Pronuncio la palabra en voz alta: "Viuda". Es pesada, como el hierro. La barbilla desciende a medida que salen las sílabas. Viu-da. Nuestras viudas tienen todos los colores, con labios de todas las formas, miles de viudas de soldados caídos o de víctimas del terrorismo, con el cabello al aire libre o cubierto.

Si no fuera por el coronavirus, las abrazaría, una por una. Pero aún no es recomendable abrazarnos ni acercarnos a más de dos metros, y hay una cantidad de memorias y anhelos que llenan esos dos metros. En cambio, hablamos por Zoom, bajo la sombra del duelo.

Rajel Sadan-Shtock, 67, de Jerusalem, madre de tres hijos, jubilada del Museo de Israel, perdió a su esposo Udi, director de seguridad en la embajada israelí en Ankara, en un atentado terrorista a la embajada en 1992. Cuando murió, él tenía 37 años y ella 38 al convertirse en una viuda.

Pnina Kahlun, 44, de Jedera, madre de cuatro hijos, maestra y mentora del Ministerio de Educación, perdió a su esposo Rami, un oficial paracaidista, en la Operación Margen Protector. Él tenía 39 años y ella 37.

Sharón Azari Yahav, 51, de Kiriat Ono, madre de dos hijos, trabaja en administración bancaria y perdió a su esposo Nati, comandante de un batallón de ingenieros en la Brigada de Paracaidistas, en la Segunda Guerra del Líbano, en el 2006. Los dos tenían 36 años.

Tami Pdut, 71, de Haifa, madre de tres hijos (uno de su segundo matrimonio), enfermera jubilada, perdió a su esposo Tzvika, piloto, en un accidente en 1978. Ambos tenían 28 años.

Siván Gil Navón, 39, de Tel Aviv, madre de dos hijos (uno de una segunda relación), perdió a su esposo Maor, un cadete en el curso de capacitación para oficiales del Servicio Penitenciario de Israel, en el incendio forestal de Carmel en el 2010. Ambos tenían 27 años. Siván se dedica a la música.

El enojo, y todo lo que le sigue

"El Coronavirus hizo que todos se cuestionaran qué es una vida significativa, que analizaran las proporciones. Nosotros, las familias que perdimos a nuestros seres queridos, ya lo habíamos aprendido", afirma Pnina. "Nosotros aprendimos a valorar las cosas pequeñas. Recuerdo la primera ducha que tomé después de la shivá. Decir gracias por lo que dábamos por sentado".

Pnina Kahlun (Arik Sultán)

Les pregunto cómo cambiaron sus sentimientos a través de los años. Todas están de acuerdo que el primer sentimiento fue enojo: "Con el gobierno, con Hezbollah, conmigo misma por dejarlo ir a la guerra", dice Sharón.

"Yo entendí que por el bien de mis hijos tenía que liberarme del enojo. Cuando pasó el enojo, el hueco que quedó se llenó de añoranza. Ese fue el segundo sentimiento. La ausencia que me acompaña, para bien o para mal", agregó.

Tami: "Pasaron 42 años y no dejé de soñar con él ni dejé de extrañarlo. Al principio yo también estaba enojada. Con él por volar cuando estaba enfermo, con la fuerza aérea por ponerlo en servicio cuando estaba enfermo".

Siván: "Para nosotras, la muerte es una parte inseparable. Yo quiero agregar otro sentimiento además del enojo y la añoranza, el orgullo. El sueño de Maor era ser un oficial, y él convirtió su sueño en realidad. Yo también me siento orgullosa de él".

Rajel Sadan-Shtock (Oren Ben HaKoon)

Rajel: "Cuando la vida se derrumba, no sabes cómo reconstruirla. A mí me llevo 12 años ser capaz de decir: 'soy una viuda'. Estaba enojada con la situación. Tenía una familia y armonía y todo se había arruinado. ¿Enojo con los asesinos? En lo que a mí concierne, ellos no existen. No me importa quién lo asesinó. Me dieron un sobre que contenía sus nombres y no lo abrí. ¿Sentimientos? Lo extraño. Lo quiero aquí. Subo las escaleras y sueño que está sentado en el sofá.

