“Hace algunos años, un oficial israelí uniformado se equivocó de camino y por error llegó a Jenin. La calle comenzó a llenarse de gente que rodeaba su auto con la intención de lincharlo”, relata Yuval Roth.

“La policía palestina lo entregó a manos israelíes. Cuando el incidente terminó, el oficial palestino que salvó a esta persona me llamó y me dijo que lo hizo por mí, porque un año antes yo llevé a su hermano al hospital Rambam, en Haifa”.

“Sin tener la intención de hacerlo, tuve parte en salvar la vida de un oficial israelí”.

Quizás esta historia es lo que mejor ejemplifica lo que intenta lograr la organización de Roth, “Road to Recovery”: lograr familiaridad y empatía entre las personas que se encuentran en los dos lados opuestos de una frontera y que mantienen un duelo feudal.

Los medios: unir en un auto a israelíes y palestinos mientras los primeros llevan a los segundos a recibir tratamientos médicos para salvar sus vidas en hospitales israelíes.

“Es una oportunidad de mostrar al otro lado un rostro de Israel diferente del que conocen”, dice Yuval respecto al paciente palestino. “Y también es una oportunidad de mostrarle a nuestro público que los palestinos son exactamente iguales a nosotros”.

“A mis ojos, no existe otra alternativa más que este encuentro de una persona con otra persona. Es un encuentro que precede a toda nacionalidad o religión. Simplemente se trata de una persona que se encuentra con otra persona”.

Formalmente Roth estableció la organización “Road to Recovery” en el 2010, pero la historia se remonta a muchos años antes, cuando su hermano, un soldado en servicio de reserva, fue secuestrado y asesinado por palestinos en el sur de la Franja de Gaza.

Luego de la tragedia, Roth se unió a “Parents Circle - Families Forum”, un foro israelí-palestino para familias que perdieron a sus seres queridos. Hace unos 13 años, un miembro palestino del grupo le pidió a Roth que llevara a su hermano enfermo desde el puesto de guardia que separa entre Israel y los territorios palestinos para que pudiera recibir su tratamiento en un hospital israelí. Roth aceptó hacerlo y muy pronto eso se divulgó entre los palestinos que buscaban ayuda.

“Pasaron mi número de teléfono a seis palestinos enfermos y comprendí que no podía ayudarlos a todos, por lo que empecé a pedir ayuda, y así fue como se formó un grupo de voluntarios”.

“En el 2010, la organización comenzó de forma formal con una donación que recibí de Leonard Cohen”, dice Yuval en referencia al legendario cantante. “La organización se basa en el trabajo voluntario, pero el dinero se utiliza para pagar el gasto de combustible”.

Pacientes palestinos en el auto que los lleva a un hospital en Israel. Foto de Shamai Wasserman

En la organización participan unos 900 voluntarios activos que llevan alrededor de 150 personas por día, lo que los ayuda a ahorrar cientos de shekels en viajes en taxi para recibir su tratamiento en Israel (que se los paga la Autoridad Palestina), algo imposible de solventar.

Además del transporte diario al hospital, “Road to Recovery” también facilita en el verano encuentros más alegres ayudando a que los pacientes palestinos y sus familias disfruten de días de playa. En cada uno de estos días, unas 200 familias viajan a la playa a Israel para disfrutar de un día de diversión.

“Para nosotros estos días son un gran privilegio de poder hacer algo con una atmósfera diferente, lejos del estrés con el cual por lo general los llevamos a recibir sus tratamientos”, señala Roth.

Del lado palestino, el coordinador de “Road to Recovery”, Naeem Al-Baeda, es un hombre ocupado. Al-Baeda conoció a la organización en el 2010, cuando el bebé de un pariente necesitó viajar cada día a un hospital en Tel Aviv para recibir tratamiento.

Al comienzo, no pudo creer la actividad de “Road to Recovery”.

“No pude creerlo hasta que lo vi con mis propios ojos. De inmediato me gustó esta actividad, este acto y desde entonces comencé a ser voluntario. Se me empezó a acercar gente que no conocía, pero no podía decirle que no a un paciente con cáncer. Lentamente terminé en una situación en la que coordino toda la Franja Occidental”.

