Hace cuatro años, viendo la cobertura de la "Operación Plomo Fundido" desde la comodidad de mi cuarto, yo era una estudiante universitaria en conflicto. Por más que apoyaba a Israel, aún me dolía cada vez que escuchaba sobre víctimas civiles en Gaza. Lo que veía retratado en los medios no calzaba: por un lado yo sabía que las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel) hacían cuidadosos esfuerzos para prevenir las víctimas civiles, a pesar de la estrategia de Hamás de luchar desde entre su propia población civil. Sin embargo los medios hacían parecer como si las FDI estuvieran apuntando activamente a los civiles.

En ese entonces, los esfuerzos de Israel para proteger a los civiles eran para mí sólo un tema de conversación – no estaba involucrada personalmente en el conflicto. Sin embargo no tenía idea de cuán cierto era hasta que yo misma participé en la “Operación Pilar de Defensa” como una oficial en las FDI.

En el 2010 cuando me mudé de Arizona a Israel y me uní al ejército, ingresé a una unidad llamada “Coordinación de Actividades Gubernamentales en los Territorios”, la cual está dedicada a problemáticas civiles y humanitarias.

Como Oficial Internacional de Enlace en la oficina de Gaza, mi trabajo implica principalmente coordinar la transferencia de productos, ayuda y delegaciones a Gaza. Yo trabajo de cerca con representantes de la comunidad internacional, y aunque nuestras perspectivas puedan diferir, mantenemos relaciones de respeto mutuo que nacen de una meta común; yo estoy aquí para ayudarlos a ellos a ser exitosos en su trabajo mejorando la calidad de vida en Gaza.

Si bien el trabajo diario es desafiante en Gaza, durante la operación militar aprendí que la verdadera prueba viene con la crisis. Precisamente en el momento en que la mayoría de los ejércitos utilizarían la excitación de la guerra para olvidarse de las reglas, nosotros trabajamos más duro que nunca para proveer asistencia siempre que sea posible.

Sensación de Propósito

Los ocho días de la “Operación Pilar de Defensa” fueron unos de los más difíciles que he tenido física y emocionalmente. La estudiante universitaria de Arizona nunca hubiera pensado que era posible trabajar 20 horas al día, impulsada únicamente por la adrenalina y anhelando tan sólo una hora de sueño en el suelo de un refugio, vistiendo el mismo sucio uniforme – porque cambiarse, mucho menos ducharse, sería peligroso ya que no alcanzaría a llegar a un refugio a tiempo cuando la siguiente descarga de misil pegara. Y no, vestir el uniforme verde no significa que no tienes miedo cuando suenan las sirenas.

Si me hubieran dicho hace cuatro años que había oficiales de las FDI que se quedaban despiertos toda la noche bajo la “lluvia de misiles”, haciendo “lluvia de ideas” sobre formas para importar suministros médicos y alimentos a las personas de Gaza, no estoy segura de que les hubiera creído. Pero puedo decirles que es verdad porque lo hice cada noche.

Lo que más me impresionó fue la singular sensación de propósito que movió a todos, desde el comandante de la base hasta el soldado de menor rango. Todos estábamos completamente enfocados en nuestra misión: ayudar a nuestras fuerzas a conseguir sus metas sin causar daño innecesario a civiles o a infraestructura.

Es difícil de explicar la montaña rusa emocional – cuán orgullosa y aliviada me sentí cada vez que un camión que yo coordiné entró a Gaza, y cuán enojada estaba cuando tuvimos que cerrar el cruce a Gaza después de que Hamás le apuntó repetidamente. O cuán estimulante había sido ayudar a evacuar a dos palestinos heridos del área de la frontera, hasta que escuché minutos después que un terrorista había detonado una bomba en un bus cerca de mi departamento en Tel Aviv.

Detrás de los Titulares

Después de todo lo que veo y hago, nada me frustra más que el juego de números que se desarrolla en los medios. El mundo habla sobre números de víctimas "desproporcionados" como una medida de lo que está bien y lo que está mal – como si no suficientes israelíes hubieran sido asesinados por Hamás para que las FDI tengan el derecho de proteger a sus propios civiles de interminables ataques de misiles.

Hamás se esconde detrás de escudos humanos, para ganar una cínica guerra mediática.

En mi posición, yo veo los quirúrgicos ataques aéreos, y paso muchas horas con la ONU, el CICR y oficiales de ONG revisando mapas para ayudar a identificar, y evitar atacar sitios civiles. Uno de nuestros pilotos que vio un cohete apuntado hacia Israel abortó su misión cuando vio niños cerca – poniendo a sus propios civiles en riesgo para salvar a personas de Gaza. Finalmente lo que estos "números desproporcionados" muestran es cómo en Israel nosotros protegemos a nuestros niños con refugios elaborados y sistemas de defensa anti-misiles, mientras que los grupos terroristas en Gaza se esconden tras los suyos, utilizándolos como escudos humanos para ganar una cínica guerra mediática.

¿Qué hay realmente detrás de los titulares y esa fotografía en primera plana? Cada día, yo coordino productos con una mujer joven de Gaza que trabaja para una organización de ayuda internacional. El mes pasado forjamos un lazo cuando tuvimos que correr juntas a ponernos en cubierto cuando Hamás atacó a "Kerem Shalom Crossing" – atacando a la ayuda que se le brinda a su propia gente.

Durante los ocho días de la "Operación Pilar de Defensa", ni uno solo de ellos pasó sin una llamada telefónica solamente para controlar. "¿Estás bien?" le preguntaba yo.

"Escuché que dispararon a tu base. Por favor mantente segura", respondía ella. Y cada noche le hice prometerme que me llamaría si necesitaba algo.

Estas son las cosas que los medios no le muestran al mundo, así como también minimizan el hecho de que Hamás deliberadamente pone en peligro a civiles a ambos lados de la frontera – disparando indiscriminadamente a Israel desde los barrios de Gaza.

Quizás historias como esta son mucho menos fascinantes para los titulares, pero si recibieran más atención, tendríamos más claridad moral, y una mayor probabilidad de paz en el Medio Oriente.

Este artículo apareció originalmente en americanthinker.com