"Un día, entró a la casa un colibrí. Se quedó entre el primero y el segundo piso. Yo dije: 'Udi, ¿qué quieres decirme? Gracias por visitarnos…' También la siguiente generación salió perdiendo, Los niños crecieron sin un padre. Los nietos crecen sin un abuelo. Mi nieto quiere aprender a jugar al ajedrez y no tiene un abuelo para que le enseñe, no hay un abuelo que pueda jugar con él al fútbol".

Pnina: "Durante los dos primeros años yo también me sentía enojada. Cada crisis con los niños, cada cosa pequeña que tenía que enfrentar, estaba enojada con Rami por dejarme sola. Hoy sé que no me dejó sola. Aprendía a aferrarme a pequeñas señales que me envían, levantar la cabeza y decir: 'Rami, arregla esto'. Puedo señalar el lugar donde estaba parado en la boda de nuestro hijo. Rami quedó huérfano a los 12 años y muchas personas que compartieron su vida sólo lo supieron después de su muerte. Él insistía en que ser un huérfano era sólo una parte de su vida, no lo que lo definía. Mis hijos eligieron ser 'felices' como parte del legado de su padre. En la noche del Séder me sentí orgullosa de ellos al ver cómo se comportaron. Además nuestro profeta Eliahu también fue Rami".

Perder el hombro en el cual apoyarse

El año pasado, debido al coronavirus, el gobierno anunció que los cementerios estarían cerrados en el Día de Recuerdo de los Caídos.

"Ir al cementerio y ver que los israelíes van allí para estar con nosotros durante la sirena, es la cosa más israelí que existe", afirmó Sharón.

Siván Gil Navón (Yehoshúa Yosef)

"Durante catorce años y medio, en el grupo en el cementerio de Kiriat Shaúl, sentí los hombros de todo el mundo. Siempre cae en un día muy caluroso. Siempre había un amontonamiento de gente que revive el corazón. De repente todo desapareció. Corona. La gente se ve y cruza al otro lado de la acera. También fue una ausencia en la víspera del Día del Recuerdo a los Caídos, cuando decenas de personas llegaban a nuestro hogar y los niños, que eran muy pequeños y no tienen recuerdos de su padre, escuchaban historias sobre él".

Sharón dijo que el año pasado "se pararon durante la sirena en el jardín conmemorativo que construimos cerca de nuestra casa".

Pnina: "Faltó el abrazo físico, el abrazo sin palabras. En el Día del Recuerdo sentimos el enigma humano que era Rami, la sorprendente variedad de personas que reunió a su alrededor y que nos incluyó".

Tami: "Cada año, debatimos respecto a dónde asistir a la ceremonia. ¿En la base Hatzerim de la Fuerza Aérea, donde sirvió Tzvika? ¿En Haifa, donde nació y creció? ¿En la escuela de nuestros nietos? ¿En el Monte de los Pilotos, en las afueras de Jerusalem? ¿En el cementerio militar? Cuando llegó el coronavirus ya no hubo más discusión. Estuvimos en Zoom, sin abrazos, sin lágrimas saladas, sin tocarnos. Fue muy difícil enfrentar la dificultad adicional de no estar juntos".

Siván: "Al enviudar tenía 27 años. Cuando Hilá extrañaba a su padre, yo le expliqué, a partir de una simple creencia en Dios, que Papá estaba con nosotros incluso cuando físicamente no lo sentíamos cerca. El coronavirus hizo que eso fuera una realidad. Las abuelas están en su casa, pero no están solas. La gente está en contacto a través de Zoom, sin una presencia física. Hay una distancia que es para nuestro propio bien, no tenemos otra opción".

Rajel: "Yo no necesito el Día del Recuerdo, porque el recuerdo me ha acompañado a cada minuto durante 29 años. Pero cuando todos se ponen de pie juntos para la sirena, cuando todo el país se detiene y el silencio nos quiebra los tímpanos, me siento abrazada. Antes de enviudar, me emocionaba la transición del Día del Recuerdo al Día de la Independencia. De repente, yo era una de las familias de deudos. Pasar al Día de la Independencia es doloroso. El coronavirus ayudó a quitar énfasis a esa transición. Ya no fue un cambio repentino.

