En un rincón del Centro Internacional de Convenciones de Jerusalem,

Ishay Ribó está sentado con su banda alrededor de una enclenque mesa de madera.

En el aire flota una nube de humo de cigarrillos, hay botellas de agua desparramadas por todos lados y uno de sus productores juega backgammon con un mendigo. El guitarrista de Ribó, con largas peot que le llegan a los hombros, escribe mensajes por su teléfono. El bajista tiene una pequeña kipá en la cabeza, una chaqueta gastada y una expresión neutra. Ribó, con la barba bien corta, las primeras canas asomando en su cabello y los tzitzit por debajo de un buzo con capucha gris, está sentado en medio de su equipo con los ojos atentos.

El linóleo del piso está resquebrajado, la pintura amarilla de las paredes está descascarada y la luz fluorescente del cielorraso arroja un suave brillo. Aquí está, quizás, el grupo más candente de Israel preparándose para un show.

La escena parece salida de un club juvenil. Amigos reunidos alrededor de una mesa en un amistoso juego de cartas. Se siente la camaradería en el aire, pero también un poco de tensión, como si estuviera por pasar algo grande y nadie supiera bien qué.

Ribó tiene 31 años y hasta hace unos pocos años atrás no era demasiado conocido en la escena musical israelí. El gran salto tuvo lugar en el año 2014, cuando Idan Raichel, una estrella del pop considerado uno de los músicos más creativos y populares de Israel, además de ser un experto en descubrir talentos y lanzar carreras, invitó a Ribó al escenario a tocar una de sus canciones.

Esa canción, Tojó ratzuf ahabá, continúa siendo la carta de presentación de Ribó, su clásico, el sonido que ahora otros artistas israelíes tratan de imitar y la melodía que le ganó un lugar en el corazón de todos los israelíes amantes de la música, desde los seculares orgullosos hasta los más religiosos.

La canción representa a Ribó como artista. Es tanto delicada como enérgica, repleta de nostalgia, pero con una explosión de esperanza. También es una canción profundamente religiosa, con fuentes en los Profetas, Salmos y Proverbios, pero a pesar de eso el lenguaje es accesible. Es una canción llena de ritmo pop y con una letra del mejor nivel poético.

La canción es Ishay Ribó e Ishay Ribó representa el momento israelí. Él es sefaradí, pero apela a todo el popurrí de la sociedad israelí: ashkenazim, jasidim, sin ninguna identificación. Ishay estudió en una ieshivá, usa una gran kipá negra y largos tzitzit. Sin embargo las personas laicas de Tel Aviv entonan sus canciones con el mismo placer que los jaredim de Beit Shémesh. Ishay cantó en la banda del ejército y lo invitaron a participar tanto en la celebración nacional televisada del Día de la Independencia como en la del Día del Recuerdo a los Caídos.

Hasta la fecha lanzó cuatro álbumes, de los que uno fue disco de platino y dos discos de oro, y grabó duetos con una amplia gama de estrellas de la música israelí, desde el legendario Shlomo Artzi a la estrella jasídica Moti Steinmetz y el rey del pop Omer Adam.

Es fácil señalar el atractivo de Ribó. Su voz es suave y melódica, con una nota de verdad y urgencia. Muchas de sus canciones giran en torno a una guitarra acústica, que él toca, o al piano, en manos de David Ichelovitch. Es difícil identificar su estilo, pero quizás la mejor forma de describirlo sea como soul-espiritual o folk-rock.

Menajem Tóker, el locutor jaredí más popular de Israel, describe a Ribó como un músico que logró la rara proeza de atravesar las estrictas fronteras sociales de Israel.

"Ishay Ribó es completamente observante, todo estudiante de ieshivá puede escuchar su música", afirma Tóker. "Pero también es el nexo entre lo jaredí, lo jasídico y lo datí leumí. Hoy en día es el único cantante israelí amado tanto por los religiosos como por los laicos. A algunos les gusta [Iaakov] Shwekey y a otros les gusta Omer Adam, pero sólo con Ishay Ribó el consenso es general".

Tóker elogia el uso del lenguaje de Ribó y lo compara a los poetas hebreos de antaño. "Compararía sus letras a los compositores más famosos de las plegarias, la liturgia y las canciones tradicionales. Sus letras son increíbles. Sin dudas, es el cantante judío más talentoso de su generación".

