La estrella de judo de Israel, Sagi Muki, llegó a las noticias por sus victorias tanto dentro como fuera de la colchoneta de judo. En agosto fue coronado campeón mundial en su categoría por debajo de los 81 kilos y ahora es un favorito para ganar la medalla de oro olímpica. Muki logró algo más allá del deporte que muchos pensaron que era imposible: se hizo amigo del judoca iraní Saeid Mollaei.

“El año pasado fue maravilloso”, le dijo Muki a AishLatino.com. “Cada vez que el público se ponía de pie para el Hatikva, eso me daba mucho orgullo. Pero convertirme en un campeón mundial de judo y en el primer israelí que lo logró, fue el mejor momento de mi carrera”.

Sagi Muki, el primer campeón mundial de judo de Israel

Muki sólo estaba comenzando. Este año, el nuevo campeón mundial no sólo dominó la categoría de su peso, sino que ganó todavía más eventos que cualquier otro atleta en todas las categorías del deporte.

El éxito ha generado mucha presión para el atleta de 27 años. Todos esperan ansiosos que siga los pasos del surfista Gal Fridman, quien obtuvo la única medalla de oro de Israel hasta la fecha, en las Olimpiadas de verano del 2000 en Atenas.

“Una de mis tareas es manejar esa expectativa, enfrentar la presión y mantener clara mi cabeza. Al mismo tiempo que me mantengo profesional, yo sé lo que quiero lograr, y básicamente todos mis esfuerzos están concentrados en Tokio”.

El encuentro con Saeid Mollaei

En el campeonato mundial de Tokio, en agosto del año pasado, Muki tenía que encontrarse en los cuartos de final con quien era en ese momento el campeón del mundo, Saeid Mollaei, pero el entrenador del iraní le dijo que renunciara al partido y que no se enfrentara a un competidor israelí.

“La primera vez que lo vi realmente quise saludarlo, pero no quise ponerlo en una posición arriesgada. Sabía que él no podía hablar conmigo cuando estaba compitiendo”.

Mollaei siguió las directivas del régimen, abandonó la competencia y en el proceso cedió su título. Después expresó frustración por su boycott contra Israel.

“Yo quiero competir siempre que puedo hacerlo. Vivo en un país cuya ley no me permite hacerlo”, dijo Mollaei.

Saeid Mollaei y Sagi Muki

En una audaz muestra de desafío, enojado por la forma en que la política interfirió en su deporte, Mollaei renunció a su ciudadanía, huyó de Irán y pidió estatus de refugiado en Alemania. En octubre del 2018, se le prohibió indefinidamente a Irán participar en las competencias internacionales de judo por negarse a permitir que sus atletas enfrenten a oponentes israelíes.

Respeto mutuo

Cuando Muki ganó el campeonato del mundo, Mollaei escribió en Twitter: “Felicidades campeón”. En respuesta, Muki le escribió: “Gracias. Tú eres una inspiración como ser humano y como atleta”. El intercambio continuó con Mollaei agradeciéndole a Muki por su apoyo y por ser uno de “sus mejores amigos”.

“Saied es un hombre bondadoso, un deportista maravilloso y es sumamente admirado y respetado en este deporte”, le dijo Muki a AishLatino.com. “Crecimos en lugares diferentes, de forma diferente, pero ambos queremos vivir y disfrutar lo que la vida puede ofrecernos. Así fue nuestra relación desde el comienzo. Nos respetamos mutuamente. Yo no lo juzgo por ser de Irán. Lo que importa en un ser humano es la forma en que habla y cómo se comporta.

“En mi opinión, es un líder valiente que se puso de pie para quebrar las barreras. Él defendió no solo a los atletas iraníes, sino a todos los atletas, la libertad de todas las personas”.

Un encuentro en China

Desde entonces Mollaei recibió ciudadanía en Mongolia y los dos se encontraron por primera vez desde el Máster del Mundo en China.