Pregunta: Dicen que una viuda sigue adelante, mientras que los padres quedan con un agujero irremplazable. Una viuda puede volver a encontrar el amor, quizás incluso tener más hijos. Pero los padres que pierden un hijo no tienen un futuro. ¿Hay diferentes niveles de duelo?

Rajel: "Somos una familia. Los niños perdieron a sus padres. Los padres y hermanos perdieron a un ser querido. Yo soy una viuda. No existe algo así como una 'ex viuda'. Es para siempre. Cada uno experimenta otra clase de dolor. A veces el dolor se entrelaza".

Pnina: "Pienso que las madres enfrentan algo especial al mantener vivo el recuerdo de sus hijos, asegurándose que sean recordados, preguntándose qué pasará cuando ellas no estén".

Sharón: "No es una competencia respecto a quién tiene la peor parte y nadie es dueño absoluto del dolor. Hubo días en los cuales fue más difícil para mí y sus padres eran un consuelo, y también a la inversa. Poco después de que muriera, su madre me dijo: 'Pobre de ti, nosotros nos tenemos mutuamente, pero tú estás sola'".

Tami: "Cuando Tzvika fue asesinado, su madre y yo le agradecimos a Dios que hubiera dos hijos vivos. Sentimos que nuestros destinos estaban unidos. Siempre estoy a su lado en las vacaciones y en las festividades. El dolor de ambas es infinito".

Tami Pdut

Pregunta: ¿Cómo responde la sociedad ante el título "viuda del ejército de Israel"? ¿Sigue inspirando respeto?

Rajel: "Yo siento una mezcla de pérdida, pena y curiosidad por saber qué ocurrió. Yo también soy una viuda de la policía. Hay policías que cayeron que también son reconocidos por el Ministerio de Defensa, que fueron asesinados durante operaciones, y otros que no lo fueron. Ante cada incidente policial, siempre está la pregunta: '¿Eres reconocida o no?'. Yo dejé de asistir a las reuniones de las viudas de la policía porque ya no podía soportarlo".

Sharón: "Tengo una amiga cuyo esposo falleció de cáncer. Su hija le dijo sobre mi hija: 'Qué agradable es para Noam, ellos (los huérfanos del ejército de Israel) reciben golosinas'. Una viuda del ejército de Israel recibe un abrazo que otras viudas no reciben, pero una viuda es una viuda. Cuando dices: 'mi esposo murió en una guerra', la sensación es que la otra parte te hace una venia".

Siván: "Seguro escuchaste el dicho: 'Si tienes que ser una viuda, entonces mejor ser una viuda del ejército de Israel', porque el país tiene una deuda de gratitud con cualquiera que estuvo con un uniforme y salió en una misión para servir al estado. La sociedad realmente nos brinda un abrazo, como si una parte de ella hubiera sido asesinada junto con Maor. Los paquetes del Ministerio de Defensa transmiten calidez. Pero cada una de nosotras estaría dispuesta a dejar de lado el título.

Pnina: "Después de la shivá, llegaron representantes de la Organización de viudas y huérfanos del ejército de Israel. ¿Qué tiene que ver conmigo la viudez? Dios mío, ¿quién envía a sus hijos a campamentos para niños sin padres? Para mí fue realmente muy difícil. En última instancia, hay una fuerza especial en lo compartido. Un niño sin padre es una cosa, pero un niño cuyo padre murió en el ejército de Israel es algo diferente".

La aprobación de los padres del esposo caído

Les pregunté sobre las nuevas relaciones que cada una de ellas desarrollaron en cierto momento. Cuando hablan del momento en que sus corazones volvieron a abrirse al amor, mencionan repetidamente a los padres de sus esposos fallecidos. Se disculpan un poco. Tami conoció a su segundo esposo, Eli, dos años después de enviudar. "La madre de Tzvika trata a Eli como a un hijo. Ella considera a nuestra hija como su nieta en todos los sentidos. Nuestra hija le preguntó: 'Si Tzvika no hubiera sido asesinado, ¿yo no estaría aquí?'".