Para encontrar el departamento de Ishay Ribó hay que pasar por un almacén, una pequeña área en construcción y dos pisos de escaleras, hasta llegar a un edificio de tres pisos en un frondoso vecindario de Jerusalem de población religiosa mixta. En la puerta no hay ningún nombre.

Cuando abre la puerta, vestido informalmente con una camisa azul de mangas cortas, dudo si llegué al lugar indicado. Hay algo refrescantemente humilde sobre Ribó, y su departamento no es diferente. Está renovado con buen gusto, pero no es gigante, parece más el departamento de un exitoso banquero o de un ejecutivo de marketing que el de una popular estrella de la música.

Salimos al balcón y nos esperan pequeños platos con galletas y nueces. Si Ishay Ribó fuera un estado de ánimo, sería medido pero intenso. Está feliz de conversar, incluso le gusta hablar, pero sólo sobre cosas importantes. La conversación irrelevante no es bienvenida. Hay trabajo que hacer, y Ribó está ocupado.

Ishay nació en Marsella, Francia, de padres que llegaron del norte de África. Creció en un hogar tradicional, pero sus padres se volvieron más observantes antes de que la familia hiciera aliá cuando el pequeño Ishay tenía ocho años. Después de asentarse en Kfar Adumim, un pequeño ishuv, el joven Ishay asistió a una escuela de estilo Zilberman en el barrio Bujarim de Jerusalem.

Durante su infancia, en su hogar no había mucha música, pero siempre le gustó cantar y a los 12 años descubrió que tenía talento para componer canciones. En un comienzo se grababa a sí mismo marcando el ritmo sobre la mesa y cantando.

"Cuando era pequeño, para mí era como un escape personal, mi pequeño rincón. No lo compartía con el mundo. Todos sabían que me gustaba cantar, pero era mi espacio privado, un lugar de sanación".

A los 17 años tomó una guitarra y aprendió a tocar solo. En esa época estaba en una ieshivá en Guiló. Hasta ese entonces se había visto expuesto principalmente a música religiosa: Abraham Fried, Jaim Israel, Mordejai Ben David. Entonces un viaje en autobús le cambió la vida.

Era una canción de Amir Benayoun, un cantante sefaradí conocido por su voz aguda y sus canciones conmovedoras. El chofer del autobús tenía la radio encendida y Ribó escuchó la canción Semajot ketanot. Al día siguiente, subió al mismo autobús sin tener que ir a ningún lugar en particular, sólo porque esperaba poder escuchar la misma canción. Y volvió a hacerlo una y otra vez.

"Lo que me atrajo fue escuchar por primera vez a un vocalista que cantaba muy lindo y que también componía sus propias canciones. Siempre había pensado que había personas que cantaban, y personas que les escribían las canciones, pero que eran dos campos separados. Pero entonces escuché [a Benayoun], y también me vi expuesto a otros, como Eviatar Banai. En todos esos cantantes el texto tiene mucho significado".

Ribó no es un músico religioso que sigue el modelo de quienes eran sus favoritos cuando era niño, y esto se debe principalmente a que su sonido está más cerca de la música popular. Pero sus letras tienen una naturaleza inconfundiblemente religiosa. Él escribe sobre el amor a Dios, el deseo de acercarse a Él y el dolor del exilio.

Ishay Ribó asegura que esto es intencional. Aunque durante su adolescencia escuchó toda clase de música, desde sus comienzos decidió basar sus canciones en el reino del alma y del corazón.

"Cuando era muy joven decidí escribir canciones sólo sobre temas sagrados y sobre la fe, sólo canciones conectadas con Dios y el judaísmo. Creo que de allí viene mi siata diShmaya (ayuda del Cielo)".

Sus primeros escritos produjeron éxitos como Lashuv habaita, una canción que habla de retornar a Dios, que figura en su tercer álbum, Shétaj afor (Zona gris). Ribó dudó si debía lanzarla en ese momento porque temía que a la letra le faltaba desarrollo, sentía que era inmadura. Desde entonces se convirtió en uno de sus mayores éxitos y atrajo cerca de 120 millones de visitas en línea. Al igual que todas sus mejores canciones, aquí hay un matrimonio perfecto entre armonía y significado, un mensaje profundo dentro de una bella melodía.

