Su nombre era Daniel, al igual que el profeta de antaño.

Pero él no alcanzó a llegar siquiera a su cumpleaños número cuatro. Fue asesinado por quienes celebraron cuando él murió. Eran tan sólo un pequeño niño a quien le encantaba jugar, que idolatraba a la estrella de fútbol Lionel Messi y quien se identificaba con el justiciero del libro de historietas Spiderman. Tenía una cara angelical y una hermosa sonrisa.

Era un pequeño muy inteligente. Era suficientemente listo como para entender cuándo debía correr al refugio antibombas que había en su casa en el Kibutz Nahal Oz. Pero ese viernes sólo tuvo tres segundos entre la alarma y el impacto del misil, y no logró llegar a tiempo.

Como todo pequeño, Daniel tenía sueños sobre qué le gustaría ser cuando grande. Pero nunca los cumplirá. Daniel Tragerman fue enterrado el domingo.

Y sus asesinos están celebrando en Gaza. Porque así es como ellos miden el éxito.

Este no fue un asesinato accidental. No fue una muerte desafortunada que ocurrió de manera inadvertida por causa de un daño colateral —el tipo de muerte que Israel lamenta cuando sus esfuerzos por detener a los terroristas que lanzan misiles desde zonas pobladas causan la muerte de inocentes—. Esto fue para ellos una declaración de victoria. Un israelí, un colono, un judío, un pequeño de cuatro años había muerto, y los líderes de Hamás se enorgullecen de este logro.

Debería haber un libro escrito sobre Daniel. Y sorprendentemente creo que sí lo hay. Se llama el Libro de Daniel, y es parte de nuestro sagrado Tanaj.

En este se relata que gracias a Daniel fue revelado el significado de la “misteriosa escritura de la muralla”. La historia es críptica, pero al mismo tiempo es profundamente esclarecedora. Baltasar, el último rey de Babilonia, utilizó las vasijas sagradas de oro y plata que había en el Templo de Salomón en una fiesta para alabar a "los dioses de oro, plata, lata, hierro, madera y piedra". Poco después de eso, aparecieron unos dedos y escribieron en la muralla del palacio real las palabras Mene, Mene, Tekel, Upharsin.

Los consejeros del rey intentaron descifrar el significado de las palabras, pero sus esfuerzos no rindieron frutos. El rey entonces pensó en Daniel, un israelita exiliado que había llegado desde Jerusalem y que había desempeñado un alto rol bajo el reinado de Nabucodonosor.

Y esta fue la explicación de Daniel:

Mene, Mene: Dios tiene contados los días de tu reinado, y lo traerá a su fin.

Tekel: Has sido pesado en la balanza y has sido encontrado defectuoso.

Upharsin: Tu reino será dividido y será entregado a los medos y a los persas.

La historia cuenta que esa misma noche el rey Baltasar fue asesinado, Darío el medo se volvió rey y el reino de Baltasar fue dividido entre los medos y los persas.

Daniel había interpretado correctamente la escritura de la muralla. Y este fue su legado por generaciones. Así es como en Moby Dick, la clásica obra de Herman Melville, Ishmael describe ominosamente la aparición del fuego de San Elmo en su embarcación de caza de ballenas, donde escribe: "...cuando el dedo llameante de Dios fue puesto en la embarcación, cuando Su 'Mene, Mene, Tekel, Upharsin' fue atado al obenque y al cordaje".

Y este es el legado que espero que deje atrás la muerte de Daniel Tragerman, al tiempo que escuchamos los ecos de la advertencia del profeta bíblico Daniel implícita en el mensaje Divino escrito en la pared.

Mene, Mene, Tekel, Upharsin; Contados, contados, pesados y divididos.

Mene: A pesar de que la CNN y el New York Times, al igual que el resto de los prejuiciosos medios de comunicación del mundo, eligen ignorar la cantidad de misiles que ha disparado Hamás para intentar —como declara su acta constitutiva— matar tantos hombres, mujeres y niños como sea posible, nosotros podemos estar seguros de que cada uno de esos instrumentos de muerte son contados por Dios. Dios cuenta cada uno de los miles de intentos de asesinar a Sus hijos, y al final habrá un balance. Eso es lo que fue predicho por el profeta Daniel. Ese es el juicio Divino de la escritura en la muralla, que es tan relevante hoy en día como lo fue en los tiempos de Baltasar.

Mene: Pese a que la ONU continúa buscando formas de darle un respiro a Hamás y una oportunidad para rearmarse durante las treguas que supuestamente son pactadas con fines humanitarios, y se rehúsa a contar la cantidad de veces que Hamás ha roto estas mismas treguas, Dios sí las cuenta. Los compromisos rotos son contabilizados. Las mentiras son calculadas. Los misiles que fueron disparados mientras había un cese al fuego son computados. Y estos también son sumados a la decisión de Dios de castigar a quienes aún no han están dispuestos a leer la escritura de la muralla que claramente vaticina su destino.

Tekel: A diferencia de aquellos que equiparan las medidas defensivas de Israel ante el constante ataque en una guerra que no comenzaron con los crímenes de guerra de Hamás al disparar misiles hacia civiles israelíes mientras utilizan a sus propios civiles como escudos humanos, Dios sí sopesa las acciones en una balanza guiada por la justicia y rectitud. Ante los ojos de Dios, el mal no puede disfrazarse de moral sin importar cuán brillantes y falaces sean sus relaciones públicas.

Upharsin: El veredicto es inevitable. Quienes desprecian las normas del comportamiento civilizado, quienes siempre que pueden eligen la guerra por sobre la paz, quienes se alegran ante la muerte y destrucción, se encontrarán con el destino que fue profetizado por Daniel hace tanto tiempo atrás.

A quienes asesinaron a Daniel hace unos días atrás, les recomiendo que lean el libro del Tanaj que lleva su nombre. Que sepan que el juicio Divino es tan certero como la escritura original en la muralla.