“Él se me acercó, me abrazó y por primera vez hablamos libremente”. Cuando un fotógrafo les pidió capturar el momento, ambos aceptaron, pero de inmediato Muki se apresuró a evitar que la foto fuera difundida.

“Yo temí por él, no sabía a dónde podía llegar esa foto. Le dije al fotógrafo: ‘No la envíes a nadie’. Lo último que quería era ponerlo en peligro a él o a su familia”. Mollaei le aseguró que como ya no representaba oficialmente a Irán, sentía que no había ningún riesgo de que él y esa foto aparecieran en los titulares. Después de ese primer encuentro, los dos atletas también se encontraron y volvieron a ser fotografiados juntos en el Gran Prix de Judo en París, “reafirmando su amistad y respeto mutuo”.

“Quiero que el mundo entienda esto. Que aprenda de esta historia que los deportes deben superar a la política”. Este es el mensaje que Muki desea difundir después de los juegos olímpicos.

“Siempre extenderé mi mano en amistad y respeto. Estos no sólo son valores en el judo, yo tengo una maravillosa familia que siempre me enseñó a respectar a los demás sin importar quiénes sean, de dónde sean, si son blancos o negros, árabes, musulmanes, judíos o cristianos. A mí me educaron con esos valores.

“Me encantaría mostrarle a Saeid mi país y conocer a su familia. Hablé con él sobre esa posibilidad, y espero que en algún momento pueda venir. Estoy seguro que Israel le va a encantar. Muchos de mis amigos israelíes me dijeron que tienen regalos listos para cuando él venga”.

¿Un enfrentamiento en Tokio?

Ambos se encuentran entre los ocho primeros de su categoría y es muy probable que Muki y Mollaei tengan que enfrentarse en los Juegos olímpicos del verano.

“Probablemente sea en cuartos de final o más adelante, y de hecho sería un sueño encontrarme con él en la final. Sobre la colchoneta de judo cada hombre lucha por sí mismo y por sus sueños, cualquiera sea el resultado. Nuestra amistad transmitiría un mensaje muy importante”.

Israel y el mundo árabe

En un deporte que cuenta con importantes competidores a lo largo del Medio Oriente, Muki está acostumbrado a que surjan cuestiones políticas. Con las naciones árabes moderadas cada vez más interesadas en destrabar las relaciones con Israel, Muki se convirtió en cierta forma en un vanguardista. En el 2018, su victoria en el Gran Prix de Abu Dhabi llevó a que el himno nacional de Israel se tocara en público por primera vez en un país árabe con el cual no tenemos relaciones oficiales. La ministra de cultura de Israel asistió a la ceremonia de entrega de medallas y la llevaron a ver algunos de los sitios más importantes de los Emiratos Árabes Unidos.

Cada vez que un oponente judoca se niega a enfrentarlo, algo que ocurrió en varias ocasiones, el país es reprendido por los cuerpos internacionales de deporte, y el tema del reconocimiento de Israel vuelve a salir a la luz. Ser un representante de Israel en la escena mundial implica una enorme responsabilidad.

“Yo sé que puedo tener una gran influencia y que la gente observa cómo actúo. Quiero cambiar los prejuicios que la gente tiene sobre Israel. Mostrarles que somos una nación fuerte y que queremos vivir en paz. Me encanta hablar de esto y después de mi carrera en judo tendré más tiempo para hacerlo”.

Ganar en la vida

“El verdadero respeto surge al pensar cómo se sienten los demás. Mi padre siempre me enseñó a no perder de vista a la otra persona. Pasé mi infancia ganando eventos y subiendo a podios, pero cada vez que gané una medalla de oro mi padre me dijo: ‘Guarda esa medalla en tu bolsillo y piensa en lo que ella genera en el otro competidor que perdió’. Todo el tiempo pienso en esto. Al final de cada tai trato de recordarlo, manifestar entendimiento y pensar cómo se siente mi oponente.

“La victoria no es la medalla, es el sendero que tomamos en la vida y cómo ponemos en práctica todo lo que absorbimos y aprendimos a lo largo del camino”.