Llegó la hora de despertar,

De abandonar todo, de superar;

De volver a casa, de no buscar otro lugar;

Llegó el momento de cambiar;

Incluso si perdimos algunas paradas;

Aún podemos bajar, hay un tren que vuelve al barrio.

El mismo sonido simple de Lashuv habaita lo encontramos también en Kol dodí dofek, otra canción de ese período. De hecho, incluso antes de que Ribó apareciera en el escenario junto a Idan Raichel, ya había tocado la canción en vivo en el programa de radio de Menajem Tóker.

"Un día estaba en la radio y [el cantante israelí] Gad Elbaz me envió una canción", cuenta Tóker. "[Gad] me dijo que había un jovencito de una ieshivá de Jerusalem llamado Ribó que tenía unas canciones muy lindas, y que iba a escuchar hablar de él. Un par de semanas más tarde, [Ribó] me llamó y me dijo que tenía una canción nueva, por lo que lo invité al estudio".

Tóker está orgulloso de haber sido el primero que le dio a Ribó un lugar para tocar su música, pero se llama a sí mismo "el mayor tonto del mundo" por no haber reconocido inmediatamente su talento y atractivo.

Al igual que Lashuv habaita, Kol dodí dofek es una canción sobre el retorno y el anhelo de los días por venir.

La voz de mi amado viene, eso dicen,

Para quitar todo el mal, y para levantar nuestra fortuna

De los abismos fangosos,

Y despertar a los durmientes con el sonido del shofar

Ishay recuerda que en esos primeros momentos hubo mucha gente que trató de reducir sus sueños. "¿Quién será tu audiencia?", le preguntaban. Él no hacía música de ieshivá ni jasídica, pero tampoco hacía pop.

Esas dudas pendían en el aire cuando entró por primera vez a un estudio de grabación en el 2012. Ese mismo año se había casado y de los regalos de la boda tenía unos 100.000 shékels. Le dijo a su esposa Yael que la suma no alcanzaba para sacar un crédito hipotecario, pero sí era suficiente para grabar un álbum. Tenía 21 años, aún estaba en el ejército y comenzaba una nueva vida. Su esposa lo apoyó por completo.

Había preparado unas 15 canciones para el álbum, pero a último minuto agregó otra. Esa canción fue Tojó ratzuf ahavá.

"¿Qué me decía la gente? Cosas como: 'Mira, la música religiosa no es relevante. Puedes hacer música religiosa para las bodas (y la mía no era música de bodas), pero ¿adónde quieres tocar? ¿Para una audiencia con hombres y mujeres separados? ¿Para los jaredim?' Yo no tenía respuestas. Decía que creía en mi música y no sabía qué más decir. Lo que ocurrió fue que lancé Tojó ratzuf ahabá y no pasó absolutamente nada, como era natural, y se acabó el dinero" dice riendo. "No tenía a quién recurrir. Mis padres me ayudaron un poquito, y lentamente…"

Durante dos años la canción circuló. Fue rechazado por Galgalatz, la estación de radio donde nacen los éxitos israelíes, aunque tenía mucha rotación en las listas de reproducción de las estaciones de radio religiosas.

Pero llegó el 2014. Lanzó su primer álbum, también llamado Tojó ratzuf ahabá, Raichel lo invitó al escenario y, finalmente, lo llamaron de Galgalatz. Irónicamente, una vez que la canción recibió un poco de atención en Galgalatz, el sector religioso pidió más.

Tojó ratzuf ahavá es una obra maestra. Desde los primeros acordes del piano a la compleja trama de la letra, es una canción que nunca envejece. También es una canción cuya letra es difícil de descifrar. Con fuentes en los Profetas, Salmos, Cantar de los cantares y Proverbios, Ribó la describe como una canción sobre "La misericordia de Dios y Su amor por Su pueblo". Hablamos durante varios minutos sobre la canción, e Ishay compartió su proceso creativo.

