quien nos explicaba meticulosamente los detalles de El Camino de Dios.

Llegamos a apreciar la interacción del cuerpo y el alma, el significado de la vida después de la muerte, y el destino singular del pueblo judío.

Los rabinos fueron todos excelentes y muy pacientes, pero lo que más nos afectó fue el interés genuino que tenían por nosotros y por nuestra situación. Querían asegurarse de que obtuviéramos las respuestas correctas - no buscaban adoctrinarnos, sino darnos la información para procesar en nuestros propios términos.

Todos los días fuimos al Muro Occidental para decir kadish por mi madre, y allí fue donde terminamos los 11 meses de decir kadish. Muchos rabinos de Aish se nos unieron y fue muy significativo para quienes entendieron la importancia de nuestra misión.

Ni en mis más altas expectativas hubiese podido prever el calibre de los rabinos que nos enseñaron y el servicio que recibimos. Cuando llegamos, yo era un judío tradicionalista porque había nacido así. Cuando dejé Jerusalem, era un creyente. Aish respondió mis preguntas y reencendió mi creencia en Dios.

Aish me ofreció una visión del mundo que me cambió la vida. Siendo una persona racional y lógica, cuando considero toda la evidencia no puedo negar que Dios existe y que le dio la Torá al pueblo judío. Nunca hubiese dicho esto antes de ir a Aish. No estoy listo para cambiar mi vida y hacerme religioso; ese nunca fue mi objetivo. Pero continuaré aprendiendo Torá, y el tiempo dirá hacia dónde me conduce eso.

Nunca podré pagarle a Aish por todo lo que hicieron por mi familia y por mí. Sigo extrañando a mi madre todos los días, y me duele muchísimo que no esté aquí físicamente. Pero creo que Dios tiene Sus razones. Y me reconforta saber que mi madre, Brenda Okun (Bella Jaia bat Ierajmiel) está en paz, cerca de Dios.