Cuando comenzó la guerra en 1973, Amos* y otros dieciocho soldados de la Fuerza de Defensa Israelí estaban pasando Iom Kipur a unos pocos metros de la frontera con Siria. Ellos lucharon durante 100 horas continuas contra un enemigo más fuerte e implacable, y sobrevivieron.

Estos son los héroes del puesto de avanzada 107. Esta es su historia.

En 1973, el puesto de avanzada 107, en código llamado “Portugal”, era el puesto del ejército israelí más cerca de la frontera con Siria. Estaba al lado de Quneitra en las Alturas del Golán. Amos y sus compañeros formaban parte del Batallón 13 de la Brigada Golani. Amos era un mortero y respondía a las órdenes de Abraham Elimelej, el comandante del pelotón.

El puesto de avanzada consistía en una serie de bunkers con puntos de observación y armas posicionadas. La principal tarea del pelotón era observar las actividades sirias del lado sirio del Golán. Cerca había una pequeña compañía de tanques para ayudarlos a repeler cualquier ataque sirio por tierra.

La guerra comenzó ese día con un aluvión de artillería sobre el puesto de avanzada de las fuerzas de defensa israelíes. La mayoría de las posiciones del puesto fueron destruidas, incluyendo una gran cantidad de agua potable. Cuatro tanques dirigidos por Shmuel Yajin del Batallón 74 de la Brigada 188, abrieron fuego y destruyeron ocho tanques sirios que trataban de cruzar la frontera para atacar. Camiones cargados con soldados sirios se acercaban hacia el puesto de avanzada. El pelotón de Golani los destruyó a todos con sus ametralladoras y morteros pesados.

Esa noche, los hombres vieron un convoy de vehículos militares sirios que llevaban equipamiento antiaéreo y antitanque. Su comandante, Elimelej, envió una advertencia por radio al tanque israelí, mientras que Nisim Avidan manejaba la ametralladora y Amos disparaba una ronda de iluminación con su mortero para iluminar el escenario. Nisim abrió fuego y el primer camión del convoy explotó. Los tanques israelíes se unieron a la refriega y el convoy sirio fue destruido. Más tarde esa misma noche, dos tanques israelíes fueron a recuperar a dos soldados israelíes y a un prisionero de guerra sirio y los llevaron a los tres al puesto de avanzada. Les habían disparado y la escalera de uno de los tanques estaba incendiada. Los hombres del puesto de avanzada montaron guardia sobre los tanques toda la noche, protegiéndolos de los comandos sirios armados con misiles Sagger antitanques.

Elimelej Abraham

A la mañana siguiente, el 7 de octubre, el pelotón logró repeler otro ataque sirio de infantería. Pero los tanques ahora se estaban quedando sin municiones. El puesto de avanzada estaba aislado y rodeado, no había forma de hacerles llegar más municiones ni provisiones. Algunos de los tanques del ejército israelí recuperaron los proyectiles no utilizados de los tanques israelíes dañados.

Sobre el puesto de avanzada llovieron más bombardeos de artillería. Los soldados sirios llegaron hasta los portones del puesto, donde los hombres de Golani lograron neutralizarlos. El pelotón de Golani destruyó más cazadores de tanques sirios.

El 8 de octubre en la madrugada el puesto fue atacado por seis tanques sirios. Cinco de los tanques fueron destruidos y el sexto tanque logró acercarse tanto a la parte oriental del puesto que los tanques israelíes no podían dispararle porque no era seguro.

Iosi Tzadok

Un par de años antes, Iosi Tzadok, un cabo de Golani que había llegado en Iom Kipur justo antes del comienzo de la guerra, había recibido cierto entrenamiento para usar una bazuca, pero no se destacaba especialmente por su buena puntería. En ese momento no había tiempo para pensar ni para planificar. Iosi tuvo que actuar rápido. De inmediato saltó con su bazuca y le disparó al tanque. Fue un golpe directo, el tanque quedó destruido.

A las 11 de la mañana, 15 tanques sirios T-62 se dirigieron hacia el puesto de avanzada. Formaban parte de una brigada comandada por Rifat Assad, el hermano del dictador sirio, Hafetz al Assad. Shmuel Yajin y su pelotón de tanques entraron al combate, y destruyeron 13 tanques. Dos lograron ocultarse y trataron de escaparse cuando oscureció. Uno fue destruido por las fuerzas del ejército israelí y el otro logró escaparse.

Los hombres se estaban quedando sin municiones, pero no había forma de reponerlas bajo esa embestida.

Los hombres se estaban quedando sin municiones, pero no había forma reponerlas bajo esa embestida. Esa noche se acercó al puesto de avanzada un transporte blindado con personal sirio. Cuando entró al perímetro del puesto activó una mina que mató a todos sus ocupantes, excepto un soldado sirio que fue tomado prisionero.