Siván: "Yo hablo todos los días con mi suegra. Dos años después de enviudar salí por primera vez a tomar un café con alguien. Necesité la aprobación y la bendición de sus padres a cada paso. Cada persona con la que salí sabía quién fue Maor. La misión de mi vida es mantener vivo su recuerdo. Ahora que me volví a casar, tengo tres familias: mis padres, los padres de Maor y los padres de mi esposo. En mi hogar, Maor sigue vivo. A veces me río por sentir que somos un trío".

Rajel: "Udi era mi mejor amigo y nadie puede ocupar ese lugar. No tengo otro amigo como él. Cuando enviudé tenía 38 años… Para mí era importante experimentar mi femineidad y no morir junto con Udi.

"Me presentaron a un viudo, En nuestra primera conversación descubrimos que ambos habíamos perdido a nuestros esposos el 7 de marzo, yo en 1992, él en 1996. Estuvimos juntos 21 años y luego nos separamos. Pero en esos 21 años ni una vez comparé a mis dos compañeros", afirmó Rajel.

Sharón: "Nati fue asesinado en Tu BeAv. Me sacaron la alfombra debajo de los pies. Pensé que mi vida había terminado, la pérdida me sacudió. Teníamos una pareja especial y maravillosa. Nos conocimos porque íbamos al mismo peluquero y tres meses más tarde decidimos casarnos. Yo era una reina. Vivía en una nube de amor.

"Después que mataron a Nati, su madre me dijo: 'Tú tienes que encontrar a alguien. No te preocupes por lo que nosotros podamos pensar'. Durante los primeros cinco años no estaba dispuesta a que me presentaran a nadie. Necesitaba construir una vida, educar a los niños. Me sentía culpable. ¿Cómo podía estar yo viva y Nati no? No podía entender cómo era posible disfrutar escuchar una canción. La gente trataba que conociera a alguien, pero yo no quería. No creía posible llegar a encontrar más espacio en mi corazón.

"Más tarde comprendí que lo que buscaba era alguien con quien pudiera vivir junto con mi amor por Nati, alguien a quien pudiera amar junto con Nati sin sentirme culpable. Hoy tengo una pareja, estoy aprendiendo que los 'cajones' del corazón se pueden abrir varias veces. Mi pareja, un viudo, respeta eso. Hace catorce años y medio mi vida se detuvo, y al mismo tiempo estoy creando un nuevo amor. No trato de llenar el vacío. Eso no es adecuado. Es un híbrido.

"Dudé respecto a cómo contarles a los padres de Nati. La noche antes de reunirme con ellos me sentí sofocada. No pude dormir toda la noche. Me senté con ellos en su cocina y cuando les dije que había conocido a alguien, ellos se levantaron, me abrazaron y me besaron. Cada vez que me encuentro con ellos, mi pareja va conmigo. También a él lo besan y lo abrazan".

También Pnina dedicó los primeros cinco años de viudez a su duelo y la reconstrucción. "Con los niños funcionaba en modo de supervivencia. Mi corazón se fue abriendo lentamente, ya me había acostumbrado a estar sola, a estar en mi zona de confort. Ahora hace casi dos años que estoy con un hombre divorciado. El mundo de los divorciados y el mundo de la viudez no tienen nada en común. En un divorcio, el niño sigue teniendo dos padres, incluso si no se llevan bien entre ellos. Rami, bendito sea, es parte de la nueva relación. Mi pareja puede hablar de él como si lo hubiera conocido personalmente".

Siván se ve abatida. Dice que la conversación sigue adelante y que no hablamos de quienes cayeron, sólo de ellas mismas. Está enojada. Dice que no es un día para hablar de sí misma. Sus amigas se unen a ella. Me disculpo. De hecho, se podría escribir un artículo, un libro o una biblioteca entera sobre cada una de las personas que ellas perdieron. Mi intención fue hablar sobre su camino sobre un terreno accidentado, sobre sus vidas como los que quedaron.