"Todavía no logro comprenderlo", dijo con una sonrisa cansada Linoy Ashram, la nueva campeona olímpica, poco después de aterrizar en Israel el miércoles. Su ciudad, Rishon Letzión, la recibió empapelada con posters de su imagen y la de sus compañeros que ganaron medallas olímpicas, Peter Paltchnil y Arten Dolgopyat.

En el humilde edificio donde reside la familia Ashram colgaron un cartel gigante que decía "Bienvenida a casa". El departamento mismo estaba repleto de flores, chocolates y globos que reflejaban el orgullo por la primera mujer israelí que ganó una medalla de oro en gimnasia artística.

"Todavía me siento dentro de un sueño. Recién ahora, poco a poco, comienzo a entender la magnitud del logro.

"Yo llegué a Tokio con el objetivo de hacer lo máximo posible y experimentar el momento y la sensación de estar allí, en las Olimpiadas. Sabía que si me iba bien podía regresar con alguna clase de medalla, pero no me imaginé de qué color sería. La idea de que sería la medalla de oro no se cruzó por mi cabeza.

P: ¿Qué sentiste después de los tensos momentos de espera por el puntaje de tu rival, la rusa Dina Averina?

"Lloré. Lloré con Ayelet [su entrenadora] y lloré cuando me uní en una entrevista con mis padres, y lloré en mi primera conversación con mi novio. Él me dijo que estaba muy orgulloso de mí y cuánto me amaba. Fueron momentos increíbles. Me abracé muy fuerte con Ayelet. Habíamos pasado mucho para llegar a ese momento, ella me había ayudado muchísimo.

"Estábamos muy felices y seguimos muy felices. En la ceremonia de entrega de medallas, cuando vi a mis amigos de la delegación israelí que se habían quedado, al oírlos aplaudirme y cantar el himno, fue uno de los momentos más emotivos de mi vida.

"Esta noche, después de recivir la medalla, no dormí nada. Quizas dormité por 40 minutos. La medalla estaba a mi lado todo el tiempo".

P. ¿Crees en Dios?

Sí. Antes de viajar a Japón fui con Ayelet al Muro Occidental y coloqué allí una nota. Enciendo las velas antes de Shabat, ayuno en Iom Kipur y recito para mí misma "Shemá Israel" antes de cada rutina".

Hace dos semanas, cuando acababa de aterrizar en Japón, las cosas no parecían tan rosadas para Ashram. En la segunda noche que ella y su equipo pasaron en Japón, mientras estaban en el campo de entrenamiento en la ciudad de Ichihara, su entrenadora, Ayelet Zussman, sintió que algo no estaba bien.

"Cuando llegamos a Japón, una semana antes de la competencia, una noche no me podía dormir por el cambio horario y sentí que también Linoy estaba despierta. Eran las 4:30 de la madrugada y decidí revisar cuándo fue la última vez que estuvo en WhatsApp. Entonces vi que estaba conectada. Veinte minutos más tarde vi que nuevamente estaba en WhatsApp y entendí que no se podía dormir.

"Subimos a la terraza del hotel. La ciudad se desplegaba frente a nuestros ojos, la mañana comenzaba y tuvimos una charla a corazón abierto, donde me contó toda la presión que sentía".

P: ¿Qué le dijiste?

"Que estaba estresada, que temía desilusionar al país y también a mí. La calmé y le dije: 'No me vas a desilusionar. Lo importante es el camino que seguiste, que seguimos, hasta este momento. Aquí sólo tienes que disfrutar lo que haces'. Le dije que tenía mucha fe en ella, en su capacidad, en lo que es.

"Recordamos sus éxitos en los últimos años, y a partir de esa noche vi que las cosas se habían relajado para ella. Todo había pasado. Su desempeño mejoró, pudo dormir bien de noche. Sentí que se había calmado".

La campeona olímpica sonríe y agrega: "Ayelet me siente a cada momento, tal vez ella me entiende mejor que mi madre. Sin que dijera ni una palabra ella supo que no estaba durmiendo, ella sabe qué decirme. Es sumamente considerada conmigo.