Portugal: Puesto de avanzada 107

Entonces llegaron las malas noticias: necesitaban al pelotón de tanques de Shmuel para reforzar a las fuerzas israelíes en una batalla feroz que tenía lugar en otro lugar del Golán. El resto de los soldados de Golani se quedaron sin la protección de los tanques. Sus municiones y sus porciones de comida eran peligrosamente bajas y no había ninguna ayuda a la vista.

Al día siguiente, a través de sus binoculares, Amos y sus compañeros vieron aparecer un tanque sirio en la colina frente a su puesto.

Muy pronto otro tanque sirio apareció detrás del primero. Y luego otro más.

Tres horas más tarde había sobre la colina 110 tanques, casi una división armada completa, amenazando su puesto.

El pelotón de Golani no tenía ninguna oportunidad. Los tanques rugieron y el suelo literalmente se estremeció.

—¡Zé avud! – ¡estamos perdidos! —gritaron algunos hombres desesperados.

—¡No se rindan! —Les dijo Amos—. ¡Permanezcan bajo tierra! Quién sabe lo que los crueles sirios nos tienen preparado si nos atrapan vivos.

Elimelej envió un mensaje por radio al Comando del Norte.

—¡Necesito apoyo aéreo!

—Negativo. No hay aviones disponibles —fue la respuesta.

—¡Entonces necesito apoyo de fuerzas blindadas! —La desesperación en su voz era obvia para toda la red.

—Negativo, Todos los tanques están luchando al sudoeste de sus posiciones.

—¡Entonces envíen apoyo de artillería! —gritó.

—No hay nada disponible.

”¡Me aseguro que alguien nos recuerde cuando los sirios nos maten a todos!”

Un soldado tomó la carcasa de un proyectil y grabó los nombres de los 19 soldados en la pared del búnker.

—¿Qué haces? —le preguntó Amos.

—¡Me aseguro que alguien nos recuerde cuando los sirios nos maten a todos! —le respondió el soldado.

Amos, en el medio, en el puesto de avanzada 107

Los hombres vieron que detrás del masivo convoy de tanques había jeeps que llevaban oficiales sirios. Ellos se detuvieron y abrieron las mesas para estudiar los mapas del terreno y planificar los futuros ataques contra Israel. Elimelej le ordenó a Amos disparar sus dos últimas rondas de mortero a los oficiales. Ellos se dispersaron y comprendieron que el puesto israelí todavía no había sido destruido.

Los tanques comenzaron a avanzar para aniquilarlos. En ese momento Nisim, el artillero pesado, hizo una locura.

Él disparó su ametralladora calibre .50 al tanque líder. Las balas rebotaron sobre el tanque sin hacerle nada. No había forma de que pudieran penetrar el acorazado. Nadie entendió lo que Nisim estaba pensando.

El tanque principal giró, apuntó hacia Nisim y disparó, pegando directamente en el emplazamiento de su arma. El arma explotó en un remolino de llamas y humo. Nadie hubiera podido sobrevivir a semejante explosión. Los otros soldados sólo podían imaginar lo que había quedado de su amigo.

Amos corrió hacia él gritando: “¡Nisim! ¡Nisim!”

Ante la sorpresa de Amos, Nisim le respondió: “¡Estoy bien! ¡Estoy bien!”. Parecía estar un poco aturdido, pero había sobrevivido a la embestida sin sufrir ni un rasguño.

La mayoría de los tanques sirios comenzaron a avanzar hacia el occidente para enfrentarse a los tanques israelíes, pero algunos giraron hacia el sur para atacar el puesto de avanzada. Los hombres de Golani ahora enfrentaban la destrucción bajo el masivo fuego enemigo. Casi no les quedaban municiones. Todo parecía estar perdido.

Iosi todavía tenía su bazuca, con sólo unas pocas rondas que no podían causar demasiado daño.

Una bazuca es un arma poderosa que dispara cohetes individuales capaces de desarmar un tanque, pero tiene una grave limitación. El arma se dispara mientras se sostiene sobre el hombro del operador y cuando el proyectil sale del cañón provoca una gran explosión. Por eso se debe disparar en una zona abierta, de lo contrario la explosión envolvería e incineraría al operador.

Iosi y Amos estaban debajo de la superficie de la tierra, en un laberinto de bunkers. No había manera de disparar la bazuca sin exponer a Iosi frente a las numerosas fuerzas que amenazaban en ese momento el puesto de avanzada. ¿Cómo podían disparar, apuntar bien, y defender su posición?

Era temerario y contrario a las órdenes. Pero lo hicieron de todas formas.

Iosi y Amos tuvieron una idea. Amos pondría un casco sobre un rifle y lentamente levantaría el rifle sobre la superficie de la tierra. Si eso atraía el fuego de los tanques, lo bajaría rápidamente y sabrían que ese lugar era demasiado peligroso para disparar. Entonces irían a otro punto y volvería a intentarlo. Si Amos no recibía disparos, saltaría con sus binoculares, determinaría el rango y la posición del tanque al que querían disparar y se lo diría rápidamente a Iosi. Entonces saltaría Iosi, exponiéndose por completo al enemigo, y efectuaría su mejor disparo.

