El mes pasado, a los 29 años, Natan Levy entró al lucrativo mundo de Ultimate Fighting Championship (UFC), el mayor escenario para las artes marciales mixtas, donde los contendientes luchan hasta que uno de ellos sucumbe al knockout o se rinde.

Aunque Levy nació en Francia, antes y después de sus luchas sostiene una bandera israelí y se asegura que las cámaras capten la gran estrella de David que tiene en sus pantalones.

"Muchos israelíes se sienten orgullosos de ser de Israel. Pero yo no nací allí y no doy por sentado que Israel sea mi hogar", le dijo a AishLatino.com en una entrevista especial.

"Quiero ser lo mejor que puedo llegar a ser. Representar a Israel me da fuerzas".

De Francia a Israel

Natan Levy nació en París y es el menor de tres hermanos. Su relación con las artes marciales se remonta a su infancia, cuando comenzó a asistir a un club de Taekwondo en París cuando tenía sólo cuatro años. "No recuerdo de quién fue la idea", dice sonriendo. "Mi padre también tiene relación con las artes marciales, pero apuesto que fue mi propia idea".

Ese mismo año sus padres se divorciaron y la madre les dio a sus hijos la opción de elegir dónde querían vivir: quedarse en Francia o irse a Israel. "Todos elegimos Israel. Incluso a esa edad amábamos Israel. Crecimos con una fuerte educación judía y sionista".

Al llegar a Israel, vivió en la ciudad de Hertzlía. En la escuela se burlaban de su fuerte acento francés. "Yo me enfrentaba con todos y peleaba constantemente".

Con el tiempo se hizo buenos amigos y llegó a amar su nuevo hogar.

"La mayoría de los israelíes no conocen el antisemitismo como lo conocen los franceses. Cuando visitaba a mis primos en Francia, ellos me contaban cómo otros niños los empujaban y los acosaban. Yo les decía: "¿Adónde están esos niños? ¡Vamos a darles una lección!". Esa es una de las razones por las que amo tanto a Israel, es nuestro hogar. No es perfecto. También aquí puede haber 'bullies', pero nadie te intimida por ser judío".

Artes Marciales

"Con la edad, me enfrié un poco. Las artes marciales me ayudaron a controlar mi agresión y enfocarme en algo más productivo".

Sólo a los 14 años Levy comenzó a entrenar seriamente, aprendió kung fu y karate. "Entrenaba tres horas al día. Mi trabajo escolar sufrió, pero cada pasión tiene un costo". Tres años más tarde ya había ganado un cinturón negro en kung fu.

A los 16 años viajó algunas semanas a Japón para entrenarse en karate y comenzó a enseñar y entrenar niños pequeños en Israel, muchos de ellos de familias con dificultades sociales o económicas.

"Ganaba un poco de dinero y realmente disfrutaba dando a otros niños confianza en sí mismos y ayudándolos a mejorar su autoestima".

A los 18 años, Levy entró al mundo de las artes marciales mixtas, incorporando técnicas de boxeo, lucha, judo, jujitsu, karate, boxeo Thai y otras disciplinas.

Levy planeó regresar a Japón. Su talento e impulso llamó la atención de su entrenador, quien aceptó acompañarlo. Levy pagó los pasajes con el dinero de su bar mitzvá. "Creo que mis padres habrían preferido que lo usara para estudiar una carrera, ¡incluso para un playstation 2!"

Levy y su entrenador se albergaron en casas de entrenadores de artes marciales de Japón y buscaron a un maestro de jiu jitsu que había aparecido en la National Geographic. "Fuimos a su dojo, donde él se entrenaba, y le pedimos que aceptara a unos turistas. Él nos rechazó, pero regresamos una semana más tarde y le suplicamos que nos aceptara".

La persistencia triunfó. Levu pasó tres meses aprendiendo jiu jitsu y se ganó un cinturón negro en karate. "Japón es una cultura diferente. Los estudiantes son maestros; todos tienen cinturones negros. Cuando te acercas a un maestro, él te dice que aprendas de su alumno".

Hace tres años, con un cinturón negro de tercer grado en karate, Levy decidió irse a Las Vegas para entrenar y competir en el nivel más alto.

Entrena nueve horas diarias y está totalmente dedicado a perfeccionar sus habilidades y su fuerza. Vive en los suburbios de Las Vegas y en abril del 2019 se casó con la israelí Dana. En este momento se encuentra en el puesto 30 de su división de peso pluma, donde hay alrededor de 400 luchadores. Levy es el único israelí que participa en la UDC.

Con su esposa Dana. La pareja se casó en abril del 2019

Judíos en Las Vegas

Levy y su esposa se esfuerzan para mantenerse conectados y formaron una comunidad con otros israelíes de Las Vegas. "Uno es un boxeador, otro un luchador y otros participan en Artes Marciales Mixtas y los conocí en los entrenamientos".

"Estamos conectados por las tradiciones judías. Pasamos tiempo juntos y nos vemos los viernes a la noche y en las comidas de las festividades, donde uno de nosotros hace Kidush".

Orgulloso de ser judío. Levy encendió las velas de Jánuca con amigos israelíes en Las Vegas.

Para Levy no es fácil estar tan lejos de casa. "Extraño Israel, mi familia, mi madre, mi padre, mis sobrinos, a todos mis buenos amigos… ¡Y extraño el hummus!"

"Me encantaría volver a Isral este año para Pésaj. Para nosotros es muy importante. Toda la familia se reúne". El Pésaj pasado tuvo que quedarse en Las Vegas por el Covid. "Pasamos la noche del Séder con amigos. No es a lo que estoy acostumbrado. Para nosotros Pésaj es tiempo en familia. ¡Nadie falta!"

A pesar de vivir en Las Vegas, Levy no se ve tentado por los casinos o la vida nocturna. "Para mí es muy sencillo. No es algo que deseo hacer, nunca tuvo que ver conmigo. A veces no tengo ganas de entrenar, pero de todos modos me levanto y voy al gimnasio. Si necesito descansar o relajarme, hago senderismo o voy al lago. Lo que comienza dulce se vuelve amargo y lo que comienza amargo se vuelve dulce. Ir al casino, jugar video juegos y comer helado comienza dulce y termina amargo. Ir al gimnasio, esforzarse, comienza amargo pero termina dulce. En definitiva, uno tiene que mantener un equilibrio saludable".

Orgullo judío

El éxito de Levy, su espíritu y su orgullo por su país, lo convirtieron en una dirección para muchos judíos que luchan contra el antisemitismo en el mundo.

"Recibo muchos mensajes. Cuando alguien me dice que es judío y que yo le di más confianza en sí mismo, eso es muy significativo.

"Representar al pueblo judío es una gran fuerza impulsora. Ser israelí y ser judío me da mucho poder, no soy sólo otro luchador norteamericano. Soy el único israelí que lucha en el mayor escenario, y me conecto con todo lo que mi pueblo ha vivido".

"Nunca di por sentado el hecho de vivir en Israel"

"Es un deporte que hace trabajar la humildad. Algunos llegan pensando que pueden destruir a sus oponentes y eso no ocurre. A veces eres el martillo y a veces eres el clavo. Cada vez que vences a alguien quiebras sus sueños, y eso no es algo sencillo. Hace falta respeto. Yo me entreno muy duro, respeto a cada oponente y pienso que puede llegar a vencerme. No trato de desarrollar una ilusión de invencibilidad; eso es lo que me mantiene fuerte".

Levy se encuentra en el puesto 30 de su división de peso pluma, en una liga de 400 luchadores.

"También se trata de autocontrol. El karate en parte consiste en matar al ego o por lo menos subyugarlo y mantenerlo con las riendas cortas. A veces veo luchadores que se enojan, se frustran y arrojan sus guantes al suelo, gritan y maldicen. Yo les digo: "Si no puedes controlarte a ti mismo en el gimnasio, ¿cómo vas a controlar a otra persona en una lucha?".

Para Levy, la vida se trata de buscar la perfección y esto es cierto en el gimnasio, sobre la colchoneta de lucha y también en el hogar.

"Cometo errores y a veces hago cosas equivocadas, pero mi esposa y yo somos los mejores amigos y entendemos que siempre estamos trabajando para mejorarnos a nosotros mismos. Lo mismo ocurre con todo en la vida, siempre cometemos errores, pero no puedes castigarte demasiado.

"A pesar de lo mundo que siempre deseo ganar, en la vida es importante no tener un enfoque de todo o nada. Me digo a mí mismo: 'Si pierdo esta vez, regresaré'".

Levy agrega con calidez: "Incluso si pierdo, va a haber otra oportunidad y de todos modos regresaré a casa con mi esposa".

Crédito de la foto: Rudy Plaza.