"También hubo otras noches en las que ella se sentó a mi lado hasta que me quedé dormida. Es muy especial. En general, no sé cómo hubiera podido pasar el período de Corona sin ella. Estoy segura que hubiera sido muchísimo más difícil pasar este año, la postergación de las olimpiadas, lo cual básicamente implicó tener otro año de entrenamiento y competencias hasta llegar a la cumbre".

Después de estar cuatro días en Ichihara, llegaron al departamento de cuatro dormitorios en la Villa Olímpica en Tokio. Allí se quedaron cuatro mujeres: Ashram, la brillante Nicole Zilkman, quien también llegó a las finales, Zussman y Ela Samofalov, la entrenadora de Zilkman. Un equipo unido, afectuoso, que se apoya mutuamente. Cada una tenía su propia habitación. Estaban juntas cuando lo deseaban y cuando lo necesitaban, y se iban a sus habitaciones para estar un rato a solas.

Cuando llegaron a Tokio, Zussman enlistó más apoyo mental para Ashram, esta vez de Ofek (21), su novio.

"Traté de aislar tanto como pude a Linoy de todo el ruido que la rodeaba. Pero sabía qué importante era que tuviera con ella su teléfono celular, a través del cual recibía el apoyo de su maravillosa familia, de sus amigos y de su novio, quien es realmente la sal de la tierra.

"Le pedí que pusiera una alarma, para poder llamar a Linoy cada noche a la 1:30 am de Israel. En Tokio eso era las 7:30 de la mañana, así que ella comenzaba el día con un 'buen día' de su novio y una enorme y dulce sonrisa. Sabía que eso sería muy bueno para Linoy, él estuvo de acuerdo en hacerlo y fue brillante".

Cuando comenzaron las eliminatorias, Ashram cometió un error en su primera rutina con el aro.

"Ayelet supo exactamente qué decirme para que me volviera a concentrar", recuerda Ashram, quien terminó en el lugar 15 y desde allí escaló hasta el tercer lugar al final de las eliminatorias. "Ella me dijo: 'Linoy, cálmate, el objetivo sólo es llegar a la final, sólo estar entre las 10 primeras. Tienes otras tres rutinas para hacer todo lo posible a pesar de lo que ocurrió'. Después me sentí completamente enfocada y plena de propósito, y no pensé en nada fuera de las rutinas.

"Continué haciendo sólo lo mejor que podía, con el objetivo de lograr llegar a la final".

Con los ojos en el premio

La mañana de la final, Ashram y Zussman se despertaron de buen humor.

"Pusimos música divertida y rítmica, desayunamos, comimos ananá, que es lo más deliciosos que comí allá, bailamos y estábamos felices", cuenta Ashram. "Estuvimos juntas todo el tiempo, Nicole, su entrenadora, Ela, Ayelet y yo. Realmente llegué a la final con el mejor ánimo posible".

P: ¿Llegaste a la final con el objetivo de ganar la medalla de oro?

"No. Y no sentí que estaba por ganar la medalla de oro. Sabía que estaba la rusa y la gimnasta de Bielorrusia, y que cada vez que estaba primera en el ranking todavía nada había terminado.

"Durante las rutinas, comprendí que ganaría una medalla y después de la rutina con la cinta supe que estaba en primer lugar. Después fue insufriblemente estresante. La espera fue uno de los momentos más tensos en mi vida, y encima pusieron de fondo música con tambores. Pero sabía que de todos modos tendría una medalla olímpica. Estaba tercera en muchas competencias, después de las rusas, así que el mismo hecho de ganar una medalla era un logro y sólo esperaba ver el resultado.

"La tensión era enorme. Nicole susurró en mi oído: 'Cumplimos un sueño, no importa cuál sea el puntaje, has ganado una medalla e hiciste lo mejor que podías'. Siempre somos así, nos alentamos mutuamente, y a lo largo de la competencia, fuimos un cuarteto muy unido, con nuestras entrenadoras. Nunca hubo una fuerte competencia, no entre las gimnastas ni entre las entrenadoras. Nos ayudamos mutuamente, y Ela, la entrenadora de Nicole, también me alentó después de la rutina con el aro en las eliminatorias".

