Imagina dar a luz mientras vuelan misiles sobre tu cabeza. Yo no necesito imaginarlo. Lo viví.

Nací en Roma y viví en Bologna, Italia, hasta hace unos pocos años cuando con mi esposa Lauren decidimos establecer nuestro hogar en la ciudad de Ashkelon, en Israel.

Lauren y yo estuvimos casados casi cinco años sin lograr concebir. Comenzamos tratamientos de fertilidad en Italia y después de mudarnos a Israel eventualmente fuimos bendecidos con una ronda exitosa de fertilización in vitro. Dado que la pequeña niña que estaba en camino era la respuesta de Dios a nuestras más sinceras plegarias, mi esposa sugirió que la llamáramos Eliana (que significa “mi Dios respondió”), y yo estuve de acuerdo. Pero Eliana todavía tenía que nacer y llegar a este mundo y de repente su camino pareció ser muy peligroso.

Hace algunas semanas en la mañana de Shabat, la lectura de la Torá se vio interrumpida por la sirena de alarma antimisiles. Los terroristas de Hamás habían decidido comenzar a arrojar misiles indiscriminadamente a los ciudadanos israelíes. Luego sonaron más alarmas, así que decidí regresar caminando a casa para ver cómo estaba mi esposa embarazada de 37 semanas. En el camino sonó otra alarma. No había ningún refugio antibombas a la vista, así que hice lo único que pude: apuré mi paso y comencé a rezar. Vi estallar tres misiles en el cielo, interceptados por el sistema de defensa israelí 'cúpula de hierro'.

Al llegar a casa, mi esposa físicamente estaba bien, pero como era de esperar, se sentía bastante ansiosa. Pasaron unas cuantas horas sin sirenas, por lo que decidí regresar a la sinagoga para la plegaria de Minjá, y mi esposa salió a caminar con algunas amigas por la playa. Justo en ese momento dos misiles cayeron en el mar cerca de la playa donde estaba Lauren. Lauren y sus amigas se refugiaron cerca de una muralla baja de concreto en la rambla, mientras un grupo de árabes las señalaban y se reían. Su comportamiento la enfureció. ¿Cómo es posble que haya personas tan crueles?

Después de Shabat la situación escaló, con cinco o seis alarmas a la vez. Esa noche dormimos en el refugio antibombas. Alrededor de las cinco de la madrugada, mi esposa me informó que teníamos que ir al hospital. Tenía contracciones.

Cuando llegamos al hospital Brazilai, hacía un rato que las sirenas sonaban constantemente en la ciudad. Sabíamos que en Ashkelon habían derribado dos casas y había tres personas muertas.

El trabajo de parto de Lauren avanzaba rápidamente y apenas llegamos ya estaba lista para ingresar la sala de parto. El equipo médico nos informó que las cuatro salas de parto a prueba de misiles estaban ocupadas. Sin otra opción, aceptamos ir a una sala no protegida.

Gracias a Dios, el parto salió bien. ¡Teníamos una bella beba! Eliana, porque Dios realmente había respondido a nuestras plegarias.

Mientras el médico asistía a mi esposa que precisaba alguna atención post parto, comenzó a sonar otra alarma. En contra de mi voluntad, me ordenaron alejarme del lado de mi esposa y llevar a nuestra bebita al refugio. Con mi esposa nos miramos, mientras la joven enfermera le repitió dos veces: “aní itaj, yo estoy contigo”, y le acariciaba el brazo.

Piensa lo que fue tomar esa decisión: huir a un refugio antibombas con tu hermosa bebé recién nacida mientras tu esposa permanece en un lugar riesgoso, sometida a un procedimiento médico. Corrí con el corazón repleto de emociones en conflicto, mientras el equipo médico continuó con su heroico trabajo bajo presión extrema.

En el refugio, mientras hablaba con mi rabino en Italia que llamó para felicitarme, escuchamos dos explosiones muy fuertes. Las esquirlas llegaron hasta el departamento de oncología del hospital.

Después de lo que pareció ser una eternidad, llevaron a mi esposa a una zona a prueba de misiles, y finalmente pudimos estar juntos. Una familia asustada, pero feliz.

Una enfermera me pidió que la siguiera con mi bebé para una revisión de rutina. Pasaron a todos los bebés a un refugio anti bombas. Allí fue donde tuvo que quedarse Eliana junto a otra decena de recién nacidos. Durante el primer día de su vida, mi pequeña hija vivió en un refugio antimisiles.

Eliana, nuestra pequeña heroína

Me siento muy orgulloso de mi esposa, quien con gran coraje enfrentó los dolores de parto en una situación tan difícil. Y estoy orgulloso de mi hija quien sin desearlo nació como una heroína, llegando a la vida mientras nuestros enemigos trataban de matarnos.

Dios no sólo respondió nuestras plegarias, sino que Él dio una respuesta muy significativa a los terroristas. ¿Ustedes quieren matarnos y borrarnos del mapa? Esta es nuestra respuesta: un nuevo bebé judío, una prueba viva de que el pueblo judío vivirá eternamente en esta tierra.