"Cuando escribo, busco algún punto [de entrada], algo distinto. Por ejemplo, [las primeras palabras de la canción] josej shivtó miblí lajsoj et ahavató. En Proverbios dice: Josej shivtó soné et benó, que significa que una persona que no es estricta cuando es necesario muestra que no le importas lo suficiente como para molestarse por ti. Entonces yo dije que Dios, josej shivtó miblí lajsoj et ahavató, que significa que Dios, y sólo Dios, puede ser misericordioso, Av Harajamim, Padre misericordioso. Pero al mismo tiempo, eso no significa que no nos ame. Es estricto con nosotros, pero también nos ama.

"Más adelante [en la canción], hay toda clase de alusiones poéticas: gam kesheanu shivrei kelim, odenu kli jemdató, lo que significa que incluso cuando somos vasijas rotas y estamos sumidos en la desesperanza, seguimos siendo los utensilios amados del Creador.

"Y [el estribillo es]: Tojó ratzuf ahavá, beitó tzafuf librajá. ¿Qué significa beitó tzafuf librajá? Está escrito que uno de los diez milagros que ocurrían en el Beit Hamikdash, el Templo Sagrado, era que durante los momentos de aliá la réguel (las festividades), haiú omdim tzefufim, umishtajavim revajim (cuando estaban parados, estaban abarrotados, pero cuando se prosternaban, todos tenían lugar).

"'Casa' puede significar muchas cosas, pero yo me refiero a la Tierra de Israel. Básicamente es la reunión de los exiliados. Es un país pequeño y atiborrado, pero está abierto para todos".

Lento para usar la vara, pero no perezoso en su amor;

Extiende su cetro a todos quienes buscan su favor;

Cuida a Su rebaño, nunca desvía la mirada;

Incluso con el alma quebrada, Él nos sigue amando.

Su esencia irradia amor, irradia amor;

Su casa siempre llena, pero con lugar para todos;

Inventa excusas para perdonarnos, no sólo durante Neilá;

Ante Ti la alabanza se queda estupefacta,

incapaz de expresar Tu grandeza.

Cuando comencé a escuchar la música de Ribó, sentí en su tono y en el estado de ánimo de muchas de sus canciones, a alguien que luchó en la vida, quizás alguien que también se sintió quebrado.

Hay un gran anhelo tanto en sus letras como en su presentación, y la experiencia personal es, a menudo, la mayor fuente de material de un artista.

Por eso me sorprendió cuando Ribó dijo que rara vez escribe sobre su vida personal.

"La verdad es que, por lo general, no escribo sobre cosas demasiado personales. En general no escribo sobre el dolor. Pienso en ideas, en cosas que deben decirse, que siento que necesito decir".

Pero entiende que hay canciones que compuso que tienen una naturaleza más personal y, al mismo tiempo, le hablan a un sentimiento universal. Una de ellas es Halev shelí, un éxito de su cuarto álbum, Shétaj afor. Sus primeras palabras son:

Mi corazón está partido en dos

Lo que la sierva no vio en las aguas [del Iam Suf];

Como una tormenta marina

Golpea como la pandereta de Miriam;

Y no hay cura en el mundo.

Y sólo Tú puedes convertir mis lamentos en baile,

Purificar la arena

Refinar todo mi interior.

Y sólo Tú sabes cómo entrar a mi corazón,

Aliviar todo el dolor en mi interior,

Curar mi corazón.

En los conciertos, a Ribó le gusta contar la historia de cómo llegó a escribir la última estrofa de la canción, que se basa en un Midrash del Ibn Ezra. En una primera lectura, las palabras parecen oscuras.

Él explica:

"Hace tres años estuve en Pésaj en un hotel donde también canté. Allí se me acercó un anciano y me dijo que quería contarme un Midrash del Ibn Ezra sobre el séptimo día de Pésaj. El Midrash dice:

Cuatro se pararon frente al mar: tzar, tzon, tzir y Tzur. Tzar (aflicción) son los Mitzrim, los egipcios. Tzon (rebaño) es el pueblo judío. Tzir (emisario) es Moshé (sobre él está escrito que fue un tzir neemán, un emisario fiel), y Tzur (Roca) es el Creador.

