Cuando iba caminando con mi hija Talia rumbo a su entrevista previa a primer grado, le sostuve la mano de manera protectora, muy consciente y un poco sorprendida por la profundidad de mis emociones. Cruzar el umbral entre jardín y primer grado, de niño pequeño a niño grande, es un paso sumamente importante en la vida de todo niño y de toda madre. Yo quería que Talia supiera lo orgullosa que yo estaba de haberla conducido hasta la puerta de su nueva escuela primaria, hacia oportunidades y posibilidades infinitas, hacia la plataforma de lanzamiento tanto de su imaginación como de su contagiosa excitación por el estudio.

Es muy fácil sentir nostalgia en momentos como este. ¿No fue ayer que Talia llegó a nuestras vidas, un dulce paquete rosado en un mar de azul profundo, la primera hija en nuestra familia? ¿Cómo fue que el tiempo pasó tan rápido?

Fuimos de la mano hasta la oficina de la directora. La pequeña área de espera estaba llena con otros futuros alumnos de primer grado y sus respectivos padres. Sondeé la escena, ansiosa por saber más sobre la experiencia de primer grado que esperaba a Talia. Una sonriente pareja israelí salió de su reunión y su hija iba detrás de ellos. Una mamá inglesa se sentó en uno de los sofás, al lado de una pareja de Sudáfrica y sus hijas.

Esos cinco pares de padres, que representaban cinco países y culturas diferentes, se sentaron juntos.

Después de unos pocos minutos, una joven madre etíope que llevaba un cochecito se unió a la multitud junto con su hija, quien se paró a su lado. Talia y yo, una madre norteamericana con su hija norteamericana-israelí, también nos sentamos allí. Me maravillé ante la variedad; parecía la ONU. Estos cinco pares de padres, que representaban cinco países y culturas diferentes, seguramente habían ido a primer grado en cuatro continentes distintos. Pero hoy estábamos sentados juntos en aquel lugar, preparando a nuestras hijas para entrar a primer grado en la misma escuela.

En otra época y lugar esta escena hubiera sido imposible. En las colinas ondulantes que rodean el área de Beit Shémesh, esta síntesis es casi normal, una destacable demostración del poder del presente. Veinte años atrás las colinas que forman esta parte de la ciudad eran un árido conjunto de arbustos, maleza y espinas. Pero con el tiempo surgieron vecindarios que le dieron vida a esas colinas, anunciando la llegada de miles de familias desde literalmente los cuatro rincones de la tierra. Las palabras del profeta se hacen realidad frente a nuestros propios ojos.

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La llegada de Talia a primer grado simboliza algo mucho más monumental que los primeros pasos de una niña en etapa de crecimiento. Más allá de la historia personal de cada niña y su familia, está la historia colectiva de la tenacidad y el triunfo de una nación. Desde nuestros puntos de origen, cada uno de nosotros emprendió su singular y difícil viaje para llegar a Israel. Aquí nos mezclamos y construimos juntos. Aquí incluso nuestras actividades mundanas cobran una importancia mayor al materializar una visión que data de miles de años atrás.

Las emociones personales de una madre y sus esperanzas y sueños para su hija pasan a segundo plano frente al cautivante relato de una nación que, con la ayuda de Dios, ha surgido en contra de todos los pronósticos, estableciéndose y floreciendo en nuestra tierra.

A pesar de que ellas aún no lo saben, Talia y sus compañeras de primer grado han recibido una misión única. A diferencia de los alumnos de primer grado de otras partes del mundo, quienes pueden simplemente enfocarse en matemáticas y lengua, en historias inspiradoras y en proyectos de jésed, estas niñas de primer grado se enfrentan a algo mucho más grande y poderoso. Deben tener un rol activo en la creación y el desarrollo del dinámico futuro del pueblo judío en la tierra de Israel.

Si Dios quiere, ellas cosecharán a lo largo del camino las herramientas necesarias para poder generar un cambio. Pero sobre todo, ellas ya se encuentran equipadas con el conocimiento de que surgen de algo único, de un lugar muy lejano a su hogar actual, desde donde sus padres tomaron la colosal decisión de dejar a sus familias y comunidades para embarcarse hacia lo desconocido, para materializar con orgullo un sueño de toda la vida. Saber esto, con su mezcla de orgullo y pasión, les servirá de brújula para su singular realidad. Aquí y ahora hay algo que se está construyendo que es más grande que la suma de sus partes individuales.

La responsabilidad es abrumadora, pero la oportunidad es sumamente atractiva.