P: ¿Qué pensaste después de dejar caer la cinta en la última rutina? ¿Pensaste: "lo arruiné todo"?

"Fui pesimista. Sentí que tal vez eso dañaría mi puntaje final y me haría bajar un poco en el ranking, pero seguí adelante porque eso es lo que soy. Doy lo máximo posible incluso cuando algo no marcha o hay algún contratiempo. En cierto nivel, eso incluso me hace comenzar de cero, y eso fue lo que ocurrió con la cinta. En un segundo, logré recuperarme. Después de la rutina, Ayelet me dijo que mi nivel de dificultad realmente era muy alto y que el error no debería dañar demasiado mi puntaje, y tuvo razón".

Ashram celebra con su entrenadora, Ayelet Zussman, tras ganar la final individual de los Juegos de Tokio, el 7 de agosto del 2021 (AFP/ Lionel Bonaventure/Archivo).

P: Tus principales rivales, las mellizas rusas Dina y Arina Averina, no tomaron muy bien la pérdida. ¿Hablaste con ellas?

"Al terminar la final me acerqué a Dina, quien terminó segunda, y quise felicitarla. Pero estaba llorando y no en un estado que pudiera conversar. Desde entonces, no hubo una oportunidad para hablar o estar en contacto. En las competencias nos dijimos hola y nos deseamos buena suerte mutuamente, y después de la competencia nos felicitamos".

P: ¿Qué piensas sobre las críticas de Rusia, los argumentos sobre los jueces y la apelación?

"No me relaciono con lo que dicen los demás. Yo tuve mi logro, y es mío, de Ayelet y del equipo profesional. Los demás pueden decir lo que quieran, yo estoy feliz con lo que logré.

"En el Campeonato Mundial del 2018 a Dina se le cayó la cinta y a pesar de eso me venció. Nosotros no dijimos ni una palabra. Es la decisión de los jueces, y así son las Olimpiadas. Es decir, el juicio más justo que existe. También escuché que Dina dijo que no era mi culpa".

P: ¿Recibiste respuestas feas? ¿Antisemitismo? ¿Alguna clase de acusación?

"No entiendo por qué tiene que llegar al nivel de antisemitismo. Hay personas que piensan de una forma y otras que piensan diferente".

P: ¿Has visto el desafío ruso de Tiktok que intenta ridiculizarte?

"No lo he visto. Esto ocurre porque ellos no están acostumbrados. Sus gimnastas siempre ganan, y de repente ocurrió. Quizás pensaron que ya lo tenían en el bolsillo".

P: Antes de tu competencia. ¿habías visto la medalla de oro de Artem Dolgopyat?

"Seguro. En el entrenamiento nos sentamos juntas a mirar la final de Artem, y cuando ganó saltamos y lo festejamos. De inmediato lo llamamos para felicitarlo. Fue maravilloso conocer a alguien que logró ganar la medalla de oro. Sabíamos que era capaz, sólo necesitaba hacer su mejor rutina.

P: ¿Su medalla te alentó?

Ashram con sus padres, Oren y Jedva (Alan Shiver)

"Sí. Pensé que yo también quería lo mismo, que ya quería competir. Artem había competido y ya lo había experimentado, yo todavía no había estado en la Villa Olímpica, porque sólo llegamos el 2 de agosto".

Linoy ya había llegado a Tokio con un armario repleto de medallas: medallas de plata y de bronce de los campeonatos mundiales del 2018 y del 2019, medalla de oro, de plata y de bronce del Campeonato europeo del 2020 y medalla de bronce del Campeonato europeo del 2017, por nombrar algunas.

"Mi madre creyó en mi toda mi vida. Cuando me llevó la primera vez al gimnasio, le dijo a mi entrenadora: 'Vas a ver, esta será la Nadia Comaneci israelí'. La entrenadora pensó que mi madre no entendía nada, porque Comaneci hacía gimnasia con instrumentos, pero mi madre lo sabía. Ella sólo lo dijo por sus logros".


Una versión más larga de este artículo en inglés apareció originalmente en Israel HaYom