"El Ibn Ezra dice: Tzar hitzik letzón, lo que implica que los egipcios atacaron al pueblo judío. Tzon tzaak latzir - el pueblo judío le clamó a Moshé para que los salvara. Tzir kará leTzur - Moshé le rezó a Dios. Y Tzur tzivá et tzir - Dios le ordenó a Moshé: 'Tze vejaletz et tzoní miyad tzar' - sal y libera a Mi rebaño de la mano del opresor. Esa es, básicamente, toda la historia de la Partición del Mar. Me pareció increíble.

"Recuerdo en ese Motzaé Shabat corrí a buscarlo en Google. De allí nació la canción. Comprendí que en la actualidad estamos en una realidad que parece redención, pero también es un exilio, porque hay otro tzar, otra aflicción. Siempre nos están matando, insultando. Por eso, iesh od tzar shemetzik latzón, veein od tzir sheitzak leTzur – hoy no hay un Moshé que le clame a Dios. En cambio, rak aní mul iam shalem im lev shavur (estoy solo frente al mar con el corazón roto).

"Este es un punto que me parece que es tanto personal como universal. Habla sobre mí como individuo, y también sobre la nación judía, que estamos en exilio. Siento que escribí sobre algo que atravesamos como pueblo, tanto a nivel general como individual".

Una estrella de la música

La distancia entre el vestuario del centro de convenciones y el escenario es de unos 70 metros, pero el pasaje parece un túnel entre dos mundos. De un lado está la mesa destartalada y el piso que no cambian desde 1963, cuando se terminó de construir el Centro Internacional de Convenciones de Jerusalem. Del otro lado hay luces potentes y centelleantes, humo, admiradores que se ponen de pie para alentarlo e inmensas pantallas de video que proyectan a la banda. Es un poco difícil reconciliar a Ribó, que es tan casual y tranquilo, con los pies tan en la tierra, con su otra personalidad: la estrella de música.

Ishay afirma que también a él le llevó un tiempo armonizar entre las dos facetas, entre sus dos identidades. Pero está aprendiendo a hacerlo.

"Si lo comparo con el invierno pasado, estoy más calmo. Ahora hago cosas más grandes, pero no acepto cada oportunidad que se me presenta. También estoy aprendiendo a manejarlo, a vivirlo. Por un lado, ya no tengo privacidad, pero en el instante en que eso ocurre aprendes a estar con tu familia. Por lo general paso Shabat en mi casa, y trato de estar en casa todas las noches que puedo con mis tres hijos, para ayudarlos a bañarse y acostarse. Baruj Hashem, últimamente estuve muy ocupado ".

Ribó dice que si hubiera aparecido en la escena hace 15 años nadie se hubiera interesado en él. En esa época no había lugar para un músico religioso vestido con un buzo con capucha, que usa una kipá negra grande y canta alabanzas a Dios para audiencias mixtas.

Pero ahora algo cambió. Aunque hay una batalla ardiente sobre el lugar y el rol de la religión en el Estado de Israel, también hay una mayor apertura, particularmente entre los israelíes seculares, una disposición a dejar que entre un poco de fe en sus vidas. Ribó es exactamente ese músico, pero también se convirtió en un símbolo como un armonizador social, alguien que puede transitar ambos mundos y conectarlos en una conversación.

"Creo que en Israel, especialmente en los últimos tiempos, la prensa generó mucha contienda sobre los temas de estado y religión, entre los religiosos y los seculares, como si fueran dos cosas separadas, como si no fuéramos la misma nación, que Dios no lo permita. A través de la música y de estas canciones generamos exactamente lo opuesto. De repente, ves a religiosos y seculares cantando juntos canciones de fe y Dios. La nación está sedienta de eso".

Vivimos en tiempos extremos. Pero también está el deseo de espiritualidad, un anhelo de acercarse. Es como si Dios creara a uno para contrarrestar al otro.

"La música y la canción son un punto de consuelo", explica Ribó. "Es un lugar al que las personas pueden escaparse y conectarse, dejando de lado los estigmas y la narrativa de los medios de comunicación. Verse los unos a los otros como hermanos y hermanas. Es importante recordar que somos hermanos. Y la música, cuando transmite un mensaje de Torá y judaísmo, ayuda a que eso ocurra".



Fotos: Pinchas Emanuel, Shlomi Pinto

Mira el backstage de Ishay y Gershon en https://mishpacha.com/backstage-with-ishay-ribo/

Este artículo apareció originalmente en la revista Mishpacha.