Este emprendimiento le provocó una gran pérdida a Al-Baeda. Él es un obrero de construcción y el hecho de verse ocupado todo el día con llamadas telefónicas para la organización, provocó que lo despidieran de varios trabajos. La Autoridad Palestina no vio con buenos ojos lo que consideró una “normalización” de la relación con los israelíes, y sólo después de haber sido interrogado el tema quedó aclarado.

Él agrega que también su familia tuvo que efectuar algunos sacrificios. “Al principio casi termino divorciándome. Cuando regresaba a casa después del trabajo recibía entre 20 y 30 llamadas telefónicas y no tenía tiempo para mi esposa y para mis hijos. Esto es algo que influye en gran medida en mis actividades cotidianas y en las de mi familia”.

Pero él afirma que el mensaje que promueve esta actividad hace que todo valga la pena.

“El mensaje principal es el encuentro mismo. Llegar a conocer al otro. Se trata de dos pueblos que no se conocen y que se odian mutuamente sin conocerse, sin encontrarse”. Dice Al-Baeda. “Vivimos en la misma tierra, tan pequeña, tan bella, y tenemos que cuidarla por el futuro de nuestros hijos.

“Al encuentro mismo lo llamamos ‘paz por una hora’. Y realmente se lo puede sentir desde el primer encuentro”, asegura.

El premio

Hace poco “Road to Recovery” ganó el premio Victor J. Goldberg por la paz en el Medio Oriente del Instituto de Educación Internacional. El premio de $10.000 que otorga anualmente el Instituto de Educación Internacional, reconoce la obra destacada llevada a cabo en forma conjunta por un judío israelí y un árabe musulmán, sea o no ciudadano de Israel. Roth y Al-Baeda simbolizan todo lo que el premio representa.

Desde la izquierda, Victor Goldberg, Naeem Al-Baeda, Yuval Roth y Allan Goodman en la entrega del premio Goldberg del Instituto de Educación Internacional

“Lo primero que ellos preguntan es qué tiene de valiente lo que los candidatos hacen”, explica Allan Goodman, director ejecutivo y presidente del Instituto de Educación Internacional respecto al proceso de selección. “La segunda dimensión es la compasión. ¿Qué es lo que representa la compasión en el trabajo conjunto de estos grupos? Nosotros creemos que estos dos ingredientes son claves para lograr la paz, y por eso es un premio para la paz”.

Victor Goldberg, quien otorga el premio, está de acuerdo.

“Estos dos hombres no aceptaron el status quo. Ellos decidieron que iban a resolver un problema y lo resolvieron juntos. Esa es la parte que me atrajo”.

Goldberg también explica qué fue lo que lo llevó a instituir el premio.

“En 1948 era un jovencito judío norteamericano de 15 años que vivía en Chicago rodeado de inmigrantes que tenían números grabados en sus antebrazos. Me atraía por completo esta nueva nación, Israel, que consideraba que era un lugar seguro para los judíos y que representaba los valores morales y culturales con los cuales me habían educado”.

Saltamos adelante unos cuantos años, “en el 2004 lo único que veía del Medio Oriente era conflictos y me pregunté qué podría llevar la paz a un lugar tan complicado. Eso fue lo que tenía en la cabeza en el año 2004 cuando doné el premio”.

Goodman agrega que la elección de otorgar el premio este año a “Road to Recovery” demuestra exactamente lo que se puede lograr.

“En este caso en particular es muy fácil imaginar a personas como los ganadores del premio pasarse la vida odiando al otro lado por algo que le ocurrió a un pariente. Trato de ponerme en sus zapatos, pensar que hubieran matado a mi hermano y que de repente alguien del otro lado me dijera: ‘¿Quizás puedes ayudarme?’.

“Es sumamente difícil sobreponerse al odio y a la muerte de seres queridos a causa del terrorismo, sin embargo eso es lo que hicieron estos individuos”, concluye.

Al-Baeda está de acuerdo: “Me gustaría decir que el pueblo palestino y el pueblo israelí están listos y son capaces de vivir como vecinos y buenos amigos. Realmente lo deseamos y no queremos que nada malo les ocurra a los israelíes ni a nosotros. Somos seres humanos que viven en una tierra en la que todos podemos vivir; hay lugar para todos”.


Este artículo apareció originalmente en ISRAEL21c