Era temerario.

Suicida.

Contrario a todas las órdenes.

Pero lo hicieron de todas formas.

Amos sostuvo el casco y de inmediato le dispararon. Él y Iosi se alejaron unos 6 metros y Amos volvió a intentarlo. Nadie disparó, así que rápidamente tomó sus binoculares y trató de identificar un objetivo. Amos vio un tanque y le dio a Iosi el rango y la posición. Iosi saltó y disparó. Amos oyó el zumbido a su lado y sintió el tremendo calor del estallido sobre su cabeza. Iosi saltó hacia atrás.

IMAPCTO. ¡Un blanco perfecto! El misil penetró al tanque y algunos enemigos murieron o fueron heridos. Un tanque menos.

—¡Amos! ¡Vamos a movernos y volvamos a intentarlo! —gritó Iosi.

Amos lo siguió. Y volvieron a hacerlo. Una y otra vez.

Con la valentía de Amos para encontrar el rango y la posición, Iosi destruyó cuatro tanques en un día. Los otros tanques bombardearon mortalmente sus posiciones, furiosos porque un pobre puesto de avanzada israelí estaba atacando sus tanques de batalla de fabricación rusa.

Al día siguiente continuaron los ataques. En medio del ruido del bombardeo, Iosi gritó:

—Amos, ¡vamos a bajar más tanques!

—¡No tenemos nada que pueda perforar un acorazado! ¡No contamos con ningún arma contra un tanque!

—¿Qué es lo que nos queda?

—Fósforo blanco.

El gesto de Iosi lo dijo todo. Ambos sabían que el fósforo blanco era impotente contra los tanques sirios. Por lo general lo utilizaban para iluminar un área antes de un bombardeo, para crear un humo espeso o para quemar combustible o municiones, pero no infligiría ningún daño. ¿Para qué molestarse en usarlo?

—Amos, intentemos dispararlo lo mismo. ¡Quizás logremos asustarlos!

—Muy bien —Dijo Amos, y cargó el proyectil de fosforo blanco dentro del tubo del arma. Iosi estaba listo.

—¡Encuéntrame un objetivo!

Amos levantó el casco sobre un rifle. Nadie le disparo. Rápidamente enfocó sus binoculares y le gritó a Iosi por encima del ruido de los disparos constantes un rango y una posición.

Si el mínimo temor, Iosi saltó y disparó la bazuca. Otro blanco perfecto, pero ambos sabían que era un chiste. Una nube blanca envolvió al tanque. No penetró al acorazado. No había ningún peligro para los tripulantes sirios del tanque.

Amos y Iosi observaron sorprendidos cómo la tripulación enemiga abandonaba el tanque que no había sufrido ningún daño.

Pero ocurrió algo sorprendente. Amos y Iosi observaron sorprendidos cómo la tripulación enemiga abandonaba el tanque que no había sufrido ningún daño. Evidentemente se habían aterrorizado por el estallido y el humo, y porque sabían que los israelíes habían destruido cuatro tanques un día antes. Los sirios salieron del tanque y huyeron a pie hacia Siria. Otro tanque menos.

Los otros tanques comenzaron a abandonar el área, dejando en paz al puesto de avanzada. Se vieron enfrentados a lo que quedaba de las Divisiones 188 y 7 del ejército israelí en algunos combates muy difíciles.

Iosi fue el único soldado que resultó herido en el puesto de avanzada 107. Poco después sufrió graves heridas de esquirlas en el pecho y fue evacuado a un hospital. Todos los otros 18 hombres estaban ilesos a pesar de haberse encontrado durante 100 horas bajo un ataque constante.

A Iosi le llevó varios meses recuperarse de sus heridas. Por su heroísmo en la batalla, Iosi fue condecorado con el Itur Hamofet, el tercer reconocimiento israelí al valor. Durante los últimos 45 años él y Amos se mantuvieron unidos como hermanos.

Después de la guerra, Amos sintió que no podía negar los milagros que había visto. Que Nisim se salvara. El ataque unilateral de Iosi, con su ayuda. Destruir a enemigos mucho más poderosos a pesar de tener armas mínimas y pocas municiones.

Esto lo llevó a replantearse su vida y sus prioridades. Eventualmente, Amos decidió profundizar su compromiso con el judaísmo y fue a estudiar a una ieshivá.

Incluso en la actualidad, los ojos de Amos se llenan de lágrimas al recordar cómo vio la mano de Dios, como uno de los héroes del puesto de avanzada 107.


*Este artículo está basado en una entrevista con Amos, quien debido a su humildad sólo aceptó hablar con la condición de que no se incluyera su apellido ni su foto actual.