Esta semana Israel está de duelo por dos de sus inocentes jóvenes que fueron apuñalados hasta la muerte por terroristas en dos incidentes separados que ocurrieron el día lunes.

Dahlia Lemkus, una terapeuta infantil de 26 años, fue asesinada mientras esperaba su autobús en Gush Etzion. Ese mismo día hubo otro ataque terrorista en la estación de trenes de Tel Aviv, en el cual fue asesinado Almog Shiloni, de 20 años. Mientras eran enterrados el día martes, uno podía palpar el dolor que había a lo largo de todo Israel. Los asesinatos vinieron luego de una seguidilla de ataques similares que han ocurrido en Jerusalem, en los cuales terroristas solitarios han atacados a los transeúntes con automóviles, cuchillos y pistolas.

A pesar de que la mayoría de la violencia de los últimos diez años se había visto limitada a las áreas que rodeaban Gaza o al norte durante lo que fue la guerra del 2006 con Hezbolá, estos ataques me recuerdan los días de la Intifada, el 'levantamiento' árabe, durante los cuales los israelíes vivían con un constante miedo de que hubiera algún ataque terrorista en los buses, centros comerciales u otros lugares que frecuentaban diariamente. Representantes del gobierno han afirmado que el alza de los ataques terroristas no indica un levantamiento popular, pero de todas formas no hay duda que los israelíes de Jerusalem viven con mayor intranquilidad que antes.

El público israelí conoció rápidamente a las dos víctimas y a sus familias. Dahlia era conocida por hornear deliciosas tortas para fiestas y por ayudar a novias con el maquillaje el día de sus bodas. El padre de Dahlia maneja en calidad de voluntario la ambulancia de Tekoa, el pueblo donde habitan, y Dahlia se encargaba de cuidar a cualquier niño cuando sus padres tenían que ir rápidamente al hospital.

“Dahlia hacía mucha caridad. Mucha. Hizo maravillosas pinturas con óleo y acrílico”, le contó Liora Bedein, una amiga cercana de Dahlia, a AishLatino.com. “Era una hermosa persona. Todo quien la conocía sabe que a ella le encantaba entregar y hacer el bien. Era alguien muy especial”.

La madre de uno de los pacientes de Dahlia reforzó esta idea. “Era una joven realmente maravillosa. Ayudó a los niños a progresar mucho”, le dijo Avital Trebelsky a AishLatino.com. “Amaba a los niños como si fueran suyos”. Cada semana Dahlia hacía un viaje de 2 horas desde Tekoa hasta Sderot para trabajar con la hija de Avital, una niña de 4 años con necesidades especiales.

Almog Shiloni era uno de dos gemelos. Llevaba 2 años y medio de noviazgo y según su hermano tenía planes de casarse. Estaba hablando por teléfono con su novia cuando fue apuñalado por un árabe.

La naturaleza compacta de Israel hace que muchos se sientan identificados con las víctimas. Muchos israelíes recuerdan haber estado parados en esa estación de tren vistiendo su uniforme militar, tal como lo hizo Almog. Esas experiencias compartidas hacen que Almog y Dahlia sean más que una mera estadística. La nación judía está de duelo junto con las familias. Por cada asesinado hay un efecto de onda que hiere a todo quien esté asociado con la víctima o con el ataque.

Las estadísticas, como suelen ser presentadas por los medios internacionales de comunicación, no capturan esto. Las estadísticas no pueden poner a un lector en los zapatos del conductor que le dio el último aventón de su vida a Dahlia. La dejó en el paradero unos pocos minutos antes del ataque. Uno sólo puede preguntarse cómo se debe sentir esa persona.

Las estadísticas no capturan el efecto que tuvo esto en la familia del hombre que intentó rescatar a Dahlia. No capturan la historia del guardia que le disparó al asesino de Dahlia tan sólo un minuto tarde.

Los medios de comunicación no capturan el sentimiento de la comunidad de Tekoa, la cual está sufriendo esto por segunda vez. Hace 12 años, el joven de 14 años Koby Mandell fue secuestrado y asesinado por terroristas. Él era bastante parecido a Dahlia. En aquel entonces tenían la misma edad. Ambos eran hijos de inmigrantes angloparlantes. Ambos eran de Tekoa. Sus familias se conocían. Uno sólo puede imaginarse el horror que significa para una comunidad tener que pasar nuevamente por esto.

El estado anímico que hay en Gush Etzion, donde queda Tekoa, podía verse con claridad en la vigilia que hubo la noche del lunes. Uno de los residentes le dijo a AishLatino.com que “La gente está llorando. No hay gritos de ‘muerte a los terroristas’ ni nada por el estilo. Sólo hay tristeza”.

De hecho, los ataques recientes con automóviles y cuchillos, han revelado una "abertura" en la armadura de la seguridad israelí. Si cualquiera puede ser atacado con ítems de uso diario, la crisis será difícil de resolver.

Sin embargo, vale la pena notar también que el lunes hubo grandes muestras de heroísmo. Ambos ataques fueron detenidos por gente que pasaba por ahí, aunque lamentablemente fue demasiado tarde. El terrorista de Tel Aviv fue golpeado en la cara por un hombre de 50 años, mientras que un hombre luchó con el terrorista de Gush Etzion y luego un guardia voluntario de seguridad le disparó. A pesar de que nadie está de ánimos para celebrar a los héroes que previnieron que el daño fuera aún mayor, ellos son una muestra de la fortaleza de una sociedad que se cuida a sí misma.