Cada día pasa. Despertamos en la mañana y esperamos las noticias rezando para no escuchar “esas noticas que no queremos escuchar”.

Los sonidos de las ambulancias ya se volvieron rutinarios, si uno o dos días seguidos no hay ningún acuchillamiento nos sentimos “tranquilos”. Casi ya nos acostumbramos a vivir entre cuchillos y balas.

Seguimos la vida, seguimos la rutina, seguimos caminando y avanzando. Comenzamos el día como si no pasara nada, tratando de vivir “sin pensar” en que realmente puede pasar algo.

Las personas fuera de Israel nos preguntan cómo podemos vivir así, y cuando les mostramos lo que pasa en el mundo tal vez ya no se sienten tanto más seguros que nosotros. Pero la simple respuesta a esa pregunta es “no sé”. No sé de dónde sacamos fuerzas, no sé de dónde sacamos alegría, no sé cómo continuamos. Creo que la fe en Dios es lo único que nos hace continuar.

La comunidad latina, y en especial la familia de Aish HaTorá, fue acuchillada. Fuimos atacados por dos terroristas sin piedad, que saltaron sobre nosotros y nos enterraron una y otra vez el malvado cuchillo.

Una mañana cualquiera, como todos los días, después de haber irradiado el Beit Midrash con sus palabras de Torá, Rav Reuven salía de la ciudad vieja, por la puerta de Yafo, esa puerta que tantas veces hemos usado, por el mismo camino que tantas veces hemos recorrido. Como siempre, venía feliz, radiante, después de haber dejado su enseñanza en el corazón de esos jóvenes que tanto disfrutaban escuchándolo y que tanto darían por volver a oír sus palabras.

De repente un monstruo terrorista salta sobre él y comienza a herirlo, una y otra y otra vez… ese mismo monstruo que hirió a Rav Reuven físicamente, que le robó un esposo a una mujer, que le robó un padre a siete niños, que le robó un rabino a cientos de alumnos, que le robó un miembro a la familia de Aish HaTorá, nos hirió también a todos nosotros, lejanos, que seguimos conectados a la familia de Aish HaTorá de una u otra forma, ese monstruo terrorista le robó también una persona justa al pueblo judío.

No entendemos y tampoco tenemos que tratar de entender por qué Dios hace lo que hace, y de la forma que lo hace, sólo tenemos que volver a Él, seguir andando en Sus caminos y, mostrarle cuánto nos queremos y respetamos los unos a los otros, y así, tal vez, pronto llegará el día, en que no escucharemos esas noticias que no queremos escuchar, esas que rezamos